16 de enero de 2010 08:42 AM
Imprimir

Una batería de anuncios con resultados inciertos

Con la batería de anuncios sobre el trigo, el Gobierno se metió en un laberinto para tratar de que se vea como normal lo que no lo es. Que se presente como un éxito el acuerdo entre molineros, exportadores y algunas entidades de productores para comercializar 1,75 millones de trigo, como lo hizo la presidenta de la Nación, Cristina Kirchner, es una muestra más del carácter extremadamente conservador de la actual administración

Desde hace tres campañas el Gobierno ha decidido eliminar la tradicional competencia que se abría entre molineros y exportadores por abastecerse de trigo. Eso fue reemplazado por un mercado regulado que terminará convirtiendo al cereal en un cultivo hecho bajo contrato y en el que sólo los compradores ponen las condiciones de compra. Sin precios de referencia que surjan de las condiciones de oferta y demanda, el trigo va a quedar confinado a aquellas regiones donde sólo se puede cultivar el cereal. El Ministro de Agricultura, Julián Domínguez, coqueteó primero con la idea de recrear la Junta de Granos. Luego hizo trascender que los exportadores compraran dos millones de toneladas y, finalmente, encontró la salida provincial. Es cierto que lo hizo con una gran cintura política. Logró que las que parecían las alas más combativas del ruralismo -la Federación Agraria de Entre Ríos y la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (Carbap)- quedaran como los más conciliadores con el Gobierno. El acuerdo por el que Entre Ríos tendrá un cupo de 250.000 toneladas para exportar y la provincia de Buenos Aires 1,75 millón de toneladas (1,5 millón de toneladas para la molinería y 250.000 para la exportación) fue llevado a la Presidenta como un éxito de su gestión. En el medio de la crisis institucional del Banco Central, Cristina Kirchner supo aprovecharlo y sacó partido de ello. Ahora habrá que ver si los productores efectivamente reciben el precio pleno por el cereal -cercano al FAS Teórico- o si ocurre como en acuerdos anteriores que todo queda en la nada. Hay varios motivos para desconfiar de los anuncios oficiales: hasta el momento ni siquiera fue reglamentada la devolución de retenciones a pequeños productores de trigo y maíz que la Presidenta anunció en septiembre del año pasado. Tampoco hubo avances con los anuncios de hace un año respecto de los programas de Maíz y Trigo Plus, por los cuales las retenciones iban a reducirse a medida que la producción aumentara. Si finalmente se cumplen los pronósticos de que la cosecha de maíz superará los 15 millones de toneladas, debería implementarse el programa "Maíz Plus". Mientras el Gobierno se esmeraba por hacer anuncios para el campo, la Mesa de Enlace trataba de conseguir una solución global para el trigo. Se está advirtiendo un cierto desgaste entre las entidades. Lo que hace unos meses sucedía entre bambalinas, ahora va saliendo cada vez más a la luz. El ejemplo más contundente es lo que sucede entre Alfredo De Angeli y el presidente de Federación Agraria, Eduardo Buzzi. La Mesa de Enlace ha logrado bajarle el perfil al combativo De Angeli. No lo dejaron subir al palco del acto de Palermo en diciembre pasado ni tampoco avalaron sus pedidos de impulsar una protesta. Mientras tanto, De Angeli buscó una solución inmediata a los problemas de los productores entrerrianos al aceptar que la Federación Agraria de su provincia firmara un acuerdo para la exportación de 250.000 toneladas de trigo. Con Carbap y el presidente de Confederaciones Rurales Argentinas, Mario Llambías, ocurrió algo similar. La entidad que conduce Pedro Apaolaza nunca rompió los puentes de diálogo con el gobernador Daniel Scioli y entendió que también tenía que conseguir algo para sus representados. Por eso aceptó la conformación de la Mesa Triguera provincial. "Buzzi también hizo un acuerdo con el gobierno nacional cuando consiguió plata para los productores de Stroeder", dicen en Carbap cuando se les pregunta por qué la entidad aceptó acordar con el gobierno bonaerense. Lo que revelan estas diferencias de criterio es que el ruralismo en algún momento se tenía que plantear la necesidad de optar entre seguir una conducta gremial (conseguir mejoras para sus representados) o una política, constituyéndose en una suerte de ariete contra el kirchnerismo de las fuerzas de oposición. La segunda opción es la que ha explorado hasta el 28 de junio pasado, en la que contribuyó a la derrota electoral del Gobierno. Y la primera es la que está impulsando ahora ante la complejidad que ofrece el panorama político nacional. Con el tiempo se verá cual es la mejor opción.

Fuente:

Publicidad

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *