4 de febrero de 2012 10:22 AM
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Recursos para tener siempre a mano

Las reservas forrajeras son fundamentales para resistir sequías e inundaciones.

La sequía en los campos agrícolas y las inundaciones en los campos bajos son fenómenos cíclicos que ocurrieron siempre y están documentados mediante registros.

Con frecuencias equivalentes ocurren en nuestros días. Los fenómenos adversos se van a mantener y probablemente a aumentar porque el calentamiento global potencia la adversidad de esos fenómenos climáticos.

Ante ese panorama, un trabajo elaborado por el Proyecto Forrajes Conservados del INTA Pergamino señala que los cultivos agrícolas que producen granos forrajeros o planta entera para silaje y los campos bajos ganaderos estarán periódicamente afectados por esos fenómenos.

Entonces ¿por qué cada vez que hay sequía o inundaciones vuelven a darse los mismos problemas de muerte de animales, traslado de los mismos o producciones de carne y leche seriamente afectadas? “Porque, independientemente de la intervención del Estado, los sistemas productivos no tienen la suficiente planificación para enfrentar esas situaciones con la única tecnología agronómica, de relativo bajo costo y de fácil implementación en períodos normales, como es la conservación de forrajes, principalmente como heno y silaje”, explica el trabajo

Ventajas

De éstos, el silaje tiene dos ventajas suplementarias: la calidad y energía disponible es sensiblemente mayor y estable en el tiempo de conservación; y se puede conservar de un año para el otro con un costo financiero muy bajo.

A juzgar por lo mencionado no habría justificación para que un sistema productivo de carne o leche se vea afectado seriamente por la falta de reservas.

Es algo tan simple como transferir alimento (forraje) de una estación de gran producción a una de menor producción; o transferir desde el sistema agrícola o la parte agrícola del campo el forraje producido por un cultivo de rápido crecimiento y alta producción de materia seca (MS) como puede ser un maíz para silaje o una moha para heno.

Una vez producida la adversidad, los cultivos se verán seriamente afectados. Aquí, entonces es necesario aclarar que si se dispone de reservas de heno y silaje de la última estación antes de la adversidad o del año anterior, respectivamente, no será necesario confeccionar heno o silaje de cultivos seriamente afectados que sí podrán ser utilizados en pastoreo directo o como diferidos.

Por ejemplo, cuando un maíz para silaje por efecto de la sequía se seca rápidamente y no está granado, o la proporción de grano es muy baja, no es recomendable ensilarlo, ya que tendrá un costo significativamente mayor por kilogramo de materia seca digestible.

Además, las condiciones de confección del silo, la compactación y las pérdidas pueden complicar aún más el panorama.

Un cuadro similar se dará en cultivos o pasturas para henificar, exceptuando la alfalfa.

Resumiendo, en la producción de leche y carne, los fenómenos adversos que comprometen la producción de alimento (pasto, granos y cultivos para ensilar y henificar), que además son cíclicos, pueden ser atenuados con la planificación previa que contemple un excedente de silaje suficiente para soportar la adversidad y esperar el próximo cultivo para ensilar.

“El costo financiero de mantener ese excedente es muy bajo e insignificante comparado con los costos de cualquier alimento en períodos climáticos adversos”, señaló el informe del INTA.

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