4 de febrero de 2012 01:01 AM
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Con la ganadería en la mira

La hacienda se viene arrinconando en los suelos marginales. Allí, la grama rhodes da pelea, aun con seca.

En un proceso de ajuste de la superficie productiva en zonas mixtas o ganaderas, la ganadería va resignando área. Con el lógico desplazamiento, la hacienda queda posicionada en las zonas bajas de los campos, dominadas por pastizal natural. Este aumento en la presión de pastoreo de las especies naturales genera, además del déficit de forraje invernal, una adicional falta de forraje hacia el verano, que por estos días se agrava por la sequía.

Así, en la búsqueda de nuevas especies para subir la producción de forraje en esta estación en los ambientes marginales, tradicionalmente sembrados con gramíneas como el agropiro o la festuca, surge como interesante opción la grama rhodes. Esta especie, ya conocida en ambientes del norte argentino, llegó a la zona central templada para adaptarse a áreas bajas, con problemas de sales o sodio, de baja receptividad ganadera, con suelos nutricionalmente pobres y sin estructura, y que puede sufrir también de anegamientos temporarios.

Pablo Moreno es productor en la localidad de Noetinger (Córdoba) y tiene un campo ganadero de 430 hectáreas entre esta ciudad y Chilibroste, al centro-este de la provincia. Moreno hizo las primeras siembras con grama rhodes en el año 2008, “en las peores partes de campo, con limitaciones con sodio”, según comenta en diálogo con Clarín Rural . Luego repitió lo mismo durante el año 2009 y 2010.

Dentro de su esquema, esta especie produce mucha cobertura en ambientes de media loma, con débil estructura, con poca actividad biológica y con influencia de la napa freática que se encuentra, aproximadamente, a 1,20 metros de profundidad. En estos ambientes, dice Moreno, el pelo de chancho era la especie predominante. Pero aclara, respecto a las condiciones del sitio y los requerimientos de la megatérmica, que la grama tiene límites: “En sitios con, por ejemplo, mucha concentración de sodio en el perfil, la implantación se dificulta bastante”.

La producción de forraje, este año, en el centro-este de Córdoba, está muy comprometida. La sequía afectó notablemente a las praderas de varios años de implantadas, mientras que fue mucho más severo el daño aún sobre las pasturas de primer año. De todas formas, y hasta el momento, la megatérmica sigue aportando forraje. Justamente, el comportamiento de la grama ante la sequía es una característica importante para los ambientes en los que se está sembrando, ya que, a pesar de estar en una zona húmeda a subhúmeda como la de Moreno, por las características de los suelos en este tipo de ambientes, se pueden presentar condiciones de semiaridez. En la distribución de recursos forrajeros en el campo de Moreno hay 300 hectáreas de alfalfa, 50 con grama rhodes, 30 son de “bajo dulce” y el resto es campo natural. Según lo que explica el productor, la megatérmica modificó su manejo del rodeo a partir de las ventajas que ofrece a la cadena forrajera.

En este sentido, comentó que al tener diversidad de recursos puede elegir el mejor momento para consumir la grama. Pero, antes, aclara: “Si todo mi campo estuviera sembrado con grama, mi manejo sería muy distinto”. Con esto quiere decir que en la diversidad puede hacer un manejo estratégico de cada recurso, sin sobrepastorear ninguno por sobre otro.

Moreno detalló que esta pastura le ofrece tres pastoreos: el primero, entre noviembre-diciembre, otro en enero y, el último, entre febrero-marzo. De esta manera, puede mantener por más tiempo los terneros al pie de la madre. A partir de esta estrategia, logra otros efectos interesantes , ya que al retirar hacienda de los otros recursos, como la alfalfa, puede hacer reservas de esta leguminosa y tener pasto de calidad para el invierno.

Este año, dijo que con la sequía tendrá que modificar este cronograma de consumos, y estimó que habrá mayor tiempo entre pastoreos para permitir la recuperación de la gramínea. Respecto a la calidad, el productor cordobés explica que “esta especie produce mucho volumen, pero tiene baja proteína y por ello cubre bien los requerimientos de una vaca con cría”.

En este caso, el manejo de la grama comienza entre agosto y septiembre, cuando recibe un corte para permitir la llegada de la luz a parte más baja de la planta, para elevar la temperatura del suelo y, de esa forma, asegurar el rebrote y posterior buen macollaje en la primavera.

Dado el comportamiento errático de las lluvias, Moreno volvió sobre este tema y contó lo que viene sucediendo en la región. Dice que en los últimos dos años la producción de la forrajera, así como las implantaciones, se resintió a causa de los déficits hídricos. Por eso, comentó que la especie tiene dependencia de las precipitaciones sobre todo en el primer año de implantación. Y luego recomendó “cuidarla” ya que, de esa manera, se aseguran su perennidad, mayor macollaje y la colonización del suelo descubierto.

Al igual que en esta zona cordobesa, el oeste bonaerense arenoso es otro región con problemas de sales y también con inconvenientes de retención de humedad, un dato estratégico por estos días . De acuerdo con un relevamiento de los grupos CREA de esta región, delimitada por Ameghino-General Villegas y Lincoln, al norte; Carlos Casares, 9 de Julio y Bolívar, al este; Pirovano, 30 de Agosto y Daireaux, al sur, y el límite de la provincia de Buenos Aires, al oeste, hay unas 22.000 hectáreas de bajos salinos y 18.500 de bajos dulces con bajos tenores de materia orgánica.

Respecto a esta zona, Javier Oyarbide, de la Red de Innovación y Desarrollo de CREA Oeste, comentó que los productores utilizan a la grama como complemento estival al agropiro, con el objetivo de mejorar el pastizal natural. De esta manera, dijo que cierra mejor el balance forrajero.

A su vez, sostuvo que, según lo que tiene estudiado esta red, la productividad de la especie cae en la medida que aumenta el pH del suelo y, por ello, tienen desde nulas producciones hasta 5.000 kg de materia seca/ha. Este último dato muestra la potencialidad de la especie y las diferencias marcadas respecto a la productividad del pastizal natural, que entrega, en promedio, 2.000 kilos de materia seca por hectárea.

En referencia a las estrategias de pastoreo, el técnico subrayó que no pastorear la especie en el primer año, o hacer un pastoreo muy liviano para permitir el arraigo de la planta, es una opción recomendada. Otra alternativa que se practica en esta zona, en la que los productores llevan tres años de experiencias, es el uso diferido para el invierno. Así, comentó Oyarbide, permanece el suelo cubierto durante el verano y se limita el ascenso de sales.

La grama rhodes se presenta como una alternativa promisoria para los ambientes ganaderos marginales del área templada, en los que se fue concentrando la ganadería en los últimos años, aunque todavía resta mucho por conocer sobre ella, para hacer un uso más eficiente del recurso.

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