6 de febrero de 2012 00:31 AM
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Dos agriculturas diferentes ante un mismo mercado

ESPAÑA : Las verdaderas causas del distinto comportamiento de las dos agriculturas políticamente más relevantes del mundo, la europea y la norteamericana, al menos en términos de renta y ante un mismo escenario mundial, son de extraordinaria complejidad. Joaquín Olona Blasco. Decano del Colegio Oficial de Ingenieros Agrónomos de Aragón, Navarra y País V

La producción bruta agraria de la UE-27 correspondiente a 2011, según las primeras estimaciones de Eurostat, ha aumentado en términos reales (descontado el efecto de la inflación), un 7,5% con respecto al año 2010. Los gastos, también en términos reales, habrían aumentado un 9,7%, mientras que las subvenciones netas de impuestos se habrían reducido un 1,2%. Finalmente, las amortizaciones habrían experimentado una insignificante reducción del 0,1%. La consecuencia de todo ello es que en 2011 la renta agraria europea habría experimentado un aumento, en términos reales, del 3,9% con respecto a 2010.

Pero la evolución de las macromagnitudes agrarias en los distintos Estados miembros es muy diferente, observándose diferencias muy acusadas. Por ejemplo, la renta agraria por trabajador equivalente (UTA) entre 2011 y 2010, valorada en términos reales, varía entre un máximo positivo del 43,7% (Rumanía) y un mínimo negativo del 22,5% (Bélgica).

En el caso de España, este indicador muestra una reducción del 0,3%. Cabe constatar, por tanto, como una misma política, la PAC, se traduce en resultados económicos muy distintos. Seguramente porque, aprovechando el margen existente para los Estados, que existe y es más amplio del habitualmente admitido, la PAC no se aplica del mismo modo en todos los sitios.

Según las primeras estimaciones del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, la producción agraria española de 2011 habría crecido, en términos corrientes (sin descontar la inflación), un 3,7% con respecto a 2010. Los gastos habrían aumentado, también en términos corrientes, un 12,3%, las amortizaciones un 1,4%, las subvenciones un 0,3% y los impuestos un 8,4%.  Con todo ello la renta agraria se habría reducido en 2011 un 3,4% con respecto a 2010 en términos corrientes, y un 4,8% en términos reales.

El Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) también ha anticipado los resultados para 2011 a través de su publicación “Agricultural Income and Finance Outlook” del pasado mes de diciembre. El incremento estimado para la producción agraria, valorada en términos corrientes, es del 58%. La elevación de los gastos se estima en un 30,5% mientras que las amortizaciones habrían aumentado un 0,8%, los impuestos lo habrán hecho el 1,0% y las subvenciones directas del gobierno se habrán reducido el 1,8%.

El resultado final esperado para 2011 es una considerable elevación de la renta agraria que, en términos corrientes, habría aumentado un 23,9% con respecto a 2010 y un 37,6% con respecto al valor medio de los últimos diez años.

El USDA justifica los extraordinarios resultados económicos del 2011 en base a los elevados precios alcanzados por las materias primas agrícolas en los mercados y el buen comportamiento de las exportaciones, que han superado las previsiones y, en algunos casos, los récords de 2008.

El informe citado refleja, por ejemplo, subidas en el precio del maíz del 55% con respecto a 2010 haciéndose eco de la fuerte demanda para la fabricación de etanol. Asimismo, señala incrementos del  44% para el trigo y del 26% para la soja. En el caso del heno, refleja una subida del 47% en los precios del 2011 con respecto a los de 2008.

EUROSTAT pone el énfasis en la subida, en términos reales, del 6,7% para la renta por trabajador agrícola, que es el resultado combinado del aumento del 3,9% en la renta agregada y de la reducción del 2,7% en la fuerza de trabajo.

Mismo mercado mundial

Obviamente, el mercado mundial de materias primas agrícolas es el mismo para todos los que participan en él, o intentan hacerlo. Por otro lado, es sabido que las reformas de la PAC han ido dirigidas a una mayor y mejor integración de la agricultura europea en el mercado mundial. Entonces, ante un mercado excepcionalmente favorable, ¿cómo se explica que mientras la renta agraria americana crecerá entre 2010 y 2011 de forma tan significativa (más de tres veces que la europea), la española se reducirá un 3,4%?

A juzgar por la evolución de las macromagnitudes comentadas, parece que la agricultura europea, y muy particularmente la española, a diferencia de la americana, no están siendo capaces de aprovechar en beneficio del sector y de los propios agricultores los elevados precios de los mercados agrícolas. Miedo da pensar lo que puede ocurrir si tales precios vuelven a los niveles anteriores a 2008 y los costes continúan su senda de crecimiento, hipótesis que no conviene descartar.

Las diferencias estructurales existentes entre la agricultura americana y la europea son considerables. Por ejemplo, teniendo Estados Unidos y la UE-27 cifras muy similares de Valor Añadido Bruto (VAB) agrario, 141.700 millones US$ y 125.409 millones € en 2009, respectivamente, la diferencia en el número de explotaciones agrarias resulta abismal: 2,2 millones en Estados Unidos, frente a 13,7 millones en la UE-27.

La explotación media americana tiene, por tanto, una dimensión económica unas 10 veces mayor que la europea. Aún así, el 97,8% de las explotaciones son consideradas por el USDA de carácter familiar. De acuerdo con los datos que ofrece el servicio americano de estadística agrícola en su publicación “Agricultural Statistics 2010”, el ingreso neto medio de los hogares del titular u operador principal de la explotación fue de 77.169 US$ en 2009, superando incluso al obtenido por el hogar americano medio que, en ese mismo año, fue de 67.976 US$. Sin embargo, la actividad agrícola tan sólo generó el 8,9 % de los ingresos de las familias de los agricultores.

Ayudas públicas

Así pues, a pesar de que las explotaciones agrícolas americanas tienen una dimensión económica media muy superior a la de las europeas, los ingresos procedentes de otras actividades ajenas a la propia explotación resultan determinantes para la economía familiar. Sobre todo en el caso de las Pequeñas Explotaciones Familiares, tipología oficialmente configurada por las explotaciones cuyas ventas no alcanzan los 250.000 $. Éstas representan el 90 % de todas las explotaciones y, por término medio, su actividad agrícola genera resultados económicos anuales negativos. Los titulares de estas explotaciones, que concentran poco más de la quinta parte de la producción total agraria, son los propietarios de más de la mitad de la propiedad de toda la tierra de cultivo. También son los destinatarios de casi la mitad de las ayudas agrícolas gubernamentales y, en particular, de más de las tres cuartas partes de las ayudas de carácter agroambiental, que también existen en los Estados Unidos.

 Otra importante diferencia entre la agricultura americana y la europea es que mientras las subvenciones totales a la agricultura en Estados Unidos representaron en 2010 el 7,04% del valor comercial producido por los agricultores (Indicador PSE de la OCDE), en la UE-27 supusieron casi tres veces más, el 19,84%. Sin embargo, el volumen de las ayudas agrícolas totales como proporción del PIB (indicador TSE de la OCDE) fue en ese mismo año el 0,91% en Estados Unidos frente al 0,72% en la UE-27.

Pero las verdaderas causas del distinto comportamiento de las dos agriculturas políticamente más relevantes del mundo, al menos en términos de renta y ante un mismo escenario mundial, son de extraordinaria complejidad.

Bien merecería la pena su análisis, con la profundidad y rigor necesarios, sobre todo por quienes tienen la responsabilidad de implementar y aplicar la nueva reforma de la PAC, si es que todavía no lo han hecho.

Particularmente, si de verdad esta nueva reforma pretende abordar realmente en serio el reto de la competitividad agrícola expresamente formulado por los borradores reglamentarios presentados. Un reto ante el que la Unión Europea, al menos por el momento, parece estar en clara desventaja. Y un reto que se ubica en un proceso que, como en toda competición, conviene no olvidar terminará teniendo ganadores y perdedores.

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