6 de febrero de 2012 00:04 AM
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Franco Boccanfuso: “Reconvertirnos es prolongar la agonía

El muelle 10, o “puerto piojo”, como algunos denominan de manera despectiva esta lengua de cemento que oficia de cordón contenedor de la banquina chica en el puerto marplatense, luce atiborrado de buques costeros a ambos lados.

“El Indomable” está amarrado en la punta del sector oeste y el viento que cruza la tarde lo pega y despega del muelle. La tripulación está a bordo lidiando con un nuevo motor que acaban de colocar en la sala de máquinas y obedece las órdenes de Franco Boccanfuso, el armador de este barco.

Parece un mal momento para compartir unos mates con el presidente de la Cámara Argentina de Armadores de Pesca de Rada Ría, pero enseguida cambia el semblante. “Dale, qué esperan… pasen”, invita a ingresar a la diminuta cubierta del Indomable y pone a calentar una pava.

Camisa a cuadros, canas revueltas, cara curtida y gastada de coleccionar tantas tardes soleadas y
madrugadas de hielo, Boccanfuso se muestra entre desafiante y resignado. Conserva en algún rincón de su mirada el brillo que tienen esos hombres que no están dispuestos a morir sin luchar.

Acaba de botar al “Barba Negra”, un costero cercano que se constituye como el primer eslabón de la cadena de reconversión habilitada por la Provincia de Buenos Aires, aunque acá no hubo ayuda oficial sino esfuerzo propio.

“La UAPA antes de hablar de aumento de esfuerzo pesquero, que hable de los 4 mil botes en negro que entran y salen, cuando quieren, de la costa bonaerense. Nosotros blanqueamos a 300 personas cuando firmamos un convenio con el SOMU el año pasado”, comienza diciendo
Boccanfuso. El garantizado de los tripulantes es de 2.846 pesos. Mejor que el de un capitán.

La idea de un reportaje mesurado que había anticipado el armador, se hace añicos sin siquiera haberse formulado la primera pregunta. Boccanfuso es visceral, sanguíneo. Cuesta que lo que piensa se ahogue antes de salir de su boca.

“Yo tenía permiso irrestricto para pescar cualquier cosa: merluza, langostino, abadejo… Nos sacaron todo porque no teníamos historia. Nos dijeron, ustedes se quedan con el variado costero, con el magrú, la anchoíta. Pero ahora nos sacaron de ese plato también. Ya lo dije hace mucho
tiempo: convirtieron a la pesca en una colonización: nosotros somos los indios a los que hay que exterminar para quedarse con el mar”, subraya con un vozarrón de tormenta.

Boccanfuso avisa que en realidad el plan de reconversión incluye a las 15 lanchas de la Sociedad de Patrones Pescadores y 10 más de su cámara, aunque aclara que de concretarse la ampliación de eslora, “seguiremos trayendo los mismos cajones que ahora”.

El armador valora el gesto de la Provincia como “un reconocimiento” a la gente que hizo historia en la pesca de Mar del Plata. “Yo no critico a los que les fue bien, los que pudieron crecer,
porque todos salimos del mismo lugar, pero sí pido equilibrio. Dejame vivir a mí también… hoy en día tenés barcos de 27 metros arrastrando a la pareja al borde de las tres millas, pescando corvina. Una locura. Como el variado costero tiene más valor que la hubbsi, se meten y hacen un desastre”, denuncia.

Boccanfuso recuerda lo ocurrido el año pasado en el epílogo de la zafra de la caballa. “Cuando nosotros pudimos tocarla, ya se había completado el cupo de la captura máxima otorgada por las autoridades, incluso ese cupo adicional. Y nos sancionaban porque traíamos magrú cuando ya se había completado la captura. Eso fue un robo más que nos hicieron”, se lamenta.

El pescador dice que la reconversión no solucionará esta situación. “Voy a seguir tardando un día en llegar a la zona de pesca para completar 500 cajones, cuando un fresquero tarda menos tiempo y completa 2 mil”, explica y anticipa. “Ahora vienen por la corvina, que tampoco nunca pareció interesarles. Si nos sacan la corvina, las lanchas desaparecen y los barcos chicos, detrás. Me tengo que pelear para que me la dejen ir a pescar en mayo pero ellos pescan a la pareja desde principios de enero”. Ellos son los “colorados grandes” que lo arrinconan al norte, a tres horas del puerto.

La pava sigue apoyada en la cocina. Pasan tripulantes por el pasillo y Franco parece no verlos. Pero de pronto se levanta apenas, estira el cuello y mira por una de las aberturas que dejan ver lo que ocurre allá al fondo, en la banquina chica. Se vuelve a sentar y se calla. El hombre que casi no había parado de hablar desde que me senté a su lado, de pronto calla.

–Si no es tan rentable como usted dice, ¿por qué entonces botó al nuevo barco?– le pregunto, como para seguir por la senda en que veníamos. Boccanfuso parece haber esperado esa pregunta desde que crucé la puerta y entré en su mundo.

“La reconversión no es rentable. Hoy estamos muertos. Si tenés la posibilidad de vivir cinco años más, ¿no la vas a tomar?” –pregunta. “Mientras la provincia de Buenos Aires no tenga una política pesquera que reconstruya el desastre que nos hizo Fortunato; si no hay un reordenamiento con corredores por tipo de flota, esto es prolongar la agonía, no otra cosa”, dice
el pescador.

Cuarta generación de pescadores, Franco embarca con su familia. Son 22 personas arriba de sus barcos –también tiene al Indómito y en dos meses, el Barba Negra, cuando termine los certificados de la Prefectura–. Todos con lazos de sangre. “Tengo que inventar trabajo, no puedo decirles que nos morimos… La vamos a pelear…”.

Boccanfuso trastoca la emoción por indignación para salir de ese momento que sólo a él le puede parecer de flaqueza. “Todos se llenan la boca diciendo que con esto de la reconversión ayudan al pescador… Mentira, si estamos como estamos es que nadie nos ayudó”.

El sol, pertinaz durante este verano 2012, todavía tiene fuerza a esta hora de la tarde en que las sombras dibujan el contorno de los barcos sobre la lengua de cemento ardiente. Saltamos del Indomable y pisamos tierra firme.

Un tractor cruza cansino por la puerta abierta y sin guardia de la garita de Prefectura; un guinche transporta cajones vacíos al corazón de una bodega. Puerto Piojo sique latiendo ajeno al apocalipsis que presagia Boccanfuso.

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