6 de febrero de 2012 17:05 PM
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Grobocopatel: “Para crecer hay que estar en Brasil”

“No podemos tener escala global sino estamos allá”, asegura el presidente de Los Grobo.

Tiene una mirada amable que mantiene hasta cuando describe las amenazas para su negocio y en este Buenos Aires caluroso, cambió los zapatos por las sandalias franciscanas. Gustavo Grobocopatel acaba de sumar como socio al coloso japonés Mitsubishi para crecer mucho más en Brasil.

A su juicio, “el tamaño de las empresas importa y mucho. No podemos tener escala global sino estamos en Brasil”, le dice a Clarín.

¿Qué significa crecer más en Brasil? Estábamos en un proceso de salida a la Bolsa y se nos cayó el mercado. Pero quedamos con la agenda de inversiones preparada. Así, nos hemos propuesto tener una posición relevante sobre los distintos puertos de Latinoamérica, y especialmente en Brasil que es cinco veces más grande que la Argentina, con una proyección  mayor de crecimiento. No podemos tener escala global sino estamos allí. Brasil va a traccionar el mayor crecimiento de la compañía. Vamos a producir más, vamos a vender insumos y nos vamos a instalar en regiones donde no estamos.

¿Cómo queda la empresa en la Argentina? La vamos a capitalizar. Argentina tiene una gran sinergía con los negocios en Brasil. Acá estamos desarrollando la cadena de trigo, poseemos tres molinos harineros y una fábrica de pasta.

¿Por qué es tan importante el tamaño? El mundo requiere empresas de tamaño global, si el tamaño es nacional las unidades son como un camión, si es global; las unidades son como un barco. El tamaño importa si se quiere ser jugador. Nuestra idea es crecer, tener una empresa relevante, una empresa lantinoamericana de calidad global, en un escenario donde no hay jugadores latinoamericanos relevantes en nuestra industria.

¿Es más fácil hacer negocios en Brasil?   Ellos tienen enormes desafíos que reconocen, se hacen cargo y tratan de solucionar. Una de las restricciones son los talentos, se están armando. No hay suficiente gente calificada. Hay un déficit de infraestructura y una estructura impositiva muy compleja. A favor es que están de moda. Se trata de una democracia occidental emergente, con un mercado de capitales muy activo y un Estado que facilita  el emprendedurismo y la inversión. Por supuesto que el Estado regula la actividad, pero sin que se frene.

Con la crisis que azota a Europa y alcanza a EE.UU., ¿cuáles son sus proyecciones sobre los precios de los alimentos? La demanda de alimentos viene creciendo, no se detuvo con la crisis y hay con mayor dinamismo por los biocombustibles. Esto no es lineal, existe una gran volatilidad por los ajustes entre la oferta y la demanda y exacerbado por la especulación.

En Argentina su modelo de negocios ha cosechado críticas…

Nosotros somos una empresa de servicios, en red, con productores asociados y lo entendemos como un desarrollo sustentable, con los limites del cuidado del medio ambiente y con el ordenamiento territorial que indica hasta dónde se puede ir.

¿Considera el impacto social de lo que se llama la nueva ruralidad? Hay impactos positivos y otros de desplazamiento y ahí debe estar un Estado  de calidad, facilitador, un Estado escandinavo para que el proceso sea virtuoso que intervenga más y eso significa facilitar las cosas a las empresas, a los emprendedores para que inviertan. Un Estado que no facilita, pone freno, no funciona. El Estado no solo debe dar servicios públicos y redistribuir, debe resolver las tensiones.

¿Cuál es la mayor amenaza? El proteccionismo es una amenaza. Es necesario por un tiempo para que las empresas se ajusten. Pero si se establece por mucho tiempo va en contra de los consumidores y a favor de unos pocos. Este proceso requiere de flujos de intercambio muy fuertes. Si Argentina quiere hacer valer el plan estratégico agroalimentario, industrializar la ruralidad, vamos a tener que vender no solo granos sino alimentos elaborados y nos pueden frenar el ingreso de nuestras exportaciones como represalia países más poderosos que nosotros.

¿Los afectó la sequía? La sequía golpeó al sistema, hay menos camiones menos servicios, menos actividad en el interior. La sequía es un riesgo, es parte de nuestra actividad. El problema es que se profundiza por el sistema impositivo que hace que se pague el tributo aún perdiendo dinero. De ese modo, el que pierde, pierde más. Por eso las retenciones son distorsivas. Acá se mata al que pierde. Cualquier golpe, pega más y acelera el proceso de concentración.

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