7 de febrero de 2012 00:23 AM
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El ajuste que requieren los acuerdos comerciales

CHILE : Haber suscrito tratados con el 86% del PIB mundial y estar a tres años de tener arancel cero con países como EE.UU. y China, son logros notables. Pero la estabilidad alcanzada no debiera ser obstáculo para seguir avanzando. Negociar temas paraarancelarios como la inocuidad y el respeto al medioambiente, son parte del segundo aire que necesitan los tratados. "Hoy es bajo el número de empresas que participan del proceso exportador. Faltan más productos y más empresas", explica Gustavo Rojas. Según la OCDE, Chile es el país más abierto agrícolamente de la red, y uno de los que menos subsidia.

Los TLC están pasados de moda”, dice Marcos Mora, director de economía agraria de la Universidad de Chile. Que lo diga un experto que ha dedicado su vida al comercio internacional es fuerte.

“Los tratados como plataforma lubricante del desarrollo han cumplido un rol súper importante, pero estamos en una segunda etapa. Hasta el momento, su gran fortaleza son los aranceles, en particular la desgravación arancelaria. Ese ha sido el móvil, pero estamos en un nivel de consolidación. Ahora hay que poner énfasis en las barreras paraarancelarias o no arancelarias”, profundiza Mora.

Sin negar su importancia estratégica y lo clave que son en el ajetreo del comercio internacional los 21 acuerdos, con 58 países, que ha suscrito Chile (entre tratados de libre comercio, TLC, acuerdos de cooperación económica, ACE, y acuerdo de asociación económica, AAE) y los otros que se negocian, el tema es que hoy parecieran estar estancados. 

Lograron el objetivo de abrir el país al mundo, de disminuir al mínimo los aranceles al exportar -que fue el gran objetivo para el cual fueron creados-, pero ahora la pregunta es, ¿cómo superar la estabilidad y marcar un nuevo contraste con la competencia y comenzar a cimentar un futuro diferenciador en las exportaciones del país?

Para muchos expertos, tal como están formulados estarían pasados de moda, y sería hora de que vistieran la ropa de temporada. Eso implica que se hagan cargo de las nuevas y crecientes necesidades de los consumidores. 

El daño al medioambiente, la calidad nutricional y estética de la fruta, el equipo humano y su bienestar al trabajar, la inocuidad, la huella de carbono y del agua y los temas ecológicos, son parte de las crecientes exigencias que los actuales acuerdos no incluyen. 

Y a ello se agregan otras barreras de tipo paraarancelarias, es decir, aquellas que tienen que ver con las condiciones de la fruta enviada, la presencia de residuos químicos o de plagas, y otras variables que surgen en forma sorpresiva, a pesar de protocolos ya aceptados, generando gallitos entre los países negociadores, y que son generalmente más engorrosas que los mismos aranceles. 

En la última década, a medida que los TLC y otros acuerdos se consolidaron, fueron surgiendo estas nuevas inquietudes que urgen ser escuchadas.

“Debemos hacer un recauchaje de la estrategia para algunos tratados que llevan años, para lograr acercamientos mejores”, sostiene Gustavo Rojas, director de la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias, Odepa.

La pega de los tratados hasta ahora

Hace 20, 15, 10 o 5 años, cuando muchos de los tratados fueron negociados, el objetivo central era abrir mercados haciendo el mayor quite a las barreras arancelarias. Es decir, conseguir condiciones que permitieran el ingreso de productos pagando arancel cero, o el mínimo posible -estableciendo plazos para la disminución del impuesto- y ojalá saltando las trabas internas como subsidios o medidas proteccionistas a algunos sectores, para no entrampar los futuros envíos. Y Chile lo hizo bien. 

“Los tratados han proporcionado rebajas arancelarias y ventajas efectivas de acceso para toda nuestra oferta exportable. Además, dan estabilidad y certidumbre jurídica, que por ejemplo hace más dificultosa la adopción de medidas proteccionistas”, explica Carlos Furche, experto en desarrollo agrícola y comercio internacional, y uno de los que participó en diversas negociaciones de la red de tratados chilenos.

Hoy, los distintos tipos de acuerdos que tiene Chile, representan relaciones comerciales con el 86 por ciento del PIB mundial. Sólo estarían faltando Indonesia, Rusia, y Filipinas, para abrirse a todo el planeta. Y mercados como Estados Unidos y China van a estar el 2015 con arancel cero para todos los productos. 

Hoy Chile exporta más del 80% de su fruta, alrededor del 75% del vino, y la balanza sigue creciendo con productos como el aceite de oliva. Incluso sectores como el de los lácteos, que hasta hace poco tenían poco protagonismo, han comenzado a destacar con indicadores como que el 40% de lo exportado son procesados con valor agregado.

La política comercial exterior chilena ha sido acertada. Pero las condiciones y las demandas de los consumidores han cambiado en ese entretanto. Por ello, llegó la hora de que esos tratados también se renueven. 

Los nuevos requerimientos

Manuel, productor de cerezas de la zona central, tiene que analizar la huella de carbono que está dejando la producción; eso, por encargo de su exportadora. “Un cacho”, piensa. Y no porque le parezca poco importante, sino porque su negocio, que viene teniendo márgenes estrechos, no le da como para estar haciendo estudios caros por las suyas.

Parámetros como ese hoy son exigidos por los compradores y los chilenos se ven obligados a cumplirlos. 

Una de las sugerencias que se plantean para dar el salto 2.0., sería exigir en tratados renovados, que, por ejemplo, la fruta comercializada de acá a allá y de allá para acá asegure, a través de distintos mecanismos estándares altos de calidad, huellas medioambientales amigables, entre otras variables; eso facilitaría la pega del sector exportador.

“El Estado tiene la herramienta de complementación económica donde ve que hay cosas que negociar en un contexto más transversal, en vez de empresa a empresa”, sostiene Marcos Mora.

Más temas que apuntalar

Evaluar la posibilidad de hacer ajustes de tuerca a los tratados también implica desafíos en la línea de mejorar procesos y sacar el jugo a lo que ya está “tratado”.

Por ejemplo, en la oferta, sería conveniente poner el acelerador en el tema de los procesados. Según los expertos, los tratados tienen expectativas de poder llegar mucho más en esta línea, con espacio para crecer rápido en mercados de ahora y en nuevos.

También habría que poner el acelerador en otros nichos. Aunque la fruta y los vinos gozan de cierto prestigio afuera, Chile se estaría quedando un tanto atrás en sectores como las carnes y los lácteos.

“Tenemos mucho más potencial en esos rubros”, sostiene Rojas.

Ingeniarse para marcar la diferencia y hacer alianzas con otros países también es una de las claves para despegar. 

Por ejemplo, una alianza con México para abastecer de fruta fresca a Asia, desde la zona sur y norte del mundo, con Chile y México a la cabeza, sería una opción interesante. El tema es, dicen los expertos, tomarlo como una estrategia y aplicarlo.

Solucionar las trabas existentes en materia sanitaria también es altamente necesario. Algo se está haciendo. Extraoficialmente, fuentes del Minagri confirman que se estaría diseñando una estrategia a nivel Gobierno para generar mayor apertura en los países y abrir los programas trancados.

“Hay preocupación e incomodidad respecto a las trabas de algunos países. Estamos viendo cómo solucionarlo”, reconoce un personero del Minagri.

El balance comercial de Chile es ampliamente positivo. El país goza de reputación, de credibilidad, y de inclusión en casi todos los mercados del mundo. Pero no quedarse en los laureles e incorporar esas nuevas necesidades es clave para seguir creciendo.

A finales de esta década, se estima que el sector agropecuario y forestal exportará bienes por sobre los US$ 20.000 millones, lo que en buena parte será posible en la medida de que la apertura de mercados se mantenga pujante.
 La visión, sector por sectorLácteos. “Lo bueno es que se llega a 40 tratados con lácteos. Lo malo es que regularmente están en listas de excepción o sujetos a cuotas pequeñas. Lo feo es que teniendo negociaciones concluidas no avanzan las aperturas sanitarias. Otro punto negativo es que existen mercados cuyo requisito es la habilitación directa de las plantas, las que tardan meses en concretarse”, dice Guillermo Iturrieta, de Exporlac.

Procesados. “Los TLC han sido fundamentales dado que los aranceles han sido siempre una traba. El avance rebajándolos ha sido muy positivo. Lo malo: no haber conseguido mayor profundización para algunos países y productos. Lo negativo: la falta de implementación de Comisiones Administradoras de los Acuerdos más efectivas y la falta de voluntad de algunos países de seguir profundizándolos”, sostiene Guillermo González, gerente general de Chilealimentos.

Vinos. “Los mercados más importantes son EE.UU., Europa y China. En la UE llegamos a arancel cero el año pasado. También hemos avanzado incorporando cepas adicionales y viene la simplificación electrónica para exportar. En China partimos con 14% de arancel el 2006 y vamos en 4,2%; lo que no tiene ningún otro país. En granel partimos en 20% y hoy estamos en 6%, ¿qué mejor?”, dicen desde Vinos de Chile.

Fruta. “Iniciamos este proceso antes que nuestros competidores, lo que facilitó la comercialización al bajar el pago de aranceles e incorporar metodologías de cuotas de internación. Destaco los suscritos con los países asiáticos. El desafío es dar solución a problemáticas como las de México, donde tenemos un TLC pero igualmente aparecen barreras fitosanitarias, por ejemplo, para el ingreso de manzanas. Se requiere de una continua revisión de cuotas y aranceles”, sostiene Antonio Walker, de Fedefruta.

Aceite de Oliva. “Lo feo de los TLC para el aceite de oliva es el impuesto específico con Europa, que en la actualidad grava con ¤1,245 /kilo. En contraposición el aceite de oliva europeo puede ingresar a nuestro país con 0% de arancel. Las razones de esto es que cuando se firmó el TLC, la industria nacional no era relevante. Pero hoy solicitamos 100% de reciprocidad”, reclaman desde Chileoliva.

Carne de aves. “No existen tratados buenos o malos, sino mercados donde se logran mejores condiciones. La firma de un acuerdo es el comienzo de un proceso que requiere un gran esfuerzo posterior tanto público como privado, en temas sanitarios y comerciales. Los acuerdos que más han impactado al sector son EE.UU., UE, Japón, Corea del Sur, México y China”, explica Juan Miguel Ovalle, presidente de Apa.

Carnes de cerdos. “Las mejores condiciones de acceso a mercado entregadas por los acuerdos comerciales son una ventaja competitiva importante respecto a los países competidores, especialmente en los países asiáticos”, explica María Soledad Valenzuela, gerente de Marketing y Estudios de la Asprocer.

Carnes rojas. “Lo mejor han sido los tratados con EE.UU. y la UE. Éste último paga más por carne de calidad. Lo malo en la UE son las cuotas. Sólo podemos ingresar 1.850 toneladas, el 1% de lo que produce Chile. Deberíamos estar en las 5 mil. Lo feo ha sido Corea del Sur, donde no podemos entrar porque no está la homologación sanitaria; un tema de política nacional”, explica Christian Arntz, de Fedecarne.

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