18 de enero de 2010 11:48 AM
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Las "picardías políticas" del Gobierno jaquean la unidad de la Mesa de Enlace

El miércoles pasado, Cristina Kirchner anunciaba nuevas medidas para el trigo. Le brillaron los ojos cuando informó que el Gobierno había firmado "sendos acuerdos" con dos de los dirigentes agropecuarios más críticos de su gestión, el entrerriano Alfredo De Angeli y el bonaerense Pedro Apaolaza. Estos se apuraron a desmentirla, pero ya era tarde. Como nunca antes desde la pelea por las retenciones móviles, la Presidenta había logrado abrir una grieta en la hasta ahora inconmovible unidad de la Mesa de Enlace.

De Angeli no necesita presentación: el titular de la Federación Agraria de Entre Ríos fue la cara más visible de la resistencia de los chacareros a la Resolución 125. Apaolaza, en tanto, es el presidente de CARBAP, que con 114 rurales de base es la confederación más importante de CRA. También la más dura: sus comunicados destilan un antikirchnerismo que brota de las tripas.

Cierto es que ni uno ni otro firmaron un acuerdo formal con el Ejecutivo para recomponer el destruido mercado del trigo, donde en plena cosecha no hay ni precios ni compradores. Pero también en cierto que ambos dirigentes prestaron su presencia a negociaciones hábilmente impulsadas por el ministro de Agricultura, Julián Domínguez, y que dejaron al margen a los principales referentes de la Mesa de Enlace. Con mucha picardía política y nada de ingenuidad, Cristina exageró la situación.

¿Qué logró Domínguez? Viejo militante del peronismo bonaerense, el ministro se montó en la urgencia de los trigueros y, con un guiño de los gobiernos provinciales del PJ, creó dos "Mesas Provinciales", una para Buenos Aires y La Pampa (territorio de CARBAP), y otra para Entre Ríos. Allí pactó con molinos y exportadores para que compren el cereal. Los dirigentes regionales fueron testigos de la "promesa". Pero allí estaban.

"Estamos en contra de esos acuerdos. De Angeli y Apaolaza se cortaron solos", protestó el santafesino Omar Barchetta, vice de Federación Agraria. Con honestidad intelectual, otro director de la entidad, Pedro Peretti, evaluó ayer que "por primera vez el Gobierno tuvo un triunfo sobre la Mesa de Enlace, que fue dividirla".

En CRA, Mario Llambías también está furioso con la actitud de la cúpula de CARBAP, que ya el martes abandonó antes la asamblea del teatro Broadway con una cita acordada con Domínguez para el día siguiente. Y hasta Carlos Garetto, de Coninagro, tuvo que salir a pedir explicaciones a Mario Raiteri, dirigente de esa entidad, que también participó del cónclave. Curiosamente la única entidad donde todavía se respira paz es la Sociedad Rural, la más dialoguista de las cuatro.

No es el fin de la Mesa de Enlace. Percatados de la estrategia K, los referentes nacionales aplicaron de urgencia una nueva estrategia: una improvisada marcha de chacareros hacia Agricultura les permitió forzar una reunión con Domínguez. Le arrancaron la promesa de que el próximo miércoles se creará, ahora sí, una "Mesa Nacional del Trigo", donde se acuerden medidas que incluyan al conjunto de los productores. Se verá entonces si el bloque logró disciplinar a los díscolos y retomar las riendas.

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