28 de enero de 2010 21:00 PM
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Economía uruguaya prueba superada

La economía uruguaya logró sortear los efectos de la crisis global con mucho menos daño del temido: apenas un trimestre de retracción, superado el cual volvió el crecimiento. El agro fue protagonista de esa recuperación, en particular por el desempeño de la producción de granos. También tuvo un rol clave la expansión del gasto público. La caída exagerada del dólar y la pérdida de competitividad que ella trae, es la preocupación mayor para este 2010 que –de todas formas– mostrará una economía con buen crecimiento.

La economía del país creció 1,7% en los primeros 9 meses del año, comparando con el mismo período del año anterior, según la última actualización de las Cuentas Nacionales del Banco Central. La estimación del equipo económico y de varios economistas es que cerró 2009 con un crecimiento mayor, en torno a 2%. En los primeros 9 meses, el agro mostró un crecimiento de apenas 0,6% en su volumen físico de producción, lo que refleja la dura incidencia de la pasada sequía. Pero ya en el tercer trimestre mostraba una tasa de crecimiento interanual de 4,8%, siendo uno de los sectores de mayor tasa de expansión (ver gráfica 1). Opypa estima que cerrado 2009 el sector mostrará un crecimiento de 2,2% a precios constantes respecto a 2008. La reversión de la sequía –con un ciclo de lluvias por encima de lo normal en los últimos meses– y la rápida recuperación de la demanda por los principales productos del campo, son las explicaciones clave de este comportamiento. Además, los agronegocios están expresando fundamentos de expansión que van más allá de la coyuntura: la revolución agrícola que se registra en el país, sumada al crecimiento de sectores con ventajas naturales históricas (carne, leche) y de otros que han crecido por el impulso de políticas públicas (forestación), confluyen para expresar un fuerte crecimiento conjunto, que repercute en toda la economía. La salida de la crisis global Hace poco más de un año, el derrumbe de los mercados bursátiles y la crisis del sistema financiero en EEUU y Europa, presagiaban tiempos difíciles para la economía del mundo. Las principales potencias reaccionaron con políticas fiscales y monetarias expansivas, de manera de atenuar los efectos sobre la economía real. La estrategia dio sus frutos, aunque a un alto costo: el déficit fiscal creció a niveles sin antecedentes (más del 10% en EEUU). Por su parte, la reducción a casi 0% de la tasa de interés en EEUU llevó a un fuerte debilitamiento del dólar. Parte del capital global dejó la posición dólar y fue a colocarse en otros mercados y monedas (bonos de países emergentes, materias primas, etc.), en un movimiento cuyas consecuencias aún no son claras. Sin embargo, la economía global pudo sostenerse gracias al gran dinamismo de las economías emergentes, como China, India y Brasil. Estos países cuentan con grandes mercados internos en fuerte crecimiento de su consumo, y se han constituido en las locomotoras de la economía mundial al comienzo de 2010 (ver gráfica 2). Estos cambios en la economía global resultaron positivos para la situación de Uruguay. Nuestro país venía de su propia crisis financiera, luego de la cual saneó su sistema financiero (no sin altísimos costos). Ante la crisis financiera externa, Uruguay se presentaba más fortalecido, aunque ni el más optimista de los analistas pronosticaba que la economía podría crecer cerca de 2% en 2009. Sin embargo, la demanda de China y de otros países emergentes, sumada a la buena situación de Brasil (que está en su mejor momento económico de los últimos años), hicieron que se retomara el crecimiento exportador hacia fines del año, con precios y volúmenes en recuperación. La demanda china ha sido especialmente favorable para el sector, tanto directamente (como en el caso de la celulosa y los granos), como indirectamente, al incidir en los mercados globales de la carne y los lácteos, entre otros. Esta demanda y la de otros países emergentes –sumada a la debilidad del dólar– motivó que los precios de varios productos agropecuarios de exportación tuvieran una notoria recuperación luego de la crisis y, ya hacia mediados de 2009, alcanzaran los buenos niveles del año 2007. A nivel local, el mercado interno también jugó a favor. Los buenos niveles de ingreso (con un aumento en los salarios reales, que ya recuperaron su nivel previo a la crisis de 2002), sostuvieron la demanda local, que resultó muy importante para la industria frigorífica y la industria láctea, entre otras. La firmeza del mercado interno se fundamentó no solo en la política salarial, sino también en una expansión del gasto público: a su escala, Uruguay también jugó la carta fiscal para atenuar el impacto de la crisis. Así, el 2009 cierra con un déficit fiscal superior al 2%, el mayor desde 2003. Si bien no es una situación fiscal apremiante, será necesario ir retomando el equilibrio de las cuentas públicas entre este año y el próximo, lo que se definirá en la discusión presupuestal. Exportaciones Las ventas al exterior del Uruguay cayeron 10% en el año 2009, medidas en dólares, un buen desempeño si se tiene en cuenta que la base de comparación (el año 2008), fue histórico por los picos de precio registrados. Las ventas al exterior pasaron a ser lideradas por la exportación de granos, cuyo crecimiento en volumen y monto es uno de los fenómenos clave de la economía nacional (ver cuadro 1). De hecho, la producción granaria fue prácticamente la única que presentó un aumento significativo en el monto exportado, consecuencia de un gran aumento en los volúmenes que compensó el descenso en los precios. El resto de los sectores mostró caídas, entre moderadas (carne, leche) y fuertes (cueros, autopartes, madera y celulosa). Con el avance de la producción y exportación de granos, los agronegocios responden por un porcentaje mayor de las exportaciones totales, alcanzando el 70%. De las 8 principales empresas exportadoras, 7 son de base agropecuaria (cuadro 2). Los sectores agropecuarios se han beneficiado del aumento de la demanda china y también de Brasil, que se ha convertido en el principal cliente de Uruguay (ver cuadro 3). Sin embargo, la demanda aún no se ha recuperado del todo en varios rubros y destinos importantes, de alto poder adquisitivo, han retraído fuerte su demanda. Más allá del empuje del mercado interno, las perspectivas de crecimiento del Uruguay dependen en buena medida de la exportación de bienes y servicios. Y allí hay un problema. El tipo de cambio y la competitividad En un contexto auspicioso para el desempeño de la economía en general y de los agronegocios en particular, una luz de alerta se enciende en el plano de la competitividad. El indicador de Tipo de Cambio Real (TCR) que elabora el Banco Central está en su mínimo desde el año 2002 y se ubica en niveles similares a los de 2001, cuando se configuraba un escenario de competitividad insostenible que derivó en la fuerte devaluación posterior (ver gráfica 3). El indicador de TCR relaciona la evolución de los precios minoristas entre Uruguay y sus principales socios comerciales, medidos en una misma moneda. Así, el indicador muestra si Uruguay se ha encarecido (TCR a la baja) o abaratado (TCR al alza) respecto a dichos países. Las cifras son elocuentes y muestran un fuerte encarecimiento relativo del Uruguay, en particular en comparación con países como EEUU, México y países europeos. Una caída del TCR (competitividad por precio), puede compensarse con aumentos en la productividad y hay sectores que los han tenido, caso de la agricultura y la forestación. Pero en el resto de la economía –si bien también hay mejoras por nuevas tecnologías e inversiones– difícilmente se compense el descenso reciente en la competitividad precio. La situación presiona especialmente a los sectores y procesos que demandan más mano de obra, tanto directa como indirecta (textiles, cueros, madera, etc.). Asimismo, es una carga cada vez más pesada para los productores rurales, que ven como los costos de mano de obra, tarifas y servicios (no transables) así como el propio costo de vida, crece más que los precios de lo que venden, lo que no se compensa fácilmente con aumentos en la productividad. Nótese que la evolución del TCR es independiente de lo que sucede con el dólar a nivel global, que sin duda se ha debilitado. De hecho, el aumento en los precios internacionales de los productos es, en parte, consecuencia de la caída del dólar. El problema es otro: es que Uruguay se ha encarecido frente a sus socios, medido en cualquier moneda (euro, dólar o yen). La pérdida de competitividad no se ha traducido –al menos hasta ahora– en un problema en la Cuenta Corriente (saldo de intercambio de bienes y servicios), que está equilibrada. Sin embargo, en la medida que el referido encarecimiento de la economía reduzca la capacidad de las empresas para hacer inversiones y producir más (en el agro y otros sectores), el crecimiento puede estar comprometido. Desde los enfoques más ortodoxos, se apunta a que la expansión del gasto público está detrás de la pérdida de competitividad, en la medida que genera un aumento excesivo en la demanda que presiona la inflación. Esto se evita retirando pesos de plaza con altas tasas de interés, lo que fortalece al peso y encarece la economía. Enfoques menos ortodoxos apuntan a que la preocupación por la inflación debería ceder más espacio a la preocupación por la competitividad. Ante la persistente caída en el TCR y con una inflación más moderada el BCU redujo la tasa de interés de referencia (de 8 a 6,25%). Pero si no se acompaña la medida con un ajuste en la evolución del gasto, su efecto será acotado y el Banco Central seguirá haciendo equilibrismo entre la inflación en pesos (5,9%) y la inflación en dólares –nuestra otra moneda– que alcanzó 32% en 2009. En este contexto, voceros de las cámaras empresariales han expresado que los ajustes de salarios debería comenzar a realizarse según la evolución de la productividad, de manera que el costo salarial esté vinculado a ésta y no se genere una inercia de aumentos que también generan aumento de costos e inflación. Los dilemas cambiarios no son extraños en Uruguay, que tuvo una intensa discusión sobre el asunto en los ’90. Hoy la economía no es la misma y –en varios aspectos– aparece más robusta. Además, el propio régimen cambiario (flotación sucia) brinda más flexibilidad. De todas formas, la pérdida de competitividad de los últimos meses es un alerta para el próximo gobierno. Cuando estaba al frente del MGAP, el presidente electo José Mujica se manifestó más de una vez contrariado por la evolución del tipo de cambio, amenazando con dejar la cartera si el dólar caía por debajo de determinado límite. La amenaza no se consumó y Mujica dejó el MGAP para ser candidato a la presidencia, lo que coronó con éxito al ser elegido en el balotaje, con una votación sin antecedentes. Cuando asuma, la competitividad será aún menor que cuando era ministro.   

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