29 de enero de 2010 06:40 AM
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Cristina sumó las virtudes del pollo a delirios de verano

El golpe de calor de esta semana parece haber afectado a la clase política criolla. Los más de 34 grados que se registraron hicieron surgir conceptos como el «viagra porcino» y un pollo que «al comerlo te da alas», pero no malinterpreten, no es alucinógeno.

La presidente Cristina de Kirchner interrumpió su discurso del miércoles ante un grupo de productores para explicar las bondades del cerdo, un animal que en sus palabras parece sufrir de «mala prensa».

La mandataria sostuvo que, si bien sabía que la grasa porcina era menos dañina para la salud que la vacuna, se sorprendió al enterarse de que «la ingesta de cerdo mejora la actividad sexual».

«No es un dato menor, además yo estimo que es mucho más gratificante comerse un cerdito a la parrilla que tomar Viagra», prosiguió en su defensa irrestricta de los aportes del puerco a la calidad de vida del hombre.

Valiéndose del método científico (ensayo y error) para corroborarlo, Cristina de Kirchner dijo refiriéndose al último fin de semana que estuvo en El Calafate -donde cambiaron el típico cordero patagónico por cerdo-: «Bueno, no saben, impresionante. Anduvo todo muy bien el fin de semana, además. Así que puede ser que tengan razón (quienes pregonan estos beneficios)».

Por si quedara alguna duda, la Presidente se reconoció «fanática de la carne de cerdo», pero en un ataque de racionalismo reconoció: «¡Kirchner me mata cuando llegue a Olivos!».

El consejo ilusionó a más de uno y el primero en apuntarse ayer fue el líder de la CGT, quien además de catalogar de «brillantes» los comentarios de la mandataria, aseguró que de ahora en más iba «a desayunar lechón».

«Tuve que dejar de comer cerdo porque tenía mucha energía», pero «a partir de ahora empezamos a comer chancho mañana, tarde y noche», comentó ilusionado.

En tanto, y como en esto de defender y promocionar las carnes argentinas no cabe discriminación alguna, ayer le tocó al pollo.

«Yo también creo que los pollos tienen sus virtudes; tal vez no sean afrodisíacas, como las de los cerditos, pero sí adelgazan. Es una carne muy magra, sobre todo la pechuga, y si uno está delgado y además hace actividad física, entonces siente que tal vez pueda volar con sus sueños», explicó.

Repitiendo el concepto, la mandataria agregó que «a lo mejor comer pollos nos hace volar también, pero con cosas buenas, no como algunos que vuelan con otras cosas», en referencia a los fondos buitre, pero dejando el concepto a la peligrosa libre interpretación.

De cualquier manera, y como el calor no distingue de colores políticos, el mareo también llegó a la oposición.

El miércoles en la mañana y para causar un golpe de efecto a la hora de hablar de educación vial, el jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri, se ató a una butaca con un cinturón de seguridad en plena plaza pública mientras anunciaba: «En 2009 hubo 74 víctimas fatales, la mitad que en 2007, cuando fallecieron 142 personas».

A su vez, y para cerciorarse de que el calor no es un invento de la prensa, el jefe de Gabinete porteño, Horacio Rodríguez Larreta, presentó en Buenos Aires Playa (creada por el Gobierno del PRO para aquellos capitalinos que no salen de vacaciones en verano) un termómetro gigante. La idea es que la gente repare en el aumento de la temperatura y tome los recaudos del caso.

Pero en medio de esta confusión generada por el calor hubo un personaje que tomó la mejor decisión.

El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, cambió el bloqueador solar por las antiparras y se fue a aprender a esquiar a los Alpes suizos. Él y su esposa, Karina Rabolini, eligieron Saint Moritz, el centro más exclusivo de Suiza.

Atrás quedaron el sofocón y la crisis financiera de la provincia

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