30 de enero de 2010 07:02 AM
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EL CRECIMIENTO DE LA PRODUCTIVIDAD: LA NECESIDAD DE ROTAR CULTIVOS Y HERBICIDAS

El problema de las malezas resistentes a glifosato fue analizado en Miami por expertos de todo el mundo.

Cuando se habla de los países que serán centrales en alimentar al mundo en las próximas décadas, científicos de todo el mundo se refieren a tres, a cada momento: EE.UU., Brasil y Argentina. Así lo volvieron a hacer decenas de especialistas que se juntaron en Miami, la semana pasada, en un congreso organizado por Bayer CropScience, para analizar un tema clave en la sustentabilidad de la producción agrícola: las malezas resistentes a herbicidas.

Se trata de una cuestión que ya preocupa en varias regiones de la Argentina y que obliga a conocerlo a fondo, para tomar las mejores medidas para minimizar y enfrentar el problema. Con ese objetivo, participaron expertos del INTA, Aapresid, universidades y de la empresa anfitriona.

En una ciudad que recuperó su fisonomía playera habitual, luego de varias semanas de un crudo y poco habitual invierno, que hasta provocó nevadas en los alrededores, Ignacio Olea, de la Estación Experimental Agropecuaria Obispo Colombres, de Tucumán, una institución referente para todo el noroeste argentino, levantó la temperatura del debate cuando destacó la preocupación existente en su región de influencia por el Sorgo de Alepo, la maleza con la cual el problema de la resistencia a glifosato se hizo conocido para muchos en la Argentina.

"En el NOA se dan las condiciones térmicas e hídricas extremas que no se repiten en otras regiones del país y que favorecen el desarrollo del Sorgo de Alepo", dijo Olea.

Y advirtió que, si no se adoptan correctas medidas de manejo, esas malezas se multiplicarán. Por eso, dio recomendaciones concretas para tres niveles de presencia del problema en el campo. (Ver Un problema de…).

Si no se hace nada, una de las consecuencias es un aumento en los costos del cultivo, y en un nivel importante, que puede estar entre 50 y 70 dólares por hectárea, de acuerdo a las medidas de control que puedan hacer falta. "Por eso la prevención es fundamental", recordó Olea. Y advirtió: "si no hay un manejo apropiado, los campos se van a infestar indefectiblemente. Será una cuestión de tiempo, pero va a suceder".

Steve Powles, un divertido científico australiano que se ganó la simpatía del auditorio con los juegos con los que se refirió al problema sobre el escenario, dijo lo que todos piensan, y lo que pregonan todas las compañías que venden agroquímicos: hace falta diversidad, en cuanto a cultivos y a herbicidas.

"Está claro que los herbicidas son una fantástica herramienta para controlar a las malezas y que sin ellos no podemos tener la agricultura que tenemos. Pero necesitamos diversidad. Es esencial para la sustentabilidad", exhortó.

Powles mostró un mapa con la estimación de las hectáreas con problemas de malezas resistentes que hay en los principales países agrícolas del mundo y detalló que "la presión de selección del glifosato es tremendamente alta en EE.UU., Brasil y Argentina". Pero, en paralelo, exigió que se tomen medidas, como una mayor diversidad, para que el glifosato siga siendo una herramienta clave y sustentable en los esquemas productivos.

De la diversidad, justamente, habló, entre otras cuestiones, Santiago Lorenzatti, miembro de la comisión directiva de Aapresid y gerente de producción del Grupo Romagnoli, unas de las empresas pioneras del sistema de siembra directa en la Argentina.

De impecable traje azul, Lorenzatti llenó de datos el coqueto salón del hotel que albergó al congreso.

Este joven ingeniero detalló la intensificación de la rotación en siembra directa que fueron implementando en su empresa en los últimos años, que ahora les deja un planteo mucho más diverso en cultivos que hace varios años.

"La directa, la intensificación de la rotación, la inclusión de cultivos de cobertura… todo cambió el ambiente de producción. Hay más cultivos por unidad de tiempo, casi se eliminó el barbecho químico, hay una presencia permanente de altos residuos en superficie, y una mayor humedad permanente en los primeros centímetros del suelo", resumió.

E indicó que todo eso genera cambios en la presencia de plagas, mayor presión de enfermedades radiculares y de tallos, y una nueva diversidad y abundancia de malezas.

"Tenemos un nuevo ambiente y nuevos problemas, por lo cual debemos buscar nuevas soluciones", consideró Lorenzatti.

En este sentido, el alemán Rudiger Scheitza, miembro del directorio de Bayer CropScience, también dijo que la innovación será central, porque habrá que aumentar la productividad sobre una superficie agrícola limitada, para una población mundial con altas tasas de crecimiento que en 2050 llegará a unos 9.000 millones de personas.

Y, está claro, en la búsqueda de mayor productividad agrícola, el control de malezas es central.

Así, recordó que su compañía lanzó en 2009 en EE.UU. la soja resistente al herbicida Liberty Link, cuyo principio activo es el glufosinato de amonio.

Y adelantó que "se vienen herbicidas con principios activos apilados (stacks) dobles y triples para los próximos años para soja, el cultivo central en la Argentina de hoy.

Earle Gastaldi, gerente de Desarrollo de la compañía para el Cono Sur, contó qué impacto tendrá eso para nuestro país.

Reveló que se está trabajando en la posibilidad de salir con un herbicida que contenga glifosato y glufosinato de amonio (es decir, sería el tradicional glifosato más el Liberty Link) y en otro herbicida cuyo principio activo sería el HPPD, que pertenece a un nuevo grupo químico, como por ejemplo el isoxaflutole, que tiene un mecanismo de acción distinto y efecto residual.

El HPPD y el glufosinato de amonio no han mostrado hasta ahora casos de malezas resistentes, indicaron en la empresa.

Una opción es que el HPPD venga apilado sólo con el glifosato o que directamente se haga un herbicida apilado triple, que sume glifosato, glufosinato de amonio y HPPD.

"Hoy estamos trabajando en Argentina en el desarrollo de este herbicida para soja, porque ya se puede usar en maíz, aunque sólo como preemergente, porque no hay híbridos resistentes".

Pero, en soja, Bayer CropScience está colaborando con semilleros locales, que prefieren no revelar, en el desarrollo de variedades resistentes, que podrían estar disponibles para el año 2015.

Es decir, si las malezas son un problema, la ciencia ya está aportando soluciones. Pero, como dijo Olea, de la Estación Obispo Colombres, los productores deben hacer su aporte. Un manejo serio es central para que el problema no sea aún mayor.Rye Grass en trigo y Rama Negra en soja

Raúl Vigna, "malezólogo" del INTA Bordenave, presentó en el congreso el problema de las infestaciones de Rye Grass en el cultivo de trigo en el sur de la provincia de Buenos Aires.

Reconoció que dosis crecientes de glifosato mejoraron el control del problema, pero indicó que con dosis normales el control era bajo.

Y mostró varias opciones de manejo con graminicidas y algunos productos en mezcla con glifosato.

Por su parte, Milton Suzuki, responsable en Bayer del área de ensayos y desarrollo para América Latina, mostró el problema que se presentó con Rama Negra a varios productores de la Zona Núcleo, algunos cerca de Rosario. ¿Cómo lo manejaron? Con 2.4D antes de la siembra, una alta dosis de glifosato durante la soja y luego otros herbicidas durante el maíz que siguió a la oleaginosa en la rotación.

"Uno de los problemas pasa por los pocos modos de acción que se utilizan, por ejemplo en cereales como trigo y maíz, lo que facilita el surgimiento de malezas resistentes. Y, en soja, sólo se recurre a seis modos de acción", lamentó.

Los argentinos no sólo participaron en las conferencias, sino que varios lo hicieron también en una sección de trabajos técnicos, en la que mostraron las problemáticas de las malezas resistentes en diversas regiones de la Argentina, para debatir e intercambiar opiniones con colegas de toda América.

Un problema de nivel

Ignacio Olea, de la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres, de Tucumán, recordó en el congreso las recomendaciones que brindan a los productores para manejar el problema del Sorgo de Alepo resistente a glifosato. Y lo dividió en tres niveles:

Primero, los campos que no lo tienen, en los que se debe prevenir su ingreso, por ejemplo limpiando bien la cosechadora, que puede venir de otros campos que tengan sorgo y traer sus semillas.

Segundo, los campos que tienen plantas aisladas de Sorgo de Alepo o matas con distribución lineal porque el problema ya fue "estirado" por la cosechadora. Allí, Olea recomienda usar metolaclor, buen herbicida para gramíneas, aislando la zona afectada y dejando, además, una zona "buffer" a su alrededor. También hay que agregarle un manejo localizado por sitio específico, pulverizando con mochila. "Hay que impedir que el sorgo de alepo produzca semilla", dice Olea.

Finalmente, para campos altamente infestados, recomienda usar glifosato con 2.4D, más MSMA, en barbecho químico, que tienen un buen control, pero temporario. "En el mejor de los casos hay un mes", puntualiza el especialista. Luego, ya hay que seguir peleando por el control, pero con la soja implantada.

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