30 de enero de 2010 12:28 PM
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La fruticultura de California

El recorrido del viaje realizado por un grupo de nuestros asociados abarcó desde la intersección del Sacramento Valley y el San Joaquín Valley –en los alrededores de Sacramento (capital del Estado)– hasta, en la parte más al Sur de California, Vidalia y Selma –en el Sur del San Joaquín Valley–.

En la zona de Sacramento y Stockton –por la mayor influencia del Océano Pacífico, pues la altura de la Sierra de la Costa es menor– hay menor cantidad de horas de frío (caso similar al nuestro: unas 400 horas de frío invernal) y un clima más húmedo. Las condiciones agroclimáticas son muy buenas; suelos profundos, entre 1,5 y 6 metros, con menos de 400 mm de precipitaciones anuales, escasos vientos, una alta radiación solar (prácticamente nunca está nublado) e importante abastecimiento de agua mediante canales comunales y napas subterráneas. Allí predominan los manzanos y los perales destinados a abastecer el mercado de EEUU como primicias (llegan 15 días antes que la producción predominante de Oregon y Washington, Estados productores tradicionales de estas frutas). Pero la producción más importante es la de cerezos, nogales europeos y almendros. Existe muy poca fruta de carozo para consumo en fresco. En el Sur del Valle las condiciones son más continentales, hay mayor influencia de la Cordillera de la Costa (similar a lo que ocurre en San Juan y Mendoza en Argentina), hay mayor cantidad de horas de frío invernal (aproximadamente 1.000) y un ambiente mucho más seco. La producción predominante es la de frutales de carozo: duraznero, nectarino, ciruelo, damasco (se produce 80% del consumo estadounidense). También es importante la viticultura: uvas para pasas, uvas de vino (para vinificaciones de baja calidad y precio) y uvas de mesa (el rubro más rentable, en este momento, de todas las explotaciones frutícolas de la zona). Es una constante la presencia de los frutos secos: nogales, pecanes, almendros y pistachos, con cosecha mecanizada, evitándose así los crecientes problemas de mano de obra. Productores familiares… ¿familiares? El negocio de la fruticultura sigue siendo familiar. Han pasado de una generación a la otra y hoy día van por la cuarta. Padres, hijos y familiares políticos integran los cargos de dirección, lo que ha llevado a una acumulación de crecimiento continuo de las empresas durante 60 o 70 años. Los establecimientos cuentan con áreas de producción, desarrollo y marketing. Su magnitud es tan grande que una sola firma puede producir más que toda nuestra fruticultura de hoja caduca junta. Estas empresas desarrollan continuamente nuevos productos, introduciendo variedades de todo el mundo, realizando cruzamientos en los diferentes cultivos, aun inter-específicos (como duraznero por damasco, por ejemplo). Se busca dar al producto características diferenciales en: color de pulpa y cáscara, sabor, firmeza y contenido de azúcares. Son estudios que se financian ellas mismas. En otros casos han desarrollado sus propias tecnologías de packing, que les permiten diferenciarse en cuanto a inocuidad de alimentos. Cuidan celosamente las patentes y los registros, que les dan ventajas competitivas. Sus estándares de calidad son muy elevados y, para poder manejar adecuadamente el abastecimiento durante todo el año, comenzaron a desarrollar variedades para instalar cultivos en joint-ventures con productores del Cono Sur, dado que la fruta que llega de Chile o Sudáfrica no alcanza sus pautas de calidad. Los productores de menos de 20 hectáreas sólo pueden sobrevivir agregándole valor a su mercadería (como producción orgánica, venta directa al público). Los costos de comercialización e intermediación también son altos allí. Los paisajes se presentan con naranjales de casi 100 años de edad en plena producción, kiwis de más de 30 años sin faltantes de plantas, si tienen protección contra vientos. Su mayor problema son las heladas tempranas, para lo cual poseen sistemas de-sarrollados específicamente: grandes ventiladores, riegos por aspersión. El otro problema es el agua: deben regar mucho. Al po-seer suelos de texturas relativamente livianas y gran profundidad de arraigamiento, el riego predominante continúa siendo por inundación, con láminas de riego muy altas (más de 100 mm por riego). En nuestro país se generarían problemas de asfixia radicular con estas láminas. En general se suministran 1.000 mm de riego por temporada de cultivo (de marzo a setiembre) y se le da una gran importancia a cumplir con las necesidades de agua de los cultivos luego de la cosecha, para asegurar sus buenas condiciones fisiológicas en la zafra siguiente. Fue muy enriquecedora la visita a un vivero de frutales de carozo en el que, junto a la Universidad de California y la de Texas, se desarrollan los sistemas de manejo y las nuevas variedades. El comprador visita el vivero, observa in situ los resultados que se logran mediante manejos diferentes en cada variedad, y llega a comprar un producto "llave en mano". El vivero también posee cuadros de cultivos demostrativos donde se ve toda la oferta de variedades a cosechar en cada semana de la zafra. Esta empresa manifestó la preocupación acerca de un menor ritmo de plantación, por dos razones fundamentales: 1) la zona produce 80% de los frutales de carozo de EEUU y en los últimos 15 años la producción supera el consumo interno, con la correspondiente caída de precios de venta; 2) el aumento de las dificultades en la contratación de mano de obra (restricciones al trabajo ilegal), que hoy día, con cargas sociales incluidas, es del orden de los U$S 100 por trabajador por día. Unas de las estrategias que se plantean las empresas es establecer joint-ventures con productores mejicanos para producir allí (no pueden producir directamente en México, dado que no se permite a los extranjeros comprar ni arrendar tierra). Los responsables de ventas del vivero ejemplificaban su preocupación con respecto al futuro con el hecho de que parcelas que son arrancadas de frutales ya van por el tercer año de trigo (para su uso en tambos en confinamiento o feedlots) y no se han vuelto a plantar de frutales, como forma de regular el mercado, cuando lo normal era que pasaran por un ciclo de cultivo hortícola o cerealero entre plantación y plantación de frutales. Situación muy diferente a la que se da con otros rubros, como uva de mesa y almendros, que están en continua expansión.

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