1 de febrero de 2010 20:54 PM
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La nueva bandera de la carne argentina

La falta de espalda financiera para lograr escala y competir a nivel mundial tienta a los dueños de los frigoríficos locales a vender. Los colosos que vienen por la cuota Hilton.

Hace por lo menos cinco años dije que los frigoríficos brasileños iban a comprar a gran parte de los argentinos exportadores no sólo para ganar escala, lo cual es muy redituable a pesar de las restricciones, sino para quedarse con la cuota Hilton. No me quisieron escuchar pero es lo que está ocurriendo", asegura a FORTUNA Marcelo Rossi, ex titular de la Oficina Nacional de Control del Comercio Agropecuario (ONCCA).
Rossi, quien se alejó del cargo tras un duro enfrentamiento con el secretario de Comercio Guillermo Moreno por el reparto de subsidios al sector y asesora hoy al ministro de Asuntos Agrarios bonaerense Adolfo Rivara, tuvo razón.
Antes de fin de año, si se confirman las últimas operaciones a punto de cerrarse, más de la mitad de las exportaciones de alto valor (de cuota Hilton) quedará concentrada en manos extranjeras. Específicamente, los frigoríficos de origen nacional habrán cedido el 20% de la faena bovina y el 55% de las exportaciones a la Unión Europea de los cortes más cotizados.
"Como en los últimos años, en 2007 la mayor dinámica exportadora estará liderada por Brasil y Estados Unidos, que gradualmente recupera el terreno perdido, con crecimientos interanuales del 6% y 30%, respectivamente", sostiene Jorge Torelli, director de la Federación de Industrias Frigoríficas Regionales Argentinas y gerente general de Frigoríficos Mattievich. En ese sentido, las recientes adquisiones locales y las futuras forman parte de las estrategias de crecimiento de ambos países.
OLA DE COMPRAS.
 Los brasileños JBS Friboi y Marfrig, más los estadounidenses Tyson Foods y Cargill, adquirieron a precios muy convenientes en los últimos tres años los doce frigoríficos exportadores y plantas procesadoras de carne argentinas más importantes. Así es que, en el ámbito frigorífico nacional, donde hace una semana se produjo otra adquisición en Córdoba, sólo quedan dos o tres grandes operadores argentinos: el Grupo Mattievich, Coto y Frigorífico Rioplatense.
"Tanto los grupos brasileños como las multis de Estados Unidos tienen no sólo una necesidad de sumar más escala exportadora, sino que además cuentan con apoyo financiero público y privado en su origen", explica el director de la consultora abeceb Dante Sica, para quien la mucho menor espalda financiera de los locales para competir, sumada al desincentivo que significan las retenciones a la exportación de carne hacen que los argentinos no encuentren mejor opción que vender. "Brasil, por ejemplo, tiene al BNDES para las empresas y también para sumar capital en sus adquisiones en la región", apunta.
Las últimas compras de frigoríficos brasileños fueron Best Beef, Quickfood y el cordobés Col-Car. Ahora están negociando la compra de Rioplatense, de Rodolfo Costantini; Gorina, Arre Beef, Ecocarnes y otras plantas.
VEDAS Y CONTROLES.
Sin hablar de los frigoríficos PyMEs, que a pesar de todo pueden subsistir con el mercado interno, los grandes jugadores del mercado local enfrentaron en los últimos años problemas de competitividad para exportar. En la década pasada tenían un tipo de cambio desfavorable y luego, con la devaluación, pese a tener un dólar alto debieron soportar tres problemas cruzados, más allá del control de precios en el ámbito local: caída de los reintegros a la exportación, pérdida de mercados externos por la crisis aftósica y, en el último año, cierre parcial de las ventas al exterior combinado con aumento de retenciones tras la apertura oficial.
Al mismo tiempo, los mercados de destino, como Chile y los Estados Unidos, rápidamente cambiaron su provisión de la Argentina por la de frigoríficos uruguayos o brasileños, quizás con una calidad inferior pero más confiables en el just in time.
Con la virtual intervención del Mercado de Hacienda de Liniers, la tablita tarifaria sin membrete oficial que fijaba el precio de ciertos cortes que no se exportan, la polémica distribución de la cuota Hilton y los subsidios del Gobierno nacional para pagar sueldos en los frigoríficos exportadores afectados por las restricciones a las exportaciones, la industria cárnica nacional tuvo dos años cargados de idas y vueltas que agravaron los problemas de base del sector pecuario. En tanto, los grandes jugadores del negocio brasileño, ávidos de lograr escala regional para posicionarse más cómodamente a nivel global, cruzaron la frontera con el objetivo de aprovechar oportunidades. Brasil es ahora el primer exportador mundial de carne bovina, gracias a un rodeo de 200 millones de cabezas, el cuádruple que el argentino.
BARAJAR DE NUEVO.
El año próximo caduca la vigencia de la Resolución 113/04 que rige la distribución de la Hilton, y para la distribución de la cuota 2008/09 la SAGPyA debe emitir una nueva normativa. Hay varios legisladores del oficialismo estudiando un proyecto de ley para que el reparto se haga entre frigoríficos nacionales o de capitales mayoritariamente locales. Es que aquel 55% de la cuota en poder de empresas extranjeras representaría algo más de u$s 160 millones al año, que para los frigoríficos exportadores nacionales funcionan como una compensación adicional frente al control de precios de la carne fronteras adentro. "Esta situación de la cuota Hilton es un despropósito, porque fue una prerrogativa otorgada como una forma de calmar las protestas del país por los subsidios agrícolas a sus productores", recuerda Rossi, quien además sostiene que la cuota europea debería repartirse sólo entre los frigoríficos de capitales argentinos, que son cada vez menos. La cuota Hilton, dice, no es un privilegio de los exportadores sino un resarcimiento de los europeos, destinado a compensar a los frigoríficos argentinos frente a las políticas proteccionistas de Europa desde los ’70.
En la industria mundial saben que de los grandes países exportadores, la Argentina es prácticamente el único con posibilidades de aumentar su comercio exterior, por disponibilidad de territorio, status sanitario, mercados abiertos y calidad de sus carnes.
"Más que la extranjerización de los frigoríficos, cuyos propietarios no pueden lograr suficiente escala para exportar, me preocupa que deben vender agobiados por la falta de líneas de crédito para invertir y de políticas del Gobierno consistentes", analiza Sica.
Los diez frigoríficos locales efectivamente operados por los cuatro poderosos jugadores extranjeros (Cargill, Tyson Foods, Marfrig y JBS Friboi), cuentan con 9.830,3 de las 25.200 toneladas de cuota Hilton, cortes seleccionados de carne bovina que se cotizan en el mercado europeo a u$s 10.000/13.000 por unidad. Ese volumen suma nada menos que u$s 113 millones, pero se incrementará el año próximo cuando se le asigne tonelaje a las plantas que en 2007 no participaron de la distribución de Hilton, como Venado Tuerto y Pontevedra de JBS Friboi.
LA HISTORIA MARCA. Es casi una paradoja de la extranjerización pero, como advierte Rossi, "la industria frigorífica nacional fue creada por los capitales británicos y hoy, más de un siglo después, son los brasileños y los estadounidenses los que se están quedando con la mayoría de las empresas argentinas". Fue una industria creada por extranjeros y su futuro pasa también por inversores del exterior. En el medio, más allá de la gestión de los empresarios locales, por obra y gracia de la falta de políticas de largo plazo y las cíclicas crisis económicas, se preparó el terreno para la cruda actualidad del sector. La extranjerización resulta hoy una consecuencia casi natural de aquella historia.
"Creo que Brasil no vino a adquirir las plantas frigoríficas solamente. Más bien llegó a comprar el mercado para, gracias al probado status sanitario argentino, ingresar a Estados Unidos", concluye Rossi. Detrás de las tranqueras de los ganaderos hay otra preocupación que poco a poco se empieza a escuchar más fuerte en los ámbitos de discusión, aunque nadie se atreve a decirla ante un micrófono. En un sector frigorífico tradicionalmente atomizado, el grueso de la demanda de reses concentrado en apenas cuatro grandes compradores puede tender a la cartelización de precios, con lo cual los productores pecuarios podrían sumar un problema adicional a los ya existentes. Sin dudas la industria frigorífica nacional está en carne viva y la avalancha de inversiones extranjeras del último año está llegando hasta el hueso.

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