29 de abril de 2012 19:14 PM
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Cuna de la alta gama

Las bodegas boutique son un fenómeno en ascenso en nuestra vitivinicultura.

En el Nuevo Mundo del vino, el término boutique sigue de moda. En la última década se lo ha escuchado con mayor frecuencia en ferias, catas, festivales. Pero así como está en boca de todos, también genera confusión. ¿Qué significa que una bodega sea boutique? ¿Qué requisitos debe cumplir para entrar en esa categoría? ¿Se trata de un atributo que se asocia con la calidad o con la cantidad elaborada?

Una bodega boutique es aquella que posee una capacidad media de producción y que apunta siempre a la alta gama. Es un proyecto serio y a largo plazo que, generalmente, cuenta con un importante respaldo enológico. Varias bodegas de este estilo cuentan con el aval de winemakers de reconocimiento internacional como Paul Hobbes, Michel Rolland, Alberto Antonini, Juan Carlos Muñoz, Walter Bressia, Phillipe Caragel, Marcelo Pelleriti, Susana Balbo o Raúl Dávalos, entre otros. Además, detrás de cada emprendimiento hay historias que van más allá del vino y que, muchas veces, involucran a una familia entera. “El concepto boutique no solo se relaciona con la producción sino, también, con la calidad que debe sostenerse en el tiempo. Es decir, no toda bodega de poca producción hace vinos de calidad. En ese caso, se trata de emprendimientos de garage, que tienen más limitaciones. Y, si lo fundamental es la calidad, el otro diferencial es el volumen de producción, que oscila entre los 200 mil y el millón de litros, como máximo. Más allá de esa cifra, es muy difícil considerar boutique a una bodega”, explica Gastón Blondel, responsable de Clusters Wines, distribuidora de vinos premium. Y aclara: “Otro tema, no menor, es que, a veces, las boutique no tienen bodega propia pero sí viñedos, y que los enólogos son los dueños de los proyectos. Eso también es elemental, ya que el compromiso con el proyecto es mucho más importante que en otros casos en que los dueños son sólo inversores”.

Por su parte, Federico Cassone, enólogo y propietario de Bodega Familia Cassone, define el concepto de boutique asociado a lo familiar: “La terminología aplicada a una bodega debería referirse a varios conceptos involucrados en su producción. Esas particularidades tienen que ver con un pequeño volumen de vino producido, de cuidado personal o familiar. Con los años, esta categoría abarcó la idea de algo pequeño, coqueto, personal, artesanal, cuidado, exclusivo, único en su especie”. En consonancia, Sergio Carnevali, mentor de la distribuidora Soma Wines, sostiene: “Las bodegas boutique se vinculan ciento por ciento con lo artesanal. Sus productos no van a canales masivos. Y el cliente lo valora como un hallazgo porque, en general, son vinos de categoría internacional”.

A continuación, algunos casos emblemáticos e historias particulares de bodegas boutique que han evolucionado notablemente en términos de negocios, mercado y exportación:

Familia Cassone
Creada en 1998 por Eduardo Cassone y su familia, el espíritu emprendedor nació de la mano del pionero Roberto, quien se especializó en la elaboración de vinos durante la década de 1950. Él le transmitió su pasión por las viñas a las generaciones siguientes.

“Hace 12 años reiniciamos la actividad vitivinícola construyendo una bodega que mantiene la pureza y el arte de la producción de vinos finos, utilizando las uvas propias de la familia, provenientes de antiguos viñedos. La filosofía que da espíritu al emprendimiento es elaborar vinos de alta calidad, estilo moderno, con características bien definidas, como la frescura de la fruta, basado en el respeto por el medio ambiente y nuestro suelo”, sintetiza Federico Cassone, alma máter de la bodega que embotelló su primera cosecha en 1999, con un total de 80 mil unidades. Actualmente, ya alcanzaron las 400 mil, 80 por ciento de las cuales se exporta a los Estados Unidos, Canadá, Brasil, México, Colombia, Puerto Rico, Inglaterra, Holanda y Bélgica.

Bodegas Hinojosa
Ubicada en Tunuyán, en el mendocino Valle de Uco, nació en 1940 de la mano de los hermanos Silvestre y Francisco. Ambos compraron tierras en el distrito de Agua Amarga, a mil metros sobre el nivel del mar, siendo pioneros en esa zona que nadie consideraba apta para el cultivo de la vid. Finalmente, se trasladaron a Tunuyán, donde adquirieron 122 hectáreas. En el año 2000, la familia incorporó tecnología de punta para fraccionar su propia línea, que lleva el nombre de Don Silvestre. Aquí, la tradición enológica y las infinitas innovaciones del vino siguen vivas en los integrantes de la tercera generación, unida en pos de un mismo objetivo: seguir produciendo vinos de excelencia inspirados en los elementos más nobles de la naturaleza.

“En ese lugar donde conjugamos el carácter de nuestros viñedos, la tradición familiar y el trabajo artesanal es donde están nuestras tierras. Ahí, donde el sol está más cerca y donde la luna y las estrellas brillan sin igual, ahí mismo, es donde alcanzamos la mejor expresión del vino”, aseguran los descendientes de los hermanos Hinojosa. Esta bodega pequeña y pujante se caracteriza por elaborar partidas limitadas de varietales tradicionales.

Deumayen
Un caso muy particular el de esta bodega que ha tenido un singular éxito con su primer producto, el Reserva Malbec Trez, cosecha 2007, calificado con 92 puntos por el periodista especializado Robert Parker. “Gran parte de las 22 mil botellas elaboradas fueron colocadas tanto en mercados externos, que fueron los primeros atacados por la empresa, como en el interno, donde ya está en los mejores restaurantes y vinotecas de Buenos Aires. La estrategia actual de la empresa consiste en consolidar su presencia en los Estados Unidos, Gran Bretaña, Canadá y Suiza, así como seguir ampliando la presencia local. Por eso, ya está disponible la cosecha 2008, que fue calificada por Parker con 90 puntos y en cuya elaboración también intervino, como asesor, el enólogo Roberto De la Mota”, se ufana -merecidamente- Esteban Zombory, responsable de la bodega.
Una curiosidad es que la firma distribuye en nuestro país el vino blanco dulce Aszú 6 Puttony 2003, de Bodegas Zombory Pince, de Hungría, cuyos viñedos están en las laderas volcánicas de los montes de Tokaj Hegyalja, una célebre región vitivinícola de apenas 4 mil hectáreas de superficie cultivable, que fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Desde el siglo XVII se dice que el tokaj es “el vino de los reyes y el rey de los vinos”.

Giménez Rilli
La familia está vinculada al mundo del vino desde hace más de medio siglo. En 1945, don Pedro Giménez desembarcó en Maipú para darle rienda suelta al sueño de tener su propia bodega. Hoy, de la mano de Pablo, Federico y Juan Manuel -tercera generación-, la bodega conjuga a la perfección un pasado tradicional, un presente exitoso y un futuro promisorio. “El manejo de una bodega boutique no es para nada fácil, pues hay que poner todo de uno mismo: significa prestar mucha atención y estar permanentemente abarcando todos los temas y variantes, desde el viñedo, los recursos, los distribuidores y la publicidad, hasta el contacto directo con el consumidor final. Desde ya, entrar al mercado vitivinícola es complicado, hay muchas trabas y barreras de ingreso. Nuestra bodega está ubicada en el Valle de Uco, rodeada de capitales extranjeros y mucha competencia. Siempre tenemos que estar despiertos: con cada vino hay que ser creativo e innovador, sin restar importancia a la experiencia. Hoy, además de todo lo que he aprendido gracias a mis padres y mis abuelos, contamos también con el enólogo Pablo Martorell, quien nos acompaña desde hace ya tres vendimias”, detalla Federico Giménez. Y agrega: “El vino es una creación propia y, en nuestra familia en concreto, es una tradición que forma parte de nuestras vidas. Por eso me inclino a realizar una gestión de comercialización personal, lo que me ha demandado mucho tiempo”.

Cavas del 23
Inmersa en Rodeo de la Cruz, departamento de Guaymallén, la bodega es una auténtica reliquia, construida en 1923, que reúne las condiciones para llevar adelante un proyecto destinado a producir vino de calidad en partidas limitadas. El edificio fue reacondicionado, manteniendo su estructura y materiales originales, para conservarlo como monumento histórico.

Algunos datos interesantes: la bodega original contaba con 10 piletas de cemento, de 100 mil litros cada una, que actualmente no son utilizadas en la elaboración de los vinos de Cavas del 23, ya que estaban preparadas para almacenar vinos a granel. Ocho de ellas fueron dadas de baja y se las recicló, conservando la estructura original.

“El vino se hace en la viña” es el lema de la nueva etapa. Por eso, elaboran vinos jóvenes, sin aportes secundarios de madera, privilegiando las propiedades de la fruta, sin aditamentos complejos que modifiquen el aroma y el sabor. La novedad más saliente, vinculada con el turismo enológico, es la inauguración de una posada en las instalaciones de la bodega, para lo cual se reacondicionaron las antiguas piletas, transformadas en suites, espacios de degustación gastronómica y recepción de clientes. Una apuesta superadora en la cual se invirtieron u$s 400 mil, sumando, así, una nueva perla a la Ruta del Vino en Mendoza.

Carina E
Los franceses Brigitte y Philippe Subra llegaron a nuestro país en 1998, en busca de nuevos horizontes. Y quedaron rápidamente encantados con Mendoza, donde Phillipe dirigió, durante cuatro años, la filial de Electricité de France. Finalizado el contrato, el matrimonio decidió emprender una nueva actividad ligada a la producción de vinos. Así nació CarinaE Viñedos & Bodega, fruto de ese amor a primera vista por la tierra mendocina. A principios de 2003, los Subra adquirieron dos fincas vecinas, con una antigua bodega, en Cruz de Piedra, departamento de Maipú, a los fines de desarrollar un emprendimiento familiar totalmente integrado: de la tierra a la copa. Hoy, se ha consolidado como una pequeña bodega de producción artesanal que elabora vinos de muy alta calidad.

Un punto a destacar: la pareja decidió buscar el experto asesoramiento del equipo de Michel Rolland, a través de la consultora Enorolland. “Elaboramos vinos modernos de alta gama a partir de uvas provenientes de viñedos propios de bajo rendimiento. Nuestras líneas se caracterizan por su estructura, frutosidad, suavidad, frescura y balance. Además, son poco agresivos en cuanto a sus taninos y acidez y se pueden beber jóvenes. Sin embargo, su estructura permite, sobre todo en las líneas media y premium, una guarda de más de 15 años”, explica Philippe Subra. La bodega tiene un volumen de producción que alcanza las 90 mil botellas, y se estima que, en función de la superficie plantada y el estado de las viñas actuales, en unos cuatro años podría llegar a las 120 mil. Actualmente, exporta el 70 % de su producción.

Viña Las Perdices
Un cuidado emprendimiento familiar desarrollado por Juan Muñoz López, su esposa Rosario y sus hijos Nicolás, Estela y Carlos. La pasión por el terruño, la actividad vitivinícola y el desafío de la crianza de vinos finos de viñedos propios, los animó a emprender este fascinante camino. En su filosofía, la bodega fusiona la meticulosa mano del hombre, encargada del especial cuidado de la uva, con la elaboración de vinos finos de alta calidad, priorizando el respeto por el medio ambiente. La combinación de la tecnología de punta con los procesos de elaboración constituyen los ingredientes de la receta que la familia Muñoz López utiliza para producir artesanalmente sus vinos.

Ubicada en el corazón de Agrelo, Luján de Cuyo, cuenta con más de 60 hectáreas de viñedos, que incluyen viñas de más de 30 años e implantaciones nuevas a partir de 1999. Además, poseen una segunda propiedad en la zona vitivinícola de Barrancas, en Maipú, que completa el total de 80 hectáreas de viñedos propios, donde crecen 12 variedades diferentes. “Actualmente, comercializamos unas 200 mil botellas. Y el 75 % de nuestras líneas van al mercado externo, con los Estados Unidos, México, Costa Rica, Colombia, Holanda, Suiza y Alemania como destinos principales”.

Caelum
“Como el cincel para el escultor, las manos son para nosotros la herramienta de elaboración de nuestros vinos”. Ese es el lema de esta bodega familiar, ubicada en Agrelo, que nació en 2008 con el objetivo de elaborar productos de alta calidad. “Cada día buscamos superarnos, respetando el medioambiente y manteniendo la estructura familiar para asegurar el cuidado de cada botella”, apunta Constanza Pimentel, sommelier responsable de la firma junto a su madre e ingeniera agrónoma María de las Mercedes Díaz.

La filosofía de Caelum es lograr, desde una fusión equilibrada entre tradición y tecnología, un proceso óptimo de vinificación. Es decir, por un lado, la bodega está equipada con maquinaria importada de última generación, tanques de acero inoxidable y nuevas barricas de roble francés y, por otro lado, respeta los principios de la elaboración artesanal.

Construida en piedra, la bodega tiene una estructura moderna mimetizada con los viñedos y la cordillera de los Andes como impactante telón de fondo. Lo más curioso es la presencia de árboles de pistacho en la finca de 30 hectáreas, que conviven de maravillas con los viñedos de malbec y cabernet sauvignon. “La idea surgió de la búsqueda de alternativas que pudieran abrir nuevos nichos comerciales. Siendo los frutos procesados de manera artesanal y atendiendo cuidadosamente las variables de calidad, logramos un producto único en Mendoza y muy apreciado por ser una exquisita fruta exótica”, concluye Pimentel.

Staphyle
Ubicada en el corazón de Luján de Cuyo, fue recuperada a fines de 1970 por la tradicional familia mendocina Porretta. Desde entonces, la filosofía del emprendimiento es dedicarse 100 % al proyecto, las 24 horas. “Nuestro objetivo primordial es elaborar vinos premium, conservando la esencia artesanal en cada etapa de producción y elaboración para satisfacer con creces al consumidor”, explica su director, Federico Porretta.
El abecé de Staphyle está escrito en los valores que promueven: ética, seriedad, idoneidad, planificación, honestidad, compromiso, profesionalismo, cumplimiento e innovación. Focalizada en varietales frutados, con mucha expresión y tipicidad, su producto más preciado es el bonarda, que rápidamente se posicionó como emblemático. Según el sommelier Luis Mantegini, el secreto del éxito se fundamenta en que “estamos apostando a comunicar el producto de una manera distinta, estableciendo un mano a mano con el consumidor. Además, trabajamos en el nuevo concepto de vinos que hoy se impone en la Argentina: mucha tipicidad sin tanta presencia de madera”.

El Porvenir de los Andes
Hace 12 años, la familia Romero Marcuzzi compró esta bodega cafayateña, fundada en 1890 por inmigrantes italianos, con la firme convicción de convertirla en una de las mejores de nuestro país. Por eso, invirtieron grandes sumas en infraestructura, tecnología y nuevos viñedos. Hoy, El Porvenir es reconocida a nivel internacional por elaborar partidas limitadas de vinos de altísima calidad a partir de uvas cosechadas a 1.750 metros sobre el nivel del mar. Actualmente, Lucía Romero Marcuzzi dirige este emprendimiento: “Rendimos culto a la dedicación, la calidad y la elegancia de nuestros productos, así como al compromiso con la región y la comunidad de Cafayate”. Para obtener vinos de altura exclusivos, la producción se limita a 150 mil botellas por año. Hoy, el prestigioso enólogo estadounidense Paul Hobbs es el consultor estrella de la bodega, un respaldo que potencia a Salta como región vitivinícola premium.

Otra de las variables diferenciales de la bodega es su adhesión a los criterios de agricultura sustentable, que se traduce en uso racional de agroquímicos, menor erosión de suelos, uso medido del agua de riego, conservación de ecosistemas y reutilización de desechos como abono agrícola.

Ave
Hace 6 años, Iacopo Di Bugno y Mario Pardini, dos jóvenes toscanos apasionados por el vino, desembarcaron en Mendoza. Y, desde que pisaron suelo cuyano, soñaron con tener su propia bodega en el Nuevo Mundo. Así nació el ambicioso Proyecto Ave, un emprendimiento boutique de filosofía y estilo italiano en la Argentina que, inmerso en una finca de ensueño de 40 hectáereas, en la prestigiosa zona de Perdriel, cuenta con el respaldo enológico del winemaker Alberto Antonini.

“Es un proyecto de vida. Desde que llegamos, quisimos quedarnos a vivir aquí para entender lo que estaba pasando con el vino en la Argentina. Y quisimos ser parte del renacimiento vitivinícola del país. Somos toscanos e imprimimos el sello de esa región en nuestros vinos, que hablan de nuestra identidad, por ejemplo, por su acidez acentuada, típica de los varietales toscanos”, explica Di Bugno. Lo paradójico es que Ave apuesta fuertemente al malbec y también propone un novedoso torrontés, de estilo moderno: es decir, se centra en las variedades emblemáticas de la Argentina.

Pero, lo más destacado es su etiqueta ícono bautizada Memento, que combina siete variedades (malbec, bonarda, tempranillo, cabernet sauvignon, cabernet franc, merlot y syrah).

“Arrancamos con 5 mil botellas; ahora estamos en las 150 mil y nuestro objetivo final es llegar a las 230 mil. Culturalmente, no estamos acostumbrados a realizar más volumen. Nuestro proyecto tiene que permanecer boutique porque, de lo contrario, perdería su alma”, concluye Di Bugno.

Krontiras
Emprendimiento de capitales griegos, que produce 20 mil botellas y que, en cuatro años, apunta a alcanzar la meta de 200 mil. “Somos una bodega en la que se trabaja cada botella con mucha dedicación. Elaboramos cuatro malbec diferentes entre sí pero que, al mismo tiempo, mantienen una línea  asegura Martín Pérez Cambet, responsable de Marketing & Comunicación.

La bodega tiene dos fincas: una en Luján de Cuyo, con un viñedo de 80 años, y otra en Maipú. Ambas poseen certificación orgánica para los mercados europeo y estadounidense y, desde hace dos años, se trabajan en forma biodinámica. “Si bien la bodega elabora orgánicos, apunta a una segunda etapa de biodinamia. Esta técnica entiende a la unidad de producción (finca/viñedo/ambiente) como un todo. Es decir, todo aquello que se incorpora a la tierra y a cada planta proviene de la propia finca y, a raíz de ello, este esquema de autosuficiencia actúa como un ecosistema en sí mismo. Por eso, la biodinamia incorpora animales y trabaja con la energía y fuerzas del planeta y otros cuerpos celestes. En Krontiras, la mayor parte del trabajo se hace a caballo, hay árboles frutales y olivos que se combinan entre las viñas para dar un clima de armonía y equilibrio, y se deja el verdeo entre hileras, dando por resultado una imagen visual muy diferente al típico viñedo mendocino”, explica Pérez Cambet.

Actualmente, Krontiras está trabajando junto a Demeter (la certificadora biodinámica más importante del mundo) a efectos de poder tener la certificación total en 2012.

Urraca
Es el sueño hecho realidad de John Langley y su familia, que siempre quiso elaborar vinos premium. Luego de haber recorrido diferentes terruños, los Langley se enamoraron de Mendoza y, en 2005, empezaron a vinificar. El lugar elegido fue Agrelo, zona tradicional de nuestra vitivinicultura.

Para lograr la máxima calidad de los productos, confiaron en el ojo clínico del prestigioso enólogo Walter Bressia y el expertise del ingeniero agrónomo Marcelo Casazza. Ellos trabajan junto a un gran equipo en busca de vinos complejos, envolventes, seductores, plenos de sensaciones mágicas. Por el momento, Urraca elabora dos blends súper elegantes y tres varietales con mucha tipicidad. Si algo caracteriza a esta bodega es la intensidad de los vinos en colores, aromas y sabores. El objetivo es claro: integrar la tradición del Viejo Mundo con la más alta tecnología. La bodega está en proceso de construcción y tendrá una capacidad de elaboración de 800 mil litros. Para la ejecución del proyecto final, se invertirán más de u$s 5 millones. El camino es largo y hay mucho por recorrer. El primer paso ya está dado.

Lamadrid
Nace en 2005, de la mano de Guillermo García Lamadrid y el prestigioso enólogo Héctor Durigutti. Actualmente, la bodega produce 500 mil litros por año y apunta exclusivamente a los vinos de alta gama. “Nos interesa mostrar al mundo el potencial de la Argentina, que puede competir de igual e igual con el Viejo Mundo. Y queremos hacerlo desde una bodega distinta”, apuntan.

La dupla que dio origen al proyecto se lleva de maravillas y da sus frutos día a día. Guillermo García Lamadrid trabajó en la industria de la importación y distribución de productos alimenticios, principalmente en Puerto Rico, pero también en Estados Unidos. Por su parte, Durigutti es representante de la movida bautizada como Nueva Enología, que está teniendo mucho suceso aquí y en el mundo: “Esta técnica nace de combinar piletas de cemento con tanques de acero inoxidable; las tradicionales barricas con las innovadoras duelas de roble sumergidas; de la incorporación de corchos sintéticos y del desafío de usar levaduras autóctonas. Vinos sin filtrar, con sangrías que supieron mejorarlos, viñedos de 80 años que engendran vinos jóvenes. En síntesis, la vieja enología y las nuevas prácticas tecnológicas dan un nuevo estilo. Y esa es nuestra identidad”, proclaman.

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