2 de febrero de 2010 13:34 PM
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Esta es la triste realidad que vive el campo a sólo 6 horas de Capital Federal

La sequía golpea sin respiro al sudoeste bonaerense, y ya suman 12 los distritos que padecen las consecuencias del desastre. El suelo fértil se hace desierto. La mortandad vacuna supera el millón de cabezas, fracasan las cosechas y aumenta el abandono de campos. Hay éxodo de gente a las ciudades.

Cosechas de trigo perdidas en su totalidad en los últimos dos años. Más de 1 millón de cabezas extintas y un número similar de vacas desplazadas a otros puntos de la Argentina.  
Desaparición del suelo fértil y candados que clausuran las tranqueras de estancias completamente abandonadas. Nueva ola migratoria del campo a la ciudad.

La sequía golpea sin respiro al sudoeste de la provincia de Buenos Aires, y ya suman 12 los distritos que en el último bienio vienen padeciendo las consecuencias de un desastre sin aparente fecha de vencimiento.

Se trata de una de las principales zonas trigueras y de producción de carne y leche del país, y que hoy sufre un fenómeno inédito hasta hace una década: la desertificación. La pérdida de hasta 20 centímetros de tierra fértil a manos de la falta de lluvias y el incremento de vientos que, poco a poco, han hecho del área un auténtico mar de dunas y desolación.

“Esta zona era una proveedora constante de terneros para feedlots y para los grandes invernadores del sur de Córdoba y el oeste bonaerense. Hoy todo eso casi no existe”, comentó a iProfesional.com Roberto Molini, senador bonaerense por el partido GEN y productor agropecuario del sudoeste.

Y ejemplificó: “En los últimos 16 meses ha habido muchos remates de hasta 8.000 cabezas de ganado. Antes, el número no superaba los 2.000 ejemplares. Hay un éxodo de cabezas terrible“.

Jaime Linares, también diputado de GEN y ex Intendente de Bahía Blanca, remarcó el impacto que la sequía viene teniendo sobre el proceso de cría vacuno.

“La pérdida de vientres ha sido enorme. En algunos casos, porque no se pudo mantener la alimentación, y en otros porque hubo que vender las vacas en el estado en que estaban. Se habría perdido alrededor del 30%”, aseguró a iProfesional.com.

El funcionario sostuvo que ese porcentaje “equivale a cerca de 300.000 crías. Este número se perdió en menos de tres años”, expresó.

El área afectada por el creciente proceso de desertificación representa el 25% del territorio de la provincia de Buenos Aires. Contempla los campos comprendidos dentro de los partidos de Adolfo Alsina, Saavedra, Puán, Tornquist, Coronel Rosales, Bahía Blanca, Coronel Dorrego, Villarino, Carmen de Patagones, Coronel Pringles, Guaminí y Coronel Suárez.

La zona nuclea a casi 600.000 habitantes, en épocas de bonanza climática y productiva llegó a generar un movimiento económico anual cercano a los $14.000 millones.

De ese total, el 11% tenía su origen en la actividad agropecuaria; ésto, producto de los más de 12.000 emprendimientos que funcionaron en ese sector hasta hace apenas cinco años.
Hoy, el derrumbe de todas estas cifras es tal que, según Molini, “resulta imposible tener datos concretos respecto de cuánto sigue generando el campo en términos de negocios”.

Incluso se desconoce cuántos productores quedan activos. El grueso de los pequeños y medianos están abandonando los campos para irse a vivir a los pueblos y ciudades“, enfatizó.
 
De rodillas
“Más allá de que el proceso alcanza a toda esta parte de la provincia, hay que decir que el aspecto desértico afecta con mayor fuerza a Puán, Villarino y Patagones. La carne, ya lo dijimos, está complicada, pero lo mismo pasa con el trigo. El impacto en la zona ha sido demasiado grande”, sostuvo Jaime Linares.

Patagones, precisamente, aparece como uno de los distritos donde más se evidencian los efectos de la desertificación. En diciembre último, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) elaboró un informe en base a imágenes tomadas por una estación experimental con tecnología de la NASA.

Según precisaron los expertos, la catástrofe natural que afecta a ese partido tiene su origen en un fenómeno progresivo iniciado hace unos 40 años, momento en que los campos empezaron a producir menos y comenzó a faltar pastura.

Sobre ese punto, desde la Chacra Experimental de Patagones aseguraron a este medio que de las 900.000 hectáreas que había de monte en las últimas décadas, en la actualidad sólo quedan poco más de 400.000.

En sintonía con el dramatismo que reflejan los datos expuestos, el vicepresidente de la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (CARBAP), Jorge Srodek, reclamó al gobierno bonaerense que “reaccione ya, ante la situación desesperada que viven los productores del sudoeste” provincial.

El dirigente precisó, recientemente, que “la nueva cosecha de cebada está prácticamente perdida, la de trigo será paupérrima, el stock ganadero cayó a cifras alarmantes, los tambos desaparecen, la desertificación es una realidad y los pueblos viven un éxodo rural que traslada la crisis a la ciudad de Bahía Blanca“.

Campos que se vuelan
Molini, en tanto, abordó un fenómeno que, originado por la sequía, profundiza el rasgo desértico que ya se yergue en el sudoeste bonaerense: la “voladura” de los campos.

Villarino y Patagones, por ejemplo, han perdido su estructura de suelo. Ahora tienen campos que no sirven para el cultivo“, dijo el funcionario a iProfesional.com.

Y amplió: “¿Por qué se da esto? Porque se han volado hasta 20 centímetros de capa fértil de estos terrenos, que luego pasaron a acumularse hasta a 50 kilómetros de su lugar de origen. Esto terminó dando origen a dunas muy importantes“.

El avance de la desertificación en estos campos culminó por atraer la atención de un grupo de investigadores del Instituto Argentino de Investigaciones de Zonas Áridas (IADIZA) quienes hace escasas semanas, y tras recorrer la región, se mostraron sorprendidos por la rapidez con que avanza el fenómeno.

En este sentido, Elena Abraham, directora del IADIZA, afirmó: “Observamos que, en algunos campos, se han perdido más de 15 centímetros de la capa fértil”. Para luego añadir: “En zonas áridas, o en tierras secas, producir unos centímetros de suelo involucra un proceso de más de 10 mil años”.

¿Cómo repercute la situación en el negocio inmobiliario de la región? Molini, de GEN, fue contundente: “El negocio de la tierra está parado“.

“Los inversores se retiran. Desaparecen y se meten en otros negocios. Mientras que los arrendatarios rompen los contratos o abandonan los lotes porque no pueden pagar los alquileres”, señaló.

El funcionario y productor agropecuario aseguró que “ahora están sobrando los campos y los negocios están todos frenados”.

“Todo esto ha derivado en que nadie se anime a invertir en una zona donde no se puede cosechar. De ahí que hay campos que directamente están cerrados. Con candado en la tranquera y todo. Lo peor es no saber cuando todo esto puede cambiar“, concluyó.

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