7 de febrero de 2010 00:52 AM
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Tras el despido de 80 trabajadores en el Frigorífico Rioplatense, dictan conciliación obligatoria

El viernes pasado el frigorífico Rioplatense, uno de los más grandes de América Latina despidió a ochenta personas, que se sumaron a las 20 cesanteadas semanas antes.

Ese mismo día los trabajadores cortaron Avenida Constituyentes (Ex ruta 9) y por la tarde se reunieron con representantes de la empresa y del Ministerio de Trabajo en la cartera laboral en donde dictaron la conciliación obligatoria por quince días. Hay amenazas de que se produzcan ciento veinte despidos más y los trabajadores aseguraron que defenderán los puestos de trabajo. Al dictarse la conciliación, los directivos aceptaron que los ochenta trabajadores vuelvan a sus puestos, aunque advirtieron que, al no haber actividad no tendrían tareas para realizar. El argumento del gerente de frigorífico Rioplatense frente a los despidos es la falta de trabajo por la disminución de la producción, en una empresa que, en el 2009 recibió siete millones de pesos en subsidios y que tiene importantes ganancias por sus exportaciones a Europa, además de ser una de las principales abastecedoras de supermercados como Carrefour.”Los directivos quieren vender la planta y lo que hacen hoy, como hicieron en otras oportunidades, es generar paranoia para que parezca que despedir gente es inevitable, que no se puede hacer nada. Lo cierto es que nosotros ya los conocemos, sabemos las ganancias que tuvieron y no vamos a permitir que despidan a nuestros compañeros”, aseguró Carlos Zerrizuela, delegado de los trabajadores del frigorífico. En el 2008 en Prensa De Frente informábamos sobre despidos en el frigorífico y en la elección de una comisión interna independiente y combativa, después de 8 años de complicidad entre los delegados y la empresa. Hoy, con la vigencia de esta comisión, la relación de fuerzas con los directivos de la empresa es distinta. “La empresa no está acostumbrada a ceder frente a los trabajadores, pero hoy tenemos una comisión interna que no se va a quedar con los brazos, que va a dar pelea. Hace unos años cuando había un accidente de trabajo, la empresa ni siquiera lo denunciaba a la ART, los compañeros se quedaban en su casa y pasaban parte de enfermos. Hoy tienen que denunciarlo porque ya saben que sino lo hacen ellos, lo hacen los delegados”, aseguró una trabajadora del frigorífico que milita en la Organización Popular Fogoneros del barrio Las Tunas.Los trabajadores se encuentran en condiciones insalubres. Desde soportar bajas temperaturas durante largas horas en las cámaras, hasta depender de su capacidad monetaria para comprarse elementos básicos de seguridad como guantes. Cuchillos, guantes de acero, todo corre por cuenta de cada uno y, en promedio hay de 70 a 100 accidentes. La pelea frente al dueño del frigorífico es difícil. Roberto Constantini, no solo lleva años ganando con el negocio de la carne, sino que además es dueño del Nordelta y del City Group. Una semana antes de anunciar los despidos, brindaba con los grandes empresarios del país, en la Fiesta de Fiat en Punta del Este. Los trabajadores cuentan que hace unos meses hicieron un paro porque no les habían depositado un dinero con el que contaban a mitad de mes. Muchos conocieron en esa oportunidad a Constantini. “Por cien pesos miserables tanto quilombo”, dicen que fueron las palabras de Constantini. Frente a la protesta de los trabajadores, quiso dejar en claro, “el dueño acá soy yo” y no los delegados, a los que trató de “lacras”. Antes de las elecciones nacionales, fue visitado por Néstor Kirchner y Daniel Scioli, a quienes los hizo llegar en helicóptero hasta la planta para recorrerla junto a ellos. Estos datos podrían explicar por qué habría recibido un subsidio irregular de la ONCCA, por qué se habría beneficiado con el reparto de la cuota Hilton y por qué dicen que es quien fundió el frigorífico Santa Elena. Hoy, los ochenta trabajadores se reincorporaron a la planta. Tienen quince días hábiles en donde rige la conciliación obligatoria y se preparan para dar pelea: no permitir que ninguno de los trabajadores quede afuera del frigorífico.

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