8 de febrero de 2010 07:36 AM
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Pesca : Buscando rentabilidad

Las empresas pesqueras locales esperan recuperar la rentabilidad que cedieron el año pasado. Para eso, necesitan un dólar que acompañe el aumento progresivo de la inflación. También sería vital un reacomodamiento de los precios en el mercado externo. Sin embargo, son optimistas y esperan un 2010 positivo.

La semana pasada compartíamos datos estadísticos de lo que había dejado el 2009 en materia de información sobre la industria pesquera. Vimos que la actividad había perdido rentabilidad en el contexto de crisis internacional que sacudió a los mercados en el final del 2008.
Uno de los datos que se conoce, hasta el momento, es el aportado por uno de los organismos nacionales: el SENASA. Oficialmente, este órgano de contralor ha estimado que la industria pesquera exportó durante el año pasado 444.584 toneladas de pescados y mariscos a cambio de u$s 1.094 millones, lo que implicó una caída del 12% en volumen y 4% en divisas.
Dicho así, y considerando que el 2009 fue un año negativo en muchos aspectos, influenciado por los primeros seis meses donde el mundo sufrió un achicamiento de la economía y "mercados cerrados", el dato macroeconómico no parece demasiado crítico. Pero cuando se traslada a la situación particular hay que analizar caso por caso para determinar qué efecto ha tenido la situación.

Otro escenario

Una alta fuente del empresariado local le dijo a este medio que "después de la crisis, nadie quiere tener stock". Esto se repite tanto en Brasil, donde van muchas de las exportaciones de pescados marplatenses, como en Estados Unidos y Europa, destinos de los frutos de nuestro mar.
Esta situación ha cambiado la dinámica del comercio exterior. Por un lado, hace que se no se puedan achicar costos al no poder trabajar con grandes volúmenes. Por el otro, disminuye la posibilidad de aportar la tranquilidad que generan las ventas en gran escala.
Si bien el precio de la merluza se recuperó paulatinamente durante el año pasado, aún no está en valores extraordinarios. Hoy en día la tonelada se comercializa a u$s 2.600, unos trescientos dólares más del límite del negocio. Pero hay otro elemento a considerar: el dólar está retrasado en relación a la inflación y los costos internos.
Cada año los aumentos de salarios, el costo logístico, la presión tributaria y el incremento de los precios de la canasta básica familiar ejercen una presión importante sobre las empresas, que termina en pérdida de rentabilidad.
Para la pesca, un dólar conveniente hoy sería de $ 4,20. Sin embargo, el último informe de Inflación del Banco Central de la República Argentina, que lleva la firma de Miguel Ángel Pesce, prevé ese valor de la divisa norteamericana recién para diciembre de este año.
En el medio, el empresariado va a tener que luchar contra: las negociaciones salariales que se abrirán en junio y que, ya anticipan los gremios, buscarán aumentos del orden del 20%; el aumento de los precios logísticos (fundamentalmente el combustible y los servicios) y el atraso cambiario.
Por suerte para quienes se dedican a la actividad de exportación, el Estado todavía reserva para ellos la exención de algunos impuestos. De otra manera sería inviable afrontar mayores costos.

Más optimismo

Pero pese a todo hay una sensación de mayor optimismo en el sector. Por estos días comenzaron las exportaciones a Brasil, impulsadas por la proximidad con las fiestas de Semana Santa. Esto dinamiza la mano de obra interna y genera oportunidad de negocios con el mayor mercado continental.
Tímidamente, los mercados internacionales empiezan a operar, aunque con algunas medidas preventivas, especulando con no ser afectados por otra crisis financiera internacional. A propósito de esto, el mismo Banco Mundial ha dicho esta semana que nadie está en condiciones de afirmar que ya se haya superado la crisis que se originó en los mercados en 2008.
En el puerto hay varias señales favorables. Una de ellas es la migración de empresas y barcos patagónicos que están eligiendo Mar del Plata como puerto de amarre. Esto significa que en el corto plazo más gente será empleada en la actividad industrial.
De hecho, la situación ha llegado al punto de que Alpesca, una empresa emblemática en Chubut y de capitales sudafricanos, analiza vender la flota a las empresas de nuestra ciudad. Esta cuestión generó una enérgica respuesta del gobernador chubutense Mario Das Neves, quien dijo que "Mar del Plata es responsable de la crisis que atraviesa la pesca en su provincia".

Crédito, se necesita

Con todo este panorama, varias son las empresas locales que tienen proyectos de expansión en el corto plazo. Esas empresas han logrado mejorar su actividad comercial en el mercado externo, y hoy les requieren productos con distintas disposiciones y normas que deben cumplir.
Hay dos casos testigo. Para los que exportan a Europa, uno de los requerimientos es dar cumplimiento a los procesos de trazabilidad impuestos por la Unión Europea. Esto hace que se tenga un sistema de seguimiento seguro de las mercaderías en tránsito y que se garantice que los lugares de tránsito son aptos desde el punto de vista de la salubridad, seguridad e higiene. Y aquellos que exportan a Brasil tienen que procesar el pescado en bolsas de un kilo, listo para la comercialización en los puntos de venta, ya que en ese país se impuso el año pasado la prohibición de que los supermercados sean los fraccionadores de las mercaderías.
Estos aspectos, propios del crecimiento, requieren de un acompañamiento del sector bancario. Es fundamental que las compañías obtengan financiación para poder dar respuestas a las nuevas necesidades del mercado. Sobre llovido, mojado

Otro sector que sufrirá este año es el de las tradicionales barquitas amarillas. Es inminente la entrada en vigencia de la Ordenanza Polinave Nº 03/09 emitida por Prefectura Naval y que introduce modificaciones en el sistema de pesca local.
La medida les exige a las naves más pequeñas embarcar un segundo patrón. La imposibilidad de afrontar este costo por parte de los dueños de las barquitas amarillas, puede producir que unos 150 buques se queden amarrados en el puerto, imposibilitados de salir a la mar. En nuestra ciudad, esa flota es considerada "laburante del mar", no porque el resto no lo sea sino porque se trata de uno de los sectores más sacrificados de la industria pesquera marplatense.
En los últimos días, las dos organizaciones que nuclean a los propietarios de los barcos salieron, juntas, a advertir sobre las consecuencias. Franco Boccanfuso y Guillermo Soldini, titulares de la Cámara de Armadores de Buques de Rada o Ría y de la Asociación de Embarcaciones de Pesca Costera, respectivamente, indicaron que "esta situación, sin antecedentes en los últimos cincuenta años, genera una dificultad operativa y rompe el delicado equilibrio de la ecuación económica que implica salir a pescar para estas embarcaciones, vulnerando la sustentabilidad de la actividad".
La medida de Prefectura se fundamenta en la necesidad de prevenir siniestros en el mar a causa de la "fatiga del personal a bordo, circunstancia que -según la norma- podría vulnerar o afectar la seguridad de la navegación".
Tal como se puede notar, la norma introduce un cambio de criterio en lo referido a la dotación de seguridad, que afecta a los pesqueros de navegación marítima costera y de rada o ría. Desde que se conoció la medida, se registraron varios pedidos de audiencia a Prefectura Naval por parte de los armadores locales, con el interés de acercarle propuestas alternativas a la autoridad, que no obtuvieron respuesta. La situación en el puerto no es la mejor. Y menos para la flota en cuestión, que desde hace varios años sufre un problema propio del tamaño: los fresqueros y congeladores en la zona económica, más los barcos que están fuera de la milla 201, provocan que quede muy poca materia prima para las barquitas amarillas. Por eso desde el sector han reclamado créditos blandos para adecuar la infraestructura a la situación actual. Sin embargo, no han tenido respuestas, tampoco, en ese pedido.

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