9 de febrero de 2010 07:10 AM
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Demanda rusa por menudencias elevó los precios en Uruguay

Hasta el mes pasado Rusia fue el principal importador de carne bovina uruguaya y de menudencias de la especie, reafirmando su liderazgo como lo había hecho en 2008, cuando compró mucha carne uruguaya y pagó precios muy destacados por ella.

Si bien aún los importadores rusos no salieron a comprar fuerte y se prevé que lo harán entre mediados de mes o principio de marzo, cuando tienen un mayor apuro por terminar las cuotas de importación asignadas por su gobierno, están llevando cortes del delantero (el Chuck & Blade) y todas las menudencias vacunas que encuentran. Partes de esos cortes del delantero se destinan en Uruguay al abasto.
Esto determinó que la exportación de lenguas bovinas a Rusia hizo subir los precios del producto en el abasto y se da la paradoja de que un kilo de la menudencia vale igual que la bola de lomo o el entrecot. De todos modos el consumo no cayó, según los carniceros.
Las lenguas bovinas a nivel de carnicerías y grandes superficies valen a la par de las pulpas sin hueso y hace rato que dejaron de ser “comida de pobre”. Durante décadas las menudencias fueron parte de la dieta de las familias de menores ingresos, pero en algunos casos, como la lengua y las mollejas –la última a $165 el kilo–, pasaron a ser productos para bolsillos de mayor poder adquisitivo.
Las lenguas bovinas se pagan hoy a razón de entre $ 90 y $ 110 por kilo, mientras que los consumidores encuentran ofertas en el mercado interno mucho más atractivas, como por ejemplo el bife ancho a poco más de $ 120 el kilo o la bola de lomo a $ 110 (cortes de élite).
Es que en los meses de verano es cuando más lenguas se consumen en el abasto, pero al incremento del consumo se suma la fuerte exportación a Rusia. Los importadores de la Federación Rusa son fuertes compradores de menudencias y están llevándose todas las lenguas bovinas y los hígados que encuentran, pagando muy buenos precios.
El presidente de la Asociación Nacional de Carniceros, Germán Moller, admitió que en algunos casos, el precio de las menudencias está a la par de alguna pulpa desosada, pero aclaró que pese a los precios que hoy tienen las lenguas bovinas en el mercado interno, “el consumo del producto no cayó”.
Moller afirmó a El País que “la venta de lenguas bovinas creció”, porque tienen “un alto consumo durante el verano”, como consecuencia de que se pueden preparar en una amplia variedad de platos fríos, ideales para los días de calor.
Pese a la fluida exportación a Rusia, los frigoríficos están entregando el producto a los carniceros sin restricciones y la oferta es suficiente como para atender las necesidades del mercado local.
Consumo
Por otra parte, el presidente de la Asociación Nacional de Carniceros también destacó que el consumo de carne bovina “cayó levemente” durante el primer mes del año, pero resaltó que esta situación “es normal”.
Durante los primeros meses de enero los precios de la carne sufrieron un ajuste y los carniceros le trasladaron al público “gran parte de esa suba”, aunque absorbieron otra parte. “La absorbimos lo más que pudimos y no creo que el consumo haya bajado por un problema de precios”, aclaró Moller. Con esa suba, cortes como el asado pasaron a valer $ 100 el kilo, contrastando con ofertas de pulpas sin hueso, mucho más aprovechables a entre $ 110 y $ 120 el kilo. En 2009, según los datos estadísticos del Instituto Nacional de Carnes, el consumo interno cerró en 58 kilos de carne bovina per cápita, uno de los más altos

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