11 de junio de 2012 17:43 PM
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Los viveros se aprontan a dar el salto exportador

CHILE : Quieren seguir aprovechando el boom frutícola de Perú, pero también ponen su ojo en Colombia y Brasil. Otro factor que impulsa el crecimiento es la necesaria reconversión de huertos antiguos que se viene a nivel interno. Estas son las claves del expectante momento de los viveros.

Los viveros, antes de convertirse en la industria que hoy comercializa 60 millones de plantas al año, por una cifra cercana a los 100 millones de dólares en el mercado interno, partieron casi en forma casera en Chile. Las plantas las hacían los mismos productores. No había mucha conciencia respecto de la calidad y de cómo podían repercutir en el resultado final del huerto y, a la vez, había pocos viveros tecnológicamente aptos y que estuvieran trabajando con altos estándares. Si se trataba de parras, se cortaban pedazos de sarmiento -estacas del parrón-, se ponían en la tierra y al otro año se sacaban con raíces y ya estaban listas para plantarlas.

Eso dio ocasión para que se hablara de que respecto de la cadena frutícola -de gran desarrollo tecnológico- los viveros fueran casi el eslabón perdido…

Pero en los últimos 15 años cada vez se tomó más conciencia de que si el país quiere ser una potencia alimentaria, lo primero es la planta que se va a poner para producir. Es la base del éxito. Y ello cambió la situación. Muchos invirtieron en tecnología, no solamente en cuanto a traer programas genéticos a Chile, si no en la de los invernaderos, de calefacción, portainjertos. Y en eso se estuvo avanzando en estos años. Hubo que plantar, probar y validar.

“Ahora tenemos una industria bastante más organizada, mucho más potente y presente. El negocio frutícola no es malo, está más ajustado. Hay que ser realista, por lo tanto, el productor debe implementar más tecnología y tiene que ser más eficiente. Pero lo primero es trabajar con plantas de buena calidad, porque hay que tener claro que el huerto frutal parte por eso, de ahí viene la fruta”, señala Jorge Valenzuela, presidente de la Asociación Gremial de Viveros Frutales.

Lo que remarca el dirigente es que ahora sí está la tecnología, y los viveros pueden aportar a la industria frutícola con plantas de calidad, productos distintos, tecnología genética nueva.

Jorge Ovalle, gerente general de la Asociación Gremial de Viveros de Chile (AGVC), comparte esta opinión: “En la actualidad hay una creciente inversión y la industria se está especializando cada vez más. Los registros de exportación de plantas frutales de los últimos cinco años muestran un aumento. Por todas partes hemos crecido violenta y ordenadamente”.

El nuevo desarrollo y las perspectivas que existen para crecer, se fundan en la necesidad de modernizar los huertos nacionales que han perdido competitividad, así como por las grandes perspectivas que existen para exportar; de hecho, se está haciendo fuertemente a Perú, y están las posibilidades de vender plantas también en Colombia y en Brasil. Todo eso hace que la industria de los viveros esté en un momento expectante. Tal como se dice, está en un punto de inflexión.

Los siguientes son los factores clave que deben ser abordados para que los viveros den el salto y logren el desarrollo esperado.

Plantas para el mundo

Las exportaciones por ahora se concentran en unos pocos viveros. En 2010 sólo dos empresas representaron más del 95% de los envíos de plantas frutales. Y correspondieron principalmente a dos especies, frutillas y olivos, con 12 y 1,9 millones de plantas, respectivamente. Pero la apuesta es crecer, principalmente a países sudamericanos como Perú, Colombia y Brasil.

Para comenzar a entrar en la ligas mayores, en la Asociación de Viveros se trabaja aceleradamente en preparar el debut de los viveros en las ruedas de negocios de Fruittrade, que se abre en la convención anual de los productores de frutas, en octubre. Para eso ya ganaron fondos de ProChile, lo que les permitirá lograr el aterrizaje de inversionistas, brokers y productores de fruta de Perú, Brasil y Colombia.

“Eso no se ha hecho en la historia. Abrir las puertas y empezar a mirar para afuera. Podemos vender plantas hasta en el Asia, ¿por qué no? Las plantas chilenas tienen las mismas ventajas comparativas y competitividad que las frutas chilenas; tienen el mismo suelo, la misma agua, la misma tecnología, los mismos profesionales trabajando en eso; o sea, nuestras plantas son mejores o iguales que las de los grandes países fruteros.

“Tenemos plantas y viveros muy buenos, que hacen muy buenas plantas; entonces, más la apertura de mercados, queremos potenciar el tema genético y hacer de Chile una plataforma genética para Latinoamérica. Es ambicioso, pero si empezamos a vender plantas en otros países, los mismos genetistas del mundo nos van a mirar con otros ojos y pueden decidir instalarse acá, asociarse y buscar canales de distribución de plantas. En este minuto nuestros socios representan casi el ciento por ciento de las variedades protegidas que hay en el país”, advierte Valenzuela.

Además del factor exportador, en esta industria tienen fe en que a nivel interno la demanda también crecerá y les ayudará a dar el salto.

Esto porque la reconversión de muchos huertos que ya se añejaron y no son rentables está a la vuelta de la esquina.

“La industria de los viveros está preparada. El problema para los fruticultores es que requieren créditos blandos, un apoyo para el financiamiento de esta modernización, pero el negocio de la fruta es potente, y en paralelo, los viveros están absolutamente en condiciones de abastecer esa demanda, en términos de volumen, calidad y genética nueva”, señala Valenzuela.

Un detalle no menor es la falta de estadísticas fidedignas del comercio exterior de las plantas. Hay temas por trabajar con Aduanas respecto de las glosas, ya que en las cifras disponibles, basadas en esos registros, a veces están distorsionadas e incluso aparecen exportaciones de plantas contabiliados entre los envíos de fruta fresca. Por lo tanto, las cifras por ahora están en la nebulosa. Los únicos datos reales dan cuenta que en 2011 una alianza entre Univiveros, El Tambo y Nueva Vid logró exportar 500.000 plantas de vides de mesa por US$ 1.250.000.

La necesaria certificación

Puede que los viveristas digan que son ellos los que durante muchos años han buscado las variedades nuevas y las han puesto a disposición de los productores, y puede que haya otras diferentes. Lo que está claro es que las necesidades de la fruticultura son mayores que disponer solamente de variedades y haberse hecho un nombre en cuanto a calidad de plantas.

El tema de la certificación es considerado clave. Contar con variedades que estén probadas en las condiciones de Chile es un punto.

“Los productores confían en la opinión y recomendación de los viveristas para decidir qué plantar, pero en muchas ocasiones se han recomendado variedades que, finalmente, producen muy mal, con la consecuente pérdida de la inversión. Por otra parte, los productores deben estar seguros de la variedad que incorporarán y también tienen responsabilidad en las experiencias negativas. Lo concreto es que actualmente, con la cantidad de oferta en el mercado, sale muy caro que las pruebas con nuevas variedades las realicen los productores. Se debe disponer de unidades de testeo productivo para vender variedades con información de comportamiento en Chile”, señala Isabel Quiroz.

Si bien algunos viveristas tienen clasificación de calidad de las plantas, ésta no es un estándar de la industria; por tanto, no se pueden comparar cotizaciones. Ello impacta en otras áreas, como uniformidad de los planteles, siendo ésta una de las variables importantes para tener plantaciones altamente productivas y más eficientes. Esto implica entrar en la certificación de la calidad de las plantas.

“Los errores del pasado no se pueden volver a cometer, plantando una variedad que finalmente no era. Y la certificación es una seguridad para el viverista y para el productor, pero no se ha implementado”, comenta Isabel Quiroz.

A lo que se refiere es al calibre de la planta, a lo que podría llamarse la certificación de tamaño o conformación de la planta para facilitar la comparación entre viveros, en lo cual los más grandes ya están avanzandos. En segundo lugar menciona la certificación genética, que sirve para no cometer errores en la variedad que se quiere plantar. Y en tercer lugar, la fitosanitaria.

“Cada una se puede implementar por separado, pero sería un gran paso desarrollar la base, la de la conformación de la planta”, señala Quiroz.

Sin embargo, hasta ahora la certificación ha sido uno de los puntos débiles de la industria, básicamente porque tiene costos altos y los productores no ven un beneficio entre tener una planta certificada o una que no. Eso tiene entrampado el proceso, y en la Asociación apuestan por desarrollar bancos genéticos de calidad para salvar la situación.

Estos bancos garantizarían material sano y de la variedad genuina y serían la base para el mejoramiento genético local, para el intercambio seguro de germoplasma con el extranjero, el manejo de variedades protegidas y, fundamentalmente, para la propagación de materiales vegetales de mejorada calidad fitosanitaria y comprobada genuinidad varietal. En realidad al inicio se debió partir con estos bancos.

“No contar con estos bancos significa un costo de oportunidad y pérdida de competitividad muy grande para la industria frutícola, la que a su vez se encuentra muy desprotegida frente a la amenaza siempre constante y cada vez más latente del ingreso de nuevas plagas al país”, señala Maritrini Lapuente, gerenta general de la Asociación Gremial de Viveros Frutales.

Como el esfuerzo implicaría costos de implementación, mantención y operación, los viveristas consideran que el tema debe ser abordado como un esfuerzo país, en el que los principales protagonistas son los viveros, productores, exportadores y, por supuesto, el Estado a través del Minagri.

“Las certificaciones van a llegar cuando los mercados estén despejados. O sea, si llega un chino y dice quiero un millón de plantas de cerezas, vamos a correr todos a mover los papeles y a certificarnos en el SAG y todo va a salir por un tubo. Creo que lo que tenemos que hacer es partir por una promoción buena, por mejorar la calidad y estandarizarnos. Eso pasa por creernos el cuento y de ahí muchas cosas van a llegar como consecuencia. Vamos a intentar subir a los socios en una micro distinta, en vez de quedarnos pegados en los reclamos”, sostiene el presidente de los viveristas, Jorge Valenzuela.

Manos limpias

Todos los pasos que están dando apuntan a abrir las fronteras. Y uno que estaba pendiente era el tema ambiental Fue uno de los últimos logros del sector, el Acuerdo de Producción Limpia que más de 100 viveros del país firmaron en septiembre pasado para enfrentar aspectos regulatorios, de productividad y de manejo ambiental.

El Acuerdo de Producción Limpia -que es un compromiso voluntario- busca implementar medidas de mejoramiento en el manejo de productos fitosanitarios, establecer mejores condiciones de higiene y seguridad laboral, avanzar en la eliminación del uso de bromuro de metilo como fumigante del suelo, disminuir los impactos negativos de residuos sólidos generados por el sector implementando sistemas de gestión con alternativas de valorización de residuos, así como optimizar el uso del agua e implementar programas de eficiencia energética.

Por ahora el tema recién comienza en los viveros. Partieron con una etapa de diagnóstico inicial en cada instalación que adhirió al acuerdo, y elaborando un manual de implementación del Acuerdo de Producción Limpia que será entregado a cada vivero adherido.

Eso continuará con capacitaciones, talleres y charlas regionales para dar a conocer el documento y luego con su implementación.

Uno de los temas sensibles es el del uso del bromuro de metilo. Los viveristas lo están abordando con el Ministerio de Medio Ambiente y hay varias actividades contempladas para dar a conocer alternativas a ese producto, entre las cuales está el manejo integrado.

 Opiniones

Plantas probadas

“Los viveros son parte de la cadena de valor que, por ser el primer eslabón, poseen una vital importancia respecto de la calidad de la planta y de la fruta correspondiente, las cuales deben ser sanas y libres de virus y otros patógenos, con genética conocida y certificada. Eso es algo que los viveristas tienen claro. Nos gustaría eso sí que se avanzara más rápidamente en poder señalar, con mayor precisión, las características de cada especie/variedad respecto de su desempeño en las diferentes zonas agroecológicas, lo que implica la realización de experimentos locales”, señala Ronald Bown, presidente de la Asociación de Exportadores.

Mejor oferta

“En general, los viveros han tenido una mejora importante en los últimos años, mediante alianzas con genetistas y representantes de estos, y está empezando a verse más oferta en cuanto especies y variedades, oferta que hasta hace poco tiempo era muy pequeña. Esperamos que siga mejorando en cuanto a calidad de las plantas que entregan. Los productores consideramos que lo esencial para la buena producción de un huerto es la calidad de las plantas y su manejo inicial”, dice Cristián Allendes, presidente de la Federación de Productores de frutas.

La talla justa

“Hace 16 años los viveristas partieron en la búsqueda de variedades nuevas. Ellos fueron visionarios en darse cuenta de que la fruticultura del futuro tenía su base en disponer de material genético nuevo. Claro que hubo errores en el camino, como plantar y recomendar variedades sin testearlas. El mercado actualmente, con la globalización, es todo el mundo, y la fruticultura está en un punto de inflexión, se estimula la reconversión hacia sistemas más productivos. Parte del futuro está en los clubes de variedades, pero el mercado es también atractivo para variedades libres y es mucho mayor que el mercado de los clubes. Varias especies requieren avanzar en el tema de ponerles un estándard de calidad. En el fondo es decir que lo que sea L o XL sea igual para todos, y cuando el productor cotice una en un vivero en todos sea la misma planta. Se trata de avanzar en parámetros mínimos”, plantea Isabel Quiroz, directora ejecutiva de iQonsulting.

Dimensión creciente

La industria de los viveros comercializó alrededor de 60 millones de plantas frutales el año pasado.

Entre las especies más comercializadas en 2011 por la industria encabezan la lista las frutillas, con 40 millones de plantas, seguidas por las vides de mesa con 7,5 millones, los arándanos con 3,3 millones, y los manzanos con 1,7 millones.

Hasta 2011 en Chile no se contaba con información estadística oficial, hasta que en noviembre pasado la Asociación Gremial de Viveros Frutales, AGVF, publicó el primer Anuario.

Según éste, en frutillas en los últimos cuatro años la superficie estimada de plantación anual varía entre 360 y casi 600 hectáreas.

Camarosa es lejos la variedad más plantada en Chile
-entre 16,5 millones y 26,5 millones de plantas al año- y fuerte aumento de ventas. Le siguen albion, con ventas en torno a los 4,6 y 7,5 millones anuales, experimentando un alza en 2011 con respecto a 2009, y monterrey, con ventas entre 792 mil y 1, 2 millones, también al alza en 2011, y últimamente irrumpió sabrosa, con interesantes 1,1 millones de plantas.

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