8 de noviembre de 2009 18:04 PM
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¿Será posible revertir la “Brasildependencia”?

Las restricciones que impuso Brasil para el ingreso de productos mendocinos, renovó los temores sobre el futuro de la producción local y reinstaló el debate sobre los entredichos comerciales con el socio mayor del MERCOSUR. ¿Hasta qué punto depende el sector agrícola y agroindustrial de Mendoza de sus negocios con el vecino país? ¿Hay que romper con esa dependencia? ¿Es necesario o conveniente? En todo caso, ¿de qué modo hacerlo?

En primer lugar, hay que ver los números. Al menos, los oficiales. Los datos de que dispone ProMendoza demuestran la relevancia del mercado brasileño para buena parte de las exportaciones mendocinas (en el sector privado creen que, en ciertos casos, esa dependencia es aún mayor).

En efecto, la participación relativa de Brasil como destino de las colocaciones mendocinas de agroalimentos en el exterior ha llegado a promediar en los últimos cinco años, desde un máximo de 88,5% para el caso de aceitunas en conserva, listas para consumir (el producto agroindustrial que más factura en ese mercado), hasta un mínimo de 21,2% que registró la manzana.

En el medio están la cebolla en fresco con el 71,6% de sus colocaciones en el exterior destinadas a Brasil, aceite de oliva virgen con 60%; más de la mitad del ajo y casi la mitad de la ciruela en fresco y la cuarta parte del total de las exportaciones mendocinas de peras en fresco (algunos privados dicen que en este caso no bajan del 70%) que -son todos promedios del quinquenio 2004/2008- y han sido absorbidas por el mercado brasileño.

Sólo los productos mencionados sumaron exportaciones durante 2008 (considerando todos los
destinos) por un valor FOB que superó los U$S 331 millones, de los cuales U$S 160,5 millones fueron a parar a Brasil. Esto es 48,5%, casi la mitad.

Demasiado cerca

El gerente de ProMendoza, Marcos Abihaggle, cree que hay que separar la situación de cada producto.

“Estar cerca de un mercado de 190 millones de habitantes (como Brasil), para una economía pequeña como la nuestra, es una tentación. Cuando la empresa empieza a exportar, la primera pregunta que uno se hace es ‘¿para qué voy a buscar a China como mercado -por mencionar uno grande y lejano- si a pocos kilómetros tengo un mercado grande muy interesante, con una idiosincrasia parecida, donde me puedo entender con la gente?’. A Mendoza le pasa mucho con Chile y con Brasil. Sin embargo, es cierto, hay muchos productos que tienen una dependencia muy fuerte del mercado brasileño”.

Claudia Escartín, de la empresa Frutas Escartín, de General Alvear, al Sur de Mendoza dice: “escucho decir con cierta liviandad a algunos funcionarios ´hay que abrir otros mercados y dejar de lado Brasil´, como si abrir nuevos mercados fuera soplar y hacer botellas. Después de la devaluación del real en 1999, nuestra empresa tomó como decisión estratégica diversificar los mercados de destino, lo logramos con muchísimo esfuerzo y perseverancia, pero de allí a pensar en dejar de lado Brasil, hay una gran distancia”.

Competitividad

Escartín apunta que “Brasil es el mercado natural de los productos mendocinos y compra un volumen que no es fácil de colocar en otros lugares”. Agrega que “es uno de los pocos -sino el único- en el cual Mendoza es competitiva frente a Chile y Sudáfrica. Su cercanía y el hecho de que no tiene arancel de ingreso, coloca a nuestros productos en un mejor lugar, lo que no se repite en otros mercados ya que Chile tiene acuerdos comerciales con el resto del mundo y sus productos pagan siempre aranceles menores que los de Argentina”.

Juan Riveira, productor de frutas en Tunuyán y en Lavalle, con empaque en Maipú, coincide en la importancia de Brasil para la producción local de agroalimentos, aunque cree necesario -junto con arbitrar los medios para darle mayor certidumbre a la relación con el socio mayor del MERCOSUR- avanzar en la consolidación de otros espacios comerciales y abordar nuevos mercados.
 
“Si concluyéramos que esa dependencia tan fuerte tuviera que revertirse, de ningún modo debería ser derivando a otros mercados ni siquiera una parte de la mercadería que hoy enviamos a Brasil”, advierte.

La vía positiva

Para el empresario, que preside la Asociación de Productores y Exportadores de Frutas Frescas de Mendoza (ASPEFF), “habría que hacer crecer el negocio extra regional, para que esa participación relativa sea decreciente. Para eso sería necesario activar -en forma simultánea- algunos mecanismos que nos permitan pelear los mercados de ultramar frente a otros competidores del Hemisferio Sur. En ese sentido, hay que eliminar las retenciones, disponer una compensación para los envíos con esos destinos y una compensación por los mayores costos en flete terrestre hasta llegar a puerto (algo que prometió el gobierno nacional, pero que no cumplió)”.

Riveira propone poner en marcha “un esquema de negociaciones comerciales que permita avanzar, con el tiempo, hacia una fuerte reducción o eliminación de aranceles para el ingreso a otros países”. Reconoce que los empresarios deberán buscar formas de asociarse para reunir volumen y consolidar su posición negociadora, tanto frente a los importadores como a los proveedores de servicios y las navieras.

El rol del gobierno

El problema con Brasil es la urgencia de la coyuntura y las exigencias llegan. Para Claudia Escartín, “es hora que el gobierno de la provincia se ponga al frente del reclamo y consiga que los funcionarios nacionales se enteren que existen las economías regionales. No es posible que el gobierno central provoque a Brasil sin tener en cuenta el daño que sus represalias generarán tierras adentro y luego se tome el tiempo que no tenemos para resolverlo”.

Desde la Sociedad Rural del Valle de Uco, donde hubo una reunión a comienzos de semana para tratar el problema con Brasil, surgió un pronunciamiento en el mismo sentido, en la forma de una "carta a los legisladores nacionales".

La misiva, firmada por el presidente de la entidad, Mario Leiva, advierte entre otras cosas, que el primer afectado directo es el ajo. “Las licencias no automáticas ocasionan una gran incertidumbre, lo que es aprovechado por los importadores para bajar precios y dilatar contratos. La cosecha inicia ahora y había buenos precios en finca, pero los compradores desaparecieron y los productores tienen que cosechar, afrontando ese costo financiero y mantener los ajos en stock, sin precio”, asegura.

Añade que “la cebolla, muy exportada a Brasil, es un problema y que los duraznos para consumo en fresco se exportan muy poco, pero casi todo a ese mercado, lo mismo que pasa con la ciruela fresca”.

En cuando a la ciruela desecada, “Brasil es un importante mercado con menores exigencias que Europa y Estados Unidos”. Advierte además que nuestra posición la podrá ocupar Chile, California o Turquía”.

Para la pera mendocina, en tanto, “Brasil es muy importante porque se manda en camión y por lo tanto participan empacadores pequeños y medianos”, al igual que la manzana. También advierte sobre el impacto de esta situación en el sector olivícola, “sobre todo por la aceituna en conserva, aunque también el aceite de oliva” y en la actividad vitivinícola, considerando que Brasil es el cuarto destino del vino embotellado argentino y las empresas han invertido mucho en desarrollar el mercado”.

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