12 de febrero de 2010 06:31 AM
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La carne falta y el precio sube

Según el Senasa, entre 2008 y 2009 el número de cabezas de ganado se redujo en 3,15 millones. Influyeron la sequía, el avance de la soja, el creciente consumo interno y la falta de concreción de algunas de las medidas anunciadas

El kilo vivo de novillo cerró ayer en Liniers a 5,3 pesos en promedio y acumula una suba de 27,3 por ciento en febrero y de 45 por ciento desde comienzos de diciembre. El aumento mayorista se ha venido trasladando rápidamente a las carnicerías, donde los precios se ajustaron de manera dispersa, pudiendo incluso superar ese porcentaje en las zonas de mayor poder adquisitivo. El martes, Cristina Fernández de Kirchner atribuyó el ajuste a una supuesta especulación de los ganaderos que estarían reteniendo animales en sus campos a la espera de mejores precios. Ayer varios dirigentes rurales negaron la acusación y retrucaron que la falta de carne es consecuencia de un problema estructural provocado por la ausencia de incentivos oficiales a la producción. Ambas explicaciones no son excluyentes, pues las cifras de los últimos años evidencian una caída del stock vacuno, motivada por la sequía y la falta de incentivos, que ahora está siendo funcional a la especulación de los productores en un contexto de suba de precios generada por la escasez.Según el Senasa, entre 2008 y 2009 el número de cabezas de ganado bovino se redujo en 3,15 millones, quedando en 54,4 millones. Eso fue consecuencia de un incremento fuerte de la faena en un contexto de menores nacimientos y alta mortandad provocado por la sequía, lo que evidencia una paulatina descapitalización. Entre 2002 y 2009, el número de animales faenados trepó de 11,5 a 16 millones y el porcentaje de hembras sobre ese total creció por encima del 47 por ciento a partir de 2008, marcando el ingreso en una etapa de liquidación de stocks.De hecho, el promedio de hembras faenadas entre 2007 y 2009 con relación al stock total fue de 19 por ciento, cuando en el período 2003-2006 había sido de 13 por ciento. El porcentaje incluye vacas, vaquillonas y terneras y muestra una baja en la cantidad de vientres tanto en el corto como en el largo plazo. Los datos de Senasa y la Oficina Nacional de Control Comercial Agropecuario permiten estimar que este año se destetarán dos millones de animales menos que en 2009.Esa situación se agrava particularmente en enero y febrero por una escasez estacional de terneros ya que los destetes se producen a partir de marzo. El secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, se basó en este dato para prometerle a la presidenta Fernández de Kirchner una baja de precios a partir de marzo, pero los especialistas aseguran que igual los ingresos de terneros no alcanzarán los volúmenes previos al momento en que comenzó la seguidilla de aumentos.Esta crisis tiene una de sus causas en la última sequía, la peor de los últimos cincuenta años, pero también influyeron la retracción de la ganadería a manos de la soja, el creciente consumo interno de carne, que orilla los 73 kilos per capita, y la falta de concreción de muchas de las medidas anunciadas por el gobierno en los últimos años. Los distintos funcionarios que estuvieron a cargo de la negociación con la Mesa de Enlace anunciaron planes ganaderos cada vez que los ruralistas presionaron en búsqueda de soluciones, pero el componente “más terneros” destinado a incrementar la productividad, los incentivos para producir novillos pesados y los cambios en el sistema de comercialización para vender por cuartos en lugar de medias reses, entre otras medidas, fracasaron o ni siquiera se implementaron. Mientras tanto, cada vez que los precios pegaron un salto se apeló a soluciones de corto plazo como las ofrecidas por el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, quien se especializó en negociar con los grandes frigoríficos el envío de carne a precios rebajados a los principales hipermercados a cambio de una agilización de los registros de exportación. Esas “baratas” sirvieron para seguir garantizando precios relativamente económicos, pero no pudieron evitar que el stock se deteriorara en un contexto de aumento del consumo. Los especialistas coincidían en que esa estrategia tenía fecha de vencimiento y las subas de las últimas semanas parecieran confirmarlo.

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