3 de julio de 2012 18:53 PM
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Miguel Angel Broda: “Es mentira que los problemas que tenemos sean porque el mundo se nos cayó encima”

El economista sostiene que "el remedio de emitir más pesos para reactivar la economía ya no surte efecto". Además, señala que se está produciendo una caída en la demanda de dinero y que eso agranda las posibilidades de estanflación. Cree que en septiembre el dólar estará expuesto a su máxima tensión.

Prototipo del “gurú” de la city, Miguel Angel Broda sigue siendo uno de los economistas más escuchados por los ejecutivos, los profesionales y los inversores. Y por eso, cuando la situación se torna incierta, su opinión es una de las más buscadas. 

Aunque es fuertemente crítico sobre el Gobierno, al que le adjudica “torpeza” en el manejo de la política económica, intuye que también entre los funcionarios kirchneristas hay preocupación, dado que nota una moderación en el uso de la “maquinita” de imprimir billetes.

Al término de un panel con colegas, donde su inquietud su preocupación por la caída en la demanda de dinero, Broda charló con iProfesional.com. Su visión sobre la marcha de la economía dista de ser optimista.

-¿Por qué teme que se esté produciendo una caída en la demanda de pesos por parte de la población?
-La demanda de dinero depende de los retornos que la gente tenga por el hecho de tener pesos. Y muy crucialmente depende de los retornos alternativos que existan, como la tasa esperada de devaluación para el dólar blue y las tasas de los plazos fijos en pesos.

Lo que el Gobierno intenta hacer es estimular el nivel de actividad económica por la vía de mantener bajísimas tasas en plazos fijos, que son negativas en términos reales. Pero eso tiene un costo, que es la caída en la demanda de pesos. Es algo que ya se está notando, y creo que es por eso que la expansión monetaria, a pesar del grado que tiene el Gobierno, no es tan alta como podría.

Eso se nota y puede ser el causal por el cual el volumen de dinero, a pesar del grado de libertad que tiene, no está siendo tan alto.

-¿Y qué hace la gente con esos pesos que no quiere tener encima?
-El aumento en la venta de autos que hubo en mayo pudo interpretarse como la alternativa a un valor del dólar de 6 pesos.

Las esposas de todos los directores de las empresas que yo atiendo fueron obligadas a cambiar de auto porque todos los maridos dijeron “es ahora”. Lo mismo ocurre con los electrodomésticos. Es un ajuste de portafolios que afecta las compras de bienes durables. Eso se va a dar en la medida que la gente no quiera pagar el costo de mantenerse en pesos.

-Hace un año se decía que la gente, al comprar dólares, le hacía un favor al Gobierno, porque liberaba al Banco Central de tener que emitir dinero, lo cual sería inflacionario, y entonces ayudaba a sacar de circulación el “excedente” de pesos. Hoy, con las restricciones, ¿estamos viendo el fenómeno inverso?
-Todavía no hemos visto manifestarse en todo su potencial la caída de la demanda de dinero. Pero es evidente que el Gobierno alguna aprensión tiene, porque podría aumentar la tasa de emisión, y no lo está haciendo.

Hay que esperar para ver cómo sigue la conducta del Banco Central en los próximos meses, porque le recuerdo que las necesidades fiscales se concentran en el último cuatrimestre del año. Y no hay que descartar que pasemos de una velocidad de expansión monetaria del 30 que tenemos ahora a una superior, lo cual tendría efectos sobre la inflación.

Yo creo que el Gobierno debe estar preocupado porque ve una caída de ingresos en la población, que es uno de los elementos que afecta la demanda de dinero. Y también ve que la brecha entre el tipo de cambio oficial y el paralelo también es función del exceso de oferta de dinero.

-¿Será que, al final, el Gobierno esté tratando de mantener un objetivo de inflación aunque no lo diga?
-En el mundo de hoy, tener un objetivo de 23 por ciento no es algo para tomar en serio. Pero además, hay que prestarle atención a la aceleración que ocurrió recientemente. Porque si uno hace una proyección anualizada de los últimos tres meses, la inflación le da 26 por ciento. Y eso que tuvimos una notable desaceleración de la actividad económica en el segundo trimestre. O sea que estamos en problemas.

-¿Cómo influye el contexto internacional?
-Fíjese que cuando se vivió el pánico de la caída de Lehman y el mundo entró en recesión, la inflación en Argentina cayó del 25 al 13 por ciento. Ahora, en cambio, tenemos una inflación en alza.

Los problemas que tenemos no son por culpa de que el mundo se nos haya caído encima. Es todo resultado de haber encontrado la restricción externa y dificultades de financiamiento del Banco Central y tratar de resolver los problemas agravándolos.

Hay torpeza en las medidas que se adoptan. La verdad es que esta es la recesión al cuete más grande de la historia, es resultado de la incapacidad de tener un diagnóstico y tomar las medidas adecuadas.
 
Por eso estamos tan vulnerables. Y si el mundo tiene otro evento tan grave como fue el de Lehman la vamos a pasar muy mal.

Pero aun si estuviera todo bien, el PBI de este año será no más de 1 por ciento, porque la recesión que hemos tenido en este segundo trimestre es enorme, una caída de 5 por ciento contra el mismo período del año pasado.

-Algunos dicen que al menos la parte buena es que, como no va a haber que pagar el cupón del PBI, las necesidades financieras del Estado van a ser mucho más suaves para el año que viene.
-Pero no estemos tan seguros de eso. Porque como se han manipulado tanto las estadísticas de las cuentas nacionales para tener efecto en el relato, no hay que descartar que el PBI oficial dé 4 por ciento mientras el real sea de sólo 1 por ciento.

Uno quisiera que no fuera así, porque sería regalar la plata, pero no hay que descartarlo.

-¿Cree que los intentos que está haciendo el Gobierno para reactivar la economía, como el plan de viviendas, dará el resultado esperado?
-El segundo semestre no va a ser tan malo como estos últimos meses. Quizás si rápidamente se instrumenta el programa de viviendas y se para la máquina de hacer macanas, puede ser que se evite una recesión.

Pero la verdad es que emitir más y más dinero, que probablemente sea el instrumento del Gobierno para salir de este momento tan duro, tendrá muy poco efecto sobre nivel de actividad, porque lo que Argentina tiene hoy es una pérdida en las expectativas, un problema de oferta agregada. La gente no invierte, han aumentado los costos por el cierre a las importaciones.

Entonces, por más que uno estimule la demanda agregada, los multiplicadores fiscales y monetarios son muy pequeños. Si limitamos las torpezas, podemos volver al crecimiento, aunque con más inflación.

-¿El Gobierno podrá sostener su tasa de devaluación actual o finalmente el mercado le impondrá una corrección brusca?
-Tiene reservas en el Banco Central como para poder mantener una política administrada. Ahora están mostrando una aceleración, pero hay que ver cómo sigue. El momento de mayor presión probablemente será en septiembre y octubre, donde el Gobierno se enfrentará a la disyuntiva de subir el ritmo devaluatorio o ir a un esquema de tipos de cambio múltiples, como le gusta a Kicillof.

Ese desdoblamiento es algo que se ha hecho muchas veces. Y la historia argentina marca que nunca se ha podido reducir la brecha con el dólar paralelo sin que hubiera un aumento del tipo de cambio oficial dentro de un programa creíble. Y eso es muy difícil para este Gobierno.

Lo que hay que entender es que el problema no es el dólar, sino el exceso de pesos.

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