12 de febrero de 2010 13:58 PM
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Uruguay   –   Costo de una traba sanitaria

La semana pasada la prensa dio cuenta de una traba administrativa aplicada por Brasil, en principio solo para Uruguay, que afecta a las exportaciones de ganado en pie. Según se informó, las licencias deberán ahora tramitarse en Brasilia, lo que amenaza todo el proceso.

La exportación de ganado en pie, al igual que la de cualquier materia prima que se industrializa también en el país, constituye un elemento de tranquilidad para los proveedores, que saben que el comprador doméstico deberá pagar por esa materia prima, al menos lo que se lograría al exportarla a otro país. En el caso del ganado las cifras nunca son muy relevantes, pero la posibilidad de exportar supone siempre la existencia de este piso en el negocio. Por eso, el problema no es económico por el monto de las operaciones entorpecidas, sino por el eventual efecto sobre la formación de los precios. RAZONES. Las razones para la adopción de esta práctica no son claras, pero aparece una pista en las declaraciones del Director de la oficina competente del Ministerio de Ganadería. Según se informó, esta medida que nos aplica Brasil integra el paquete de negociaciones que se llevarán a cabo entre ambos países sobre fin de mes, en las que cada uno pasará revista sobre sus respectivos reclamos de trabas al comercio. Y allí aparece nuestra tradicional prohibición de importación de carne de pollo, que sin razón alguna aplicamos desde hace años. Cabe recordar que Uruguay mantiene cerrada la posibilidad de importar pollo brasileño, argumentando el mantenimiento de su estatus sanitario libre de Newcastle. Pero como se sabe esta prohibición es utilizada, según la misma fuente, como instrumento de defensa de la cadena avícola local y fundamentalmente de los pequeños productores de pollo a facon. En definitiva la realidad nos vuelve a poner por delante el precio de esta traba sanitaria, para evaluar su mantenimiento. No se trata ahora solo de referirse al encarecimiento de una fuente de proteína a Doña Ramona y Don Fermín; el punto es que esta traba que siempre he denunciado, una vez más es responsable de cierres de frontera. En años anteriores yo mismo fui testigo del reclamo brasileño al menos en dos ocasiones: en una oportunidad en la que no nos dejaban entrar algunos cortes de carne, y en otra en la que paraban con medidas de este tipo el ingreso de nuestra leche en polvo: en ambos casos frente a nuestro reclamo los brasileños ponían sobre la mesa el suyo sobre el pollo. TRABA SANITARIA. La resolución del MGAP número 39 del año 2000 es la que establece este prohibición de importación, que venía de antes. Dispone que no se puede importar pollo de países en los que se vacuna contra el Newcastle como Brasil, y a la vez señala que si se importara, para asegurarse que no ha habido vacunación, el país de procedencia debe contar con un sistema de trazabilidad. En definitiva la prohibición, sin sustento técnico, se dirige a Brasil. El tema es singularmente grave no solo por los efectos en nuestro consumidor. La traba sanitaria supone además un agravio a Brasil incluyéndolo en una condición que en el mundo nadie le asigna. En efecto, nuestro vecino es el segundo productor y exportador mundial de carne de pollo detrás de Estados Unidos, y comercializa en países tan exigentes como varios del sudeste asiático incluido Japón, y Alemania. Pero además, la falta de peligrosidad para nuestros pollos a partir de la importación desde Brasil la demuestra una realidad que cualquiera conoce: que al norte del Río Negro y más, los pollos son muchas veces brasileños, algo totalmente lógico dada la diferencia de precios con el país vecino, que alienta el contrabando. Aún hoy, con todo el problema de sobrevaloración del real, el pollo al por mayor en San Pablo vale R$ 2,46, algo así como 25 pesos el kilo. Pero el efecto de la prohibición no es solo perjudicar al consumidor o agraviar al Brasil ofreciéndole una posibilidad cierta de justificar sus propias trabas al comercio con nosotros. Tanto o más grave es sostener para los pollos exactamente lo contrario a lo que en todos los foros -piénsese por ejemplo en la aftosa- Uruguay defiende. Nuestro país sostiene la validez de ser libres con vacunación, y en materia de trazabilidad, si se hubieran puesto tan exquisitos con nosotros, al menos hasta ahora, no habríamos podido exportar nada. Es la exigencia de coherencia otra vez: no dejamos entrar vino a granel pero así lo exportamos; no dejamos entrar pollos por estar vacunados pero sostenemos que si el ganado está vacunado debe reconocerse su sanidad; nos molesta que Brasil quiera eludir el arancel externo común en arroz o en leche pero nosotros, cada vez que hizo falta, hicimos lo propio con el trigo. COSTOS. Uruguay consume unas 60 mil toneladas de pollo. Multiplíquese esta cifra por la diferencia de precios entre el de nuestro mercado interno y el de la paridad de importación desde Brasil o Argentina, y se tendrá una idea, que el MGAP estimaba hace unos años en 20 millones de dólares, del costo de esta prohibición que financiamos todos. Pero está ese otro costo que no se ve, que es el de todas las trabas que en otros rubros exportadores ocurren como reacción. En efecto, un impuesto a la importación termina siendo un impuesto a la exportación, no solo por cambios de varias relaciones de precios derivadas de la protección; también por la oportunidad que se le da al país perjudicado de actuar en otros rubros de igual manera. BENEFICIOS. Cada vez es menos claro quién se beneficia con esta medida. El gobierno sostiene que los faconeros, que producen para las diez empresas que faenan, tres de ellas con el 80% del mercado. Pero nada demuestra que el sobreprecio que paga el consumo llegue al productor, no tiene por qué ser así. El nuevo ministro tal vez se estrene con la oportunidad de hacer algo para cambiar esta protección, y tiene una buena chance de hacerlo ya que el país se encamina a convertirse en exportador de maíz, lo que le da a la avicultura una chance de defenderse, algo imposible con este grano si debiera importarse, ya que es el principal factor de competitividad. En las actuales condiciones seguir hoy con una protección infinita y agraviante para con nuestro principal socio parece algo muy desproporcionado. No afirmo que haya que abrir de golpe la frontera; pero sí que hay que empezar un proceso por el bien de todos los consumidores así como de exportadores de otros rubros al Brasil, al que parece habérsele acabado con razón la paciencia.

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