12 de febrero de 2010 19:32 PM
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Logran degradar pesticidas por medio de hongos

A través de la acción de microorganismos, investigadores de la UNL pudieron eliminar sustancias potencialmente contaminantes como la cipermetrina y el amitraz, que son usados para combatir la garrapata del ganado.

Investigadores de la Universidad Nacional del Litoral (UNL) desarrollaron un novedoso método para acelerar la degradación de pesticidas como la cipermetrina y el amitraz, dos químicos muy utilizados para combatir la garrapata del ganado y que producen una gran contaminación de los lugares donde se desechan. El secreto: utilizar microorganismos como los mohos para hacer la tarea.El método se denomina biorremediación y es una combinación del trabajo de químicos y microbiólogos de la Facultad de Ingeniería Química (FIQ). “Cuando hablamos de la utilización de hongos decimos que se trata de micorremediación. En este caso utilizamos una mezcla de tres aislados fúngicos del género Aspergillus niger”, precisó Laura Frisón, del Laboratorio de Microbiología, que, junto a Juan José De Jesús, integrante del Laboratorio Central, trabajó en el proyecto que fue presentado en el último Workshop de Residuos de Pesticidas organizado este año por la UNL.El equipo aprovechó la capacidad de degradar de los hongos: “Lo notable es que pueden utilizar diferentes sustratos como fuente de carbono y se han encontrado mohos que degradan polietileno, cemento, papel, madera, mármol, por citar sólo unos pocos ejemplos. Esto se debe a que tienen un metabolismo muy activo”, explicó la microbióloga.ContaminaciónLa garrapata del ganado bovino es un parásito ampliamente difundido y que es combatido a través de baños de inmersión dosificados con químicos (cipermetrina y amitraz). El inconveniente es que luego de su utilización los pesticidas son derramados en los campos, contaminando el medio ambiente con la consecuente inutilización de los terrenos e incluso de las napas subterráneas. “En las provincias de Entre Ríos, Corrientes, Santa Fe, Chaco y Formosa existen cientos de bañaderos que contienen entre 8 y 10 mil litros de solución terapéutica cada uno”, aseguró De Jesús. Según añadió, la cipermetrina tarda unos siete meses en degradarse, mientras que el amitraz no posee un lapso definido, aunque puede transformarse en anilina, un compuesto muy dañino. “Se pueden destruir los químicos contaminantes utilizando otros productos, pero es un método muy agresivo, porque se deben utilizar cantidades importantes y ellos también contaminan. Por eso pensamos en utilizar microorganismos, que son inofensivos para el ambiente”, afirmó.Bacterias vs. hongosFrisón relató que hace cuatro años comenzaron ensayos de laboratorio con bacterias como las del género Pseudomonas, que poseen un metabolismo degradante de compuestos, y consiguieron buenos resultados. Sin embargo, vieron que los microorganismos se reproducían indefinidamente, con lo cual surgía un problema más grave que el anterior. “Dos años después comenzamos a ver qué sucedía con los mohos. Utilizamos la cepa Aspergillus niger. Probamos con un pool de tres aislados de diferentes ambientes para ver qué ocurría y obtuvimos buenos resultados, pero a diferencia de las bacterias del género Pseudomonas, los mohos se iban muriendo a lo largo de una semana al ir utilizando estos compuestos como fuente de carbono. De ese modo, logramos una degradación de un 60 por ciento de los compuestos y los microorganismos ya no ocasionarían un problema para el medio ambiente”, indicó.Baratos e inofensivosAsimismo, la microbióloga sostuvo que el método de biodegradación que plantean es poco costoso, porque lo único que se debe hacer es liberar los microorganismos para que hagan su trabajo. “Los hongos han sido aprovechados en diversas actividades por el ser humano. Se utilizan para producir diversos ácidos como cítrico o glucónico, para la obtención de antibióticos o para la producción de algún alimento especial como el queso roquefort, por ejemplo. Esto se debe al gran metabolismo que tienen. Sólo necesitan una fuente de carbono y de nitrógeno, una temperatura y un medio adecuados y aireación”, apuntó. Además, aseveró que a diferencia de las bacterias, los mohos son mucho menos riesgosos para los operarios que deberán manipularlos en las soluciones luego de los baños del ganado. “Trabajamos con hongos del medio ambiente que habitan los lugares en que vivimos y con los que convivimos. No se trata de organismos que podrían causar problemas (salvo en personas inmunodeprimidas), pero hablamos de microorganismos y se debe trabajar con cuidado. Ése es otro de los factores que tuvimos en cuenta”, dijo.Ahora, los investigadores se abocan a la tarea de bajar las concentraciones de las cepas y desarrollar un proceso práctico que se pueda aplicar en los campos, según expresó por último De Jesús.

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