13 de febrero de 2010 07:37 AM
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URUGUAY ENCONTRO, EN SU INTERIOR, UNA ECUACION EN LA QUE TODOS GANAN

Nada es casual.

Cuando en la Argentina arrecian los vientos de ira, en Uruguay sopla el aire fresco del sueño compartido. Esta semana, el presidente electo, José "el Pepe" Mujica, quiso hablarle a los empresarios uruguayos y argentinos. El empresario Juan Carlos López Mena, dueño de Buquebus y presidente de la Cámara de Comercio Argentino Uruguaya, armó la convocatoria.

El encuentro reunió a más de mil comensales en un almuerzo en el Conrad de Punta del Este. Todo un símbolo: en 1969 el mismísimo Pepe Mujica amenazaba con incendiar ese paraíso terrenal, ícono del capitalismo contra el cual combatía desde la organización Tupamaros. El miércoles pasado, dos ex Presidentes de signo diametralmente opuesto (Sanguinetti y Lacalle) lo aplaudían desde una mesa contigua al estrado.

El Pepe pagó con muchos años de calabozo su militancia guerrillera. Nadie puede decir que fue cooptado por el capitalismo salvaje. Mantiene sus principios solidarios, su sensibilidad social, su vida austera, su humildad. Pero dejó que la realidad lo penetrara. Uruguay había encontrado un rumbo, después de hacer durante muchos años lo que indicaba la naturaleza de las cosas: dejar que fluyese su energía interior, de la mano de nuevos empresarios con los pies en la tierra. Literalmente.

Emergió un nuevo país. Los intentos de un desarrollo contra natura fueron cayendo como las fichas de un dominó gigante. Uruguay se buscó a sí mismo en su interior. Desde allí mana una nueva riqueza, una ecuación "win win" en la que todos ganan y nadie pierde, porque esa es la esencia de la fotosíntesis. Arboles, madera, pasta de papel. Ganado refinado de alta calidad, pasturas mejoradas, forrajes recogidos con la última maquinaria. Y, por supuesto, la soja, el maná que también hizo llover sobre Uruguay la mano del hombre. Sí, del hombre argentino, partícipe necesario del pecado del crecimiento.

Marcos Guigou (titular de ADP, Agronegocios del Plata), reporteado esta misma semana (Págs 8 y 9) relata la expansión. Casi sin necesidad de capital. El capital era el conocimiento, a partir de una brecha entre lo actual y lo posible. Con muy poco, Uruguay inició un salto gigantesco.

El gobierno de izquierda de Tabaré Vázquez ratificó el rumbo. Uruguay se iba convirtiendo en una experiencia cautivante. Todos los grandes actores del negocio agrícola descubrieron su potencial. Llegaron las empresas de siembra, los proveedores de insumos, de maquinaria agrícola. Los contratistas orientales, que hasta hace tres años tenían cosechadoras sin cabina, hoy manejan máquinas de última tecnología, con GPS, mapas de rendimiento, aplicación diferencial de fertilizantes. ADP está desarrollando software avanzado, único en el mundo. Por supuesto, los capitales brasileños que coparon la carne vacuna a nivel mundial. Los neocelandeses con su expansión lechera. Los nórdicos con las fábricas de pasta de celulosa. Los vinos, el aceite de oliva, el biodiesel y el bioetanol, que ya están en el mercado de la mano de la petrolera estatal ANCAP, con surtidores que anuncian que "Uruguay se mueve con biocombustibles".

En 1811, cuando Artigas se plegó a la Revolución de Mayo, Venancio Benavídez dio el primer paso. Junto con el brasileño Pedro Viera ("Perico el Bailarín", de quien se dice que dio nombre al Pericón, nuestra danza nacional) coparon el arroyo de Asencio. El "Grito de Asencio" es la celebración de la independencia del Uruguay. Así lo cantó Osiris Rodríguez Castillo: "Cielo, mi cielito lindo, danza de viento y juncal, prenda de los tupamaros, flor de la Banda Oriental". Y luego: "Con Venancio Benavídez, y Perico el Bailarín, iremos a chuza y bolas, a gatas suene el clarín". Nuestras historias están encadenadas. Uruguay está haciendo punta. Demuestra que no es tan difícil hacer las cosas bien. Desde la Banda Oriental, el clarín está sonando.

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