7 de julio de 2012 11:52 AM
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Ratifican el valor de la siembra directa

En los Estados Unidos, un estudio por tomografía la comparó con la labranza.

Ensayos por tomografía que midieron la resistividad de los suelos ratifica que la siembra directa con buenas rotaciones y alto aporte de rastrojos es la mejor condición y que no convendría realizar ninguna labranza.

El estudio fue concretado por Bruno Basso, de la Universidad de Michigan, de los Estados Unidos, y Andrés Méndez, técnico del INTA Manfredi, realizó una interpretación de sus principales conclusiones

El trabajo comparó a la labranza convencional con la labranza mínima (vertical) y la siembra directa en parcelas donde se midieron la resistividad de los suelos por tomografía.

En ese proceso, dándoles colores a las diferencias en la resistividad se pudo llegar a determinar las zonas del perfil del suelo con mayor contenido hídrico respecto de otras zonas. En el caso de la siembra convencional, la imagen del estudio localiza el contenido hídrico en color azul entre 40 y 80 centímetros. Además, de la imagen por tomografía se logra observar una capa arable con menos humedad en colores amarillos y rojos, alrededor de los 10 y 30 centímetros.

¿Qué significa todo esto? Quiere decir, ni más ni menos, que puede suceder que en años secos las raíces no atraviesen esa capa más densa y seca o que las raíces sean más finas.

¿Y qué pasa con la labranza mínima?

De acuerdo a las imágenes provistas por el estudio, cuando la labranza es mínima (usando labranza vertical) ocurre algo similar a la condición de labranza convencional. No obstante, se observa una menor situación extrema de sequía de la capa que se extiende entre los 10 cm y los 30 centímetros de profundidad.

“Es más favorable este caso con respecto al de labranza convencional”, indicó.

De acuerdo a ese estudio, cuando se pasa a la condición de siembra directa la situación es bien distinta. En el ensayo, con siembra directa en una parcela durante cinco años, buena rotación de cultivos y alto aporte de rastrojos, se pudo visualizar que el contenido hídrico en el perfil del suelo es mucho mayor que en las situaciones de labranzas convencional y mínima. “Se logra una mejora en el ambiente donde se desarrollaran las raíces”, comentó el técnico del INTA.

“Esta situación sería la mejor de las condiciones, ya que es la más propicia para generar mayor porosidad, mayor capacidad de almacenaje de agua y colaborar a generar un suelo con mayor potencial de rendimiento”, indicó.

Según Méndez, “muchos asesores y productores piensan que cuando hay compactación es una buena opción pasar una labranza mínima vertical para mejorar las condiciones de suelo”.

Sin embargo, el ensayo de Basso también demostró que en la parcela que tenía cinco años de siembra directa cuando se realizó un evento de labranza mínima (vertical con cincel) se volvió a la situación original (labranza convencional continua).

“Ese trabajo muestra claramente que no conviene hacer ninguna labranza, ni mínima ni nada. Sólo buenas prácticas de rotación y fertilización”, explicó.

Consejos

Por su parte, Mario Nardone, productor y asesor, recomendó algunas cuestiones prácticas:

 

  • Lograr la mayor cobertura posible con la acumulación de rastrojos de más de un cultivo. El espesor de los mismos amortigua la compactación de las ruedas de las máquinas.

 

 

  • Planificar el tránsito en las pulverizadoras teniendo en cuenta que la mayor compactación (el 75%) se produce en la primera pasada.

 

 

  • Cambiar anualmente la dirección de siembra en cada cultivo.

 

 

  • Planificar la cosecha con el menor tránsito posible de los acoplados.

 

 

  • Evitar, en lo posible, el tránsito con suelo húmedo. Usar cubiertas de alta flotación.

 

 

  • Intensificar la rotación.

 

 

  • En las cabeceras, donde el tránsito es más intenso, sembrar cultivos densos como cultivos de cobertura.

 

“No disturbar el suelo y protegerlo con el material de la propia producción es la clave”, concluyó Nardone.

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