13 de febrero de 2010 05:28 AM
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Las razones del extraño comportamiento de Moreno

¿Qué le pasa a Guillermo Moreno?

El llamativo bajo perfil que mantiene hasta el momento el secretario de Comercio Interior es un dato no menor en medio de la suba de la carne. Aunque siempre tenga a mano la posibilidad de restringir las exportaciones, como trascendió en las últimas horas, lo hace con el máximo de los sigilos. No hay conversación entre ganaderos, consignatarios o matarifes en que no sea mencionado con un ¿no te llamó todavía? Los temores están justificados por el riesgo de volver a las andadas o para ser más precisos volver al 8 de marzo del 2006. En aquel momento, el kilo vivo de Liniers se había incrementado desde principios de ese año en un 19%, hoy ya registra un 25%, y de buenas a primeras el entonces presidente Néstor Kirchner cerró las exportaciones de carne por 180 días. Cerrar las exportaciones de carne representó, nada más y nada menos, que el principio del enfrentamiento con el campo. El Gobierno le declaró abiertamente las hostilidades y sacó a la cancha a Guillermo Moreno, que con sus modales ya venía maltratando a otros sectores. Comenzó entonces una fuerte ofensiva oficial con amenazas de suspensión contra once consignatarias y la decisión de no renovar la concesión del predio y disponer el traslado de Liniers. Luego de vapulear a los ganaderos se fueron implementando una infinidad de medidas que afectaron a otros sectores como los lácteos o el trigo, por citar algunos. Hasta que llegó el monumental conflicto por las retenciones móviles que logró detener, en parte, la marcha del kirchnerismo sobre la renta del sector agropecuario. El saldo de esta pelea fue un cambio dramático en la relación de fuerzas entre el Gobierno y el campo. Por estos días los ganaderos no se animan a festejar en voz alta la recuperación de los precios de la hacienda, aunque en general se piense que la suba vino para quedarse y no hay posibilidades de desandar el camino. De todas formas no deja de ser extraño que el otrora hiperactivo secretario de Comercio, que se aparecía a cualquier hora en los celulares de los principales operadores preguntando las cantidades de cabezas que entrarían al mercado, o arengando a juntar la hacienda gorda, se mantenga ahora al margen de la escena, casi como un analista privilegiado. Cuesta creer que, de repente, se haya convencido del funcionamiento de los mercados y de la ley de la oferta y de la demanda. Hasta parece un discípulo del economista liberal Milton Friedman cuando dice que la solución llegará con el tiempo, que se trata de algo pasajero y hay que esperar. "En un mes o en un mes y medio, cuando termine el verano y se incremente la entrada de hacienda de Liniers, la carne volverá a bajar", dicen que le prometió a la Presidenta. En línea con el nuevo discurso de su secretario de Comercio, Cristina Kirchner explicó que el aumento de la carne se explica porque "ha llovido mucho y los productores mantienen la hacienda en sus campos". Por supuesto se ganó los retruques de las entidades del campo por haber responsabilizado a los ganaderos por el alza de la carne, "genera mucha indignación, es una frase muy poco feliz", dijo Eduardo Buzzi, presidente de la Federación Agraria. Pero más allá del juego de acusaciones y declaraciones cruzadas es necesario entender la verdadera causa que motiva el cambio de conducta en el Gobierno. La explicación habría que encontrarla en la próxima cosecha de soja. Según distintas versiones, la consigna que impera desde Olivos es evitar cualquier conflicto que ponga en riesgo la comercialización del controvertido "yuyo". Es necesario tapar el agujero fiscal y si hay que tragar algunos sapos, el kirchnerismo esta haciendo sus primeros palotes en este difícil arte, los sapos se tragarán. Por lo que se infiere que cualquier restricción a las exportaciones será burocratica. Cuestión de no levantar olas. Según el cálculo del analista Gabriel Pérez, "se estarían exportando entre la cosecha y el mes de agosto unas ocho millones de toneladas de soja y moliendo unas 23 millones de toneladas que luego se exportarían como harina y aceite. A valores actuales, representa unos 10.000 millones de dólares para el país y 3500 millones de dólares para el Estado Nacional por el cobro de las retenciones". Este dato es más que relevante para las cuentas fiscales desde el momento que se abrieron grandes dudas con el destino que tendrá el proyecto del Gobierno de apropiarse de los 6569 millones de reservas del Banco Central por medio del Fondo del Bicentenario. Aunque no lo sepan, esta vez los ganaderos le deben una buena gauchada a la soja

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