13 de febrero de 2010 03:28 AM
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Con sensatez, podemos aumentar la producción

La principal conclusión de la última reunión en el Ministerio de Agricultura con la cadena de trigo es que el Gobierno no se hace cargo de lo que pasa con el mercado de trigo.

Inclusive el Gobierno ha redoblado la apuesta de sus políticas. Quienes conocen este negocio comentan que la importante cosecha de maíz seguiría el mismo camino si no se modifican las políticas determinadas por la Oficina Nacional de Control Comercial Agropecuario (Oncca). Más grave aún es que en dicha reunión no se analizó cuáles van a ser las condiciones para la próxima siembra para evitar un nuevo engaño al productor y que la producción se reduzca nuevamente. Los que creen que con la creación de la Mesa Nacional del Trigo se van a solucionar los problemas están totalmente equivocados. Es la nueva forma que encontró el Gobierno de dilatar el problema, institucionalizando la participación de todos los protagonistas de la cadena para seguir interviniendo en el mercado y perjudicando a quienes se quiere defender. Participar en dicha mesa es seguir avalando las políticas del Gobierno en defensa de la seguridad alimentaria de todos los argentinos. Los resultados de dichas políticas hoy están a la vista: aumento de precio de todos los alimentos, caída de las producciones por falta de rentabilidad y desaparición de productores. Quienes apoyaron estas políticas, muchos de ellos protagonistas de la cadena agroindustrial, privilegiaron sus intereses personales al aumento de la producción, y hoy se mantienen en un cómplice silencio sobre cuáles son las políticas que necesitan todos los sectores del complejo agroindustrial y al país para salir de la crisis que muy bien conocen. Negociaban con el Gobierno mejores condiciones para su producto final, a costa de la rentabilidad del productor. Hoy están sabiendo que la situación no se puede mantener mucho tiempo más y que termina uno de los negocios de la nueva burocracia nacional prebendaria que se instaló en el país con este Gobierno, porque más rápido que pronto tendrán que sincerarse los precios relativos de nuestra economía y terminarse con los subsidios cruzados, responsables de la caída de las producciones, de la creciente inflación, del crecimiento del gasto público y de una gravísima corrupción en toda la economía. Un sistema en el cual los pobres subsidian a los ricos y el interior a los centros urbanos no se puede sostener mucho tiempo. Tenemos la cosecha más baja en 100 años y no hay compradores para ella. Mientras esto ocurre, el precio del pan sigue subiendo y el productor tiene que vender el trigo al valor de hace dos años. En la estructura del costo del pan el trigo representa el 12%. La seguridad alimentaria del país se cubre con sólo 2,5 millones de toneladas. No se necesita reservarle a los molinos 6 millones de toneladas y no hay por qué subsidiar el trigo a los molinos para productos farináceos o para la exportación. Hay que terminar con este argumento de la seguridad alimentaria, que para lo único que sirvió es para enriquecer a los empresarios que se disciplinan con el Gobierno. El resultado El actual nivel de inflación es el resultado de dichas políticas, por lo tanto no se debe echar más leña al fuego con políticas monetarias que presionen el aumento de la inflación para seguir atendiendo el desmedido gasto público. El déficit fiscal representa hoy dos fondos del Bicentenario, una cifra similar a los subsidios ejecutados presupuestariamente en 2009 de 52.000 millones de pesos. En ese importe están los 3700 millones ejecutados por la Oncca. Estos gastos se pretenden mantener en el 2010. La mejor propuesta ante la actual situación interna de falta de recursos genuinos y por las extraordinarias condiciones externas es volver a la sensatez económica integrándonos definitivamente al mundo globalizado. No debemos dejar pasar nuevamente esta gran oportunidad. Posiblemente se necesite algún tipo de gradualismo para salir de las actuales deformaciones de las variables económicas. ¿Está dispuesta la dirigencia sectorial y general a proponer y discutir en el Parlamento políticas para el sector agroalimentario sobre la base de las libertades económicas y la integración a todos los mercados del mundo? ¿O están pensando sólo en corregir matices a las actuales políticas? Por Arturo Navarro

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