24 de febrero de 2011 17:59 PM
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Rubro ovinos : Una mirada desde la industria y la produccion

URUGUAY : En la edición de enero de El País Agropecuario varios productores dieron su visión sobre la realidad y las perspectivas del rubro ovino.Ahora, consultamos a tres referentes de la cadena ovina sobre cómo perciben el negocio ovino, actualmente y en sus perspectivas de mediano plazo

Ing. Agr. Gabriel Capurro

Gerente general del Secretariado Uruguayo de la Lana (SUL)

–¿Cómo fue el año 2010 para el rubro y qué expectativas tiene para 2011?

–Si lo miramos desde el punto de vista productivo, 2010 fue regular. El clima no fue bueno para los ovinos y, como consecuencia, tuvimos una muy mala señalada, que estimamos en el entorno de 65%, y la producción de lana por cabeza también tuvo una caída apreciable. El stock cayó por debajo de los ocho millones de cabezas y esperamos su estabilización –o una pequeña caída– nuevamente en 2011, como consecuencia de la baja señalada de 2010.

Desde el punto de vista económico, sin embargo, fue un año que cerró muy bien, debido al incremento constante en el precio de la carne ovina y a la recuperación del precio de la lana. Los aumentos de precios fueron de una magnitud tan importante que lograron contrarrestar la baja en la producción y la pérdida de valor del dólar frente al peso.

Tenemos buenas expectativas para el futuro. Existen fundamentos que justifican que los precios sigan firmes en 2011. Hay poca oferta de lana y carne ovina en el mundo, y esto no se revertirá en el corto plazo. Por otro lado, la demanda sigue aumentando, al crecer la población mundial y mejorar su poder adquisitivo, sobre todo en los países en desarrollo.

Con la oferta actual de lana y carne ovina se pueden abastecer únicamente algunos nichos de mercado, que están en condiciones de pagar muy buenos precios por los productos.

Por otro lado, todos los alimentos han experimentado aumentos de precios importantes y también las fibras naturales como el algodón, por lo cual las relaciones de precios con los posibles sustitutos de la carne ovina y la lana se mantienen, en líneas generales, en sus niveles históricos, y la competencia por el uso del suelo entre rubros es muy fuerte, lo cual determina que los aumentos de oferta serán lentos y se basarán mayoritariamente en la mejora de la productividad.

–El rubro ovino, con los números actuales, ¿es competitivo frente a otras opciones que tiene hoy el productor, como la agricultura, la forestación o la ganadería vacuna?

–En general, para analizar la competitividad de diferentes rubros en el uso del suelo, se considera por un lado la aptitud del suelo, y obviamente hay suelos donde siempre el ovino ha sido la mejor alternativa, como es el caso de los suelos superficiales de basalto y cristalino, y hay otros tipos de suelos donde las opciones de uso pueden ser varias.

Superadas las limitantes que el suelo impone y alguna otra consideración de tipo cultural o de ubicación, para definir el uso del suelo se consideran la rentabilidad del capital invertido en el rubro, el ingreso anual por hectárea y el riesgo de la actividad. Generalmente, a mayor riesgo se exige mayor rentabilidad e ingreso por hectárea.

La explotación de los ovinos siempre ha sido una actividad de alta rentabilidad, ya que es común a través de los años que lo que se invierte en una oveja de cría se recupera en un año, con la producción de corderos y lana. La rentabilidad sobre el capital invertido en el rubro, una vez deducidos los costos variables, generalmente se ha ubicado a lo largo del tiempo en el entorno del 80% a 100%.

Sin embargo, también es real que históricamente el capital invertido en el rubro era muy bajo, lo cual determinaba que el ingreso por hectárea, a pesar de su alta rentabilidad, también era bajo.

Esto cambió. Con los precios actuales de los productos, si consideramos que seis ovejas de cría equivalen a una Unidad Ganadera (UG), y que la carga promedio del Uruguay ganadero es de 0,75 UG por hectárea, el equivalente a 4,5 ovejas que pueden señalar el 80%, que son 3,6 corderos, y además producen lana, tenemos que el rubro ovino puede generar un margen bruto del entorno de los 300 dólares por hectárea/año. Este margen bruto compite con cualquier otra actividad y en todos los tipos de suelos.

Vale la pena resaltar que este margen bruto de 300 dólares por hectárea/año se logra con un nivel de riesgo muy bajo, muy inferior al de cualquiera de las otras actividades, ya que las oscilaciones de producción debidas al clima afectan la productividad del rubro ovino mucho menos que a cualquier otro.

La oveja de cría se preña siempre en un 90-95%, incluso en años muy malos. No se conoce que el rubro ovino produzca cero en un año. Siempre la oveja produce lana y, por poco que señale una majada, difícilmente baje del 50%, en años muy malos desde el punto de vista climático, en la parición. Con estos números, la rentabilidad de una majada puede caer al 51% y el margen bruto a 183 dólares por hectárea, con los precios actuales.

Ésta es una gran fortaleza del rubro, pero a su vez es una gran debilidad, porque muchas veces los ovinos se utilizan para hacer lugar a los vacunos, que son más sensibles a las crisis forrajeras, y pueden experimentar pérdidas mayores y afectar a la empresa en forma severa.

Esto confirma el aporte estratégico que hace el rubro ovino a las empresas agropecuarias, diversificando sus ingresos y dándoles estabilidad, aun en años críticos.

En síntesis, considerando rentabilidad, ingreso por hectárea y nivel de riesgo, el rubro ovino -con los precios actuales de carne ovina y lana- es muy competitivo frente a cualquier opción de uso del suelo.

Pedro Otegui

Director de Lanas Trinidad S.A.

–¿Qué importancia estratégica tiene el rubro ovino para el Uruguay?

–La ovinocultura continúa siendo un rubro vigente y muy importante en la realidad y el quehacer de nuestro país. La producción ovina, luego de transitar varios años de dificultades, comienza un período de estabilidad y de recuperación. En 2010 el rubro ovino exportó por más de U$S 370 millones (ver cuadro).

Muchas familias, a lo largo y ancho del Uruguay, dependen de la producción de este noble animal: productores, cabañeros, veterinarios, personal de campo, personal de empresas de esquila, transporte, barracas, fábricas, etc.

También es importante destacar que la mayor parte de nuestros ovinos pastan en campos de “baja productividad”, donde otros rubros hasta ahora no han podido casi que entrar. La oveja es un buen complemento del vacuno y deberíamos llegar a tener por lo menos una relación de 1 a 1 entre bovinos y ovinos en nuestro país.

La producción de lana y carne ovina muestra una recuperación muy buena y los precios de mercado hoy están en niveles que hace muchos años no se veían. La apuesta debe ser a un aumento de la productividad y de la calidad, tanto en lana como en carne ovina.

Un elemento fundamental es el aumento de la tasa de señalada de nuestras majadas. No debiera ser A en lugar de B o B en lugar de A, hay que sumar todo. Tenemos buenos ejemplos de razas doble propósito en nuestro país.

Uruguay, con cinco peinadurías, es el segundo exportador del mundo de lana peinada en tops. Uno se podría preguntar en cuántas otras ramas de actividad nuestro país tiene tal posición en el mercado internacional.

–¿Qué perspectivas visualiza para la lana en el corto y mediano plazo?

–Creemos que la perspectiva para la lana es de buena a muy buena. Uruguay es conocido en el mundo por la calidad de sus productos y la seriedad de los operadores. El país exporta lana sucia, lana lavada, lana peinada, tejidos y prendas, entre otros. Hay mucha gente que ha transmitido y transmite la cultura y el conocimiento de la oveja, de generación en generación. Es un activo muy importante que el país tiene: el capital humano. Si este capital humano se pierde, no se recupera más. Este know-how se suma a un parque de maquinaria industrial de altísima calidad.

La lana es uno de los rubros donde hay una mayor transparencia de mercado, con su correspondiente traducción de precio exterior a precio productor.

Uruguay exporta sus productos –entre otros– a China, Alemania, Italia, Reino Unido, Turquía, Japón, Corea, Brasil, México, España, Chile, Colombia.

Como siempre, hay cosas en el debe. Ampliar ciertos mercados, como Estados Unidos, donde perdimos una oportunidad muy buena hace pocos años. También en la India, donde hay una discriminación importante al ingreso de la lana peinada en tops. Son cosas que existen y por las que debemos seguir pe-leando todos los días.

Otro tema de singular importancia es el de los costos internos. La competencia en el mundo es muy fuerte y nadie le regala nada a nadie. Uruguay tiene buenos productos, es reconocido en el mundo, hay buena demanda, pero además es imprescindible tener costos competitivos y el alto costo-país es una materia pendiente.

Todas las materias primas textiles han aumentado su valor. La demanda mundial continúa con tendencia al alza. La población continúa y continuará creciendo. En el mundo crece el segmento de pobladores de clase media a media-alta, y hay más conciencia sobre el consumo de fibras naturales, renovables y amigables con el ambiente. La lana cumple con todos estos requisitos a la perfección.

Los otros dos grandes generadores de materias primas textiles -algodón y sintéticos- también tienen algunas incertidumbres. La producción de algodón sufre de fuerte competencia por el uso de la tierra y su precio ha subido en forma exorbitante, y muchas fibras sintéticas provienen de derivados del petróleo, que tendrá severas restricciones en el mediano o largo plazo.

La lana es una fibra natural, renovable y respetuosa del ambiente, que sirve para múltiples aplicaciones: prendas de alta calidad -lanas finas y súperfinas-, lana de finura media para tejidos planos y tejidos a mano, ropa sport, ropa deportiva, tejidos para uso de interior –alfombras, moquettes, tapizados, etc.–. La lana ha probado ser muy buena, tanto para el invierno como para el verano. Su mayor uso en las llamadas construcciones inteligentes permite una menor necesidad de aire acondicionado y de calefacción.

Más importante aún es destacar que la lana es una fibra de baja o nula combustibilidad y, en caso de incendio, no produce gases tóxicos, lo que la hace una fibra irremplazable para la protección de las personas en sus casas y en espacios cerrados donde hay alta concentración de gente. A su vez, está científicamente probado que, al dormir, quien se abriga con lana duerme y descansa mejor.

La lana es única y está saliendo del mundo de los llamados commodities, para ser considerada una fibra especial.

La Federación Lanera Internacional (www.iwto.org), de la cual Uruguay es miembro a través de la Cámara Mercantil de Productos del País, realiza desde hace varios años –junto con Australia y Nueva Zelanda- programas de marketing para mejorar la llegada al consumidor final de todo el mundo, haciéndoles ver los excelentes atributos de esta noble fibra que Dios nos da.

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