15 de febrero de 2010 08:08 AM
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Paraguay   –   Carne para Egipto

La carne paraguaya, que había ganado un mercado en Egipto, ha sufrido un traspié, tal vez severo, con la suspensión ordenada por el país de los faraones, por las dudas surgidas allá sobre la solvencia de los exámenes paraguayos de calidad.

Las cosas ocurrieron así: Un frigorífico paraguayo, Carpe Diem, fue sancionado por diferencias en sus balances de carne y la noticia, conocida por el embajador de Egipto en Uruguay, concurrente, llegó a El Cairo motivando la decisión egipcia.

Un nuevo episodio, de los muchos que se vienen sucediendo, que perjudica a la economía paraguaya y que tiene sus raíces en la falta de control de los procedimientos y la falta de conocimientos de las embajadas paraguayas acerca de los requerimientos de sus funciones.

Ya en la mitad del siglo XIX, en la India, se vivió una rebelión que casi acaba con el Imperio Británico, por haber entregado fusiles Springfield, cuyos cartuchos debían ser mordidos y estaban protegidos con grasa de cerdo; los cipayos, un cuerpo militar hindú al servicio de Inglaterra, se rebelaron y causaron daños enormes a la pacífica dominación inglesa. La desinformación y la ignorancia fueron las causales, porque cuando se trata con musulmanes hay que tener en cuenta los dictados de su religión. Inglaterra aprendió y retiró los fusiles, derrotó a los cipayos en cruentas batallas y siguió en la India hasta después de la Segunda Guerra Mundial.

Es probable que el primer ministro de Gran Bretaña de entonces haya querido fusilar al responsable del envío de los fusiles del conflicto, porque muchos oficiales británicos murieron. No lo hizo, porque la Gran Bretaña era una nación civilizada y sufrió el daño con el rostro confuso pero serio.

El problema de la carne con Egipto tiene características parecidas y debe ser enmendado, no solamente ahora, con una política de información total y verdadera, sino con una que conduzca al sector y al servicio exterior a una escala mayor de conocimiento de los mercados a los que asistirá y de los que obtendrá beneficios.

Ya no es posible hacer economía sobre creencias y cálculos aéreos, ni dejar los controles afuera de la gestión, porque el mundo se ha convertido en una notebook y las noticias vuelan. Un error y los negocios se pierden.

Y es muy triste ver que un negocio preparado minuciosamente se pierda por un error de información o apreciación superficial, que envíe todo el trabajo al desagüe, en cuestión de minutos.

La falta de comprensión de los mecanismos que usan otros gobiernos para relacionarse con Paraguay es una falencia nacional, que va desde los asuntos públicos hasta la última acción privada y es la que hace correr peligro a toda una gestión. Es hora de aprender que es necesario ser más aplicados.

No entender al mundo o hacerlo inadecuadamente provoca daños múltiples, algunos definitivos; provoca faltantes financieros y produce entorpecimientos generales que no deberían aparecer. Se trata de una falencia insostenible.

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