16 de julio de 2012 00:43 AM
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La cadena del maíz se beneficia con el etanol

El crecimiento de la oferta de etanol de maíz no sólo permitirá ampliar la capacidad productiva de este biocombustible sino que se favorecerá la elaboración de subproductos para la alimentación animal. Ese es uno de los aspectos que destacan productores y especialistas involucrados en proyectos de inversión para elaborar etanol. Según datos de la Asociación […]

El crecimiento de la oferta de etanol de maíz no sólo permitirá ampliar la capacidad productiva de este biocombustible sino que se favorecerá la elaboración de subproductos para la alimentación animal.

Ese es uno de los aspectos que destacan productores y especialistas involucrados en proyectos de inversión para elaborar etanol.

Según datos de la Asociación del Maíz y el Sorgo Argentinos (Maizar) hay al menos diez plantas construidas o en construcción en el país que en poco tiempo tendrán disponible la producción del biocombustible.

“Para la cadena del maiz y sorgo argentino el desarrollo de la industria del etanol implica por un lado el ingreso al sector energético y por otro lado el acceso al mercado de la nutrición animal con un nuevo producto. La combinación de estos dos factores se transforma en uno de los principales desarrollos de futuro y la base para la construcción de la bioeconomía, sustentada en estas cadenas de valor”, señala Martín Fraguío, director ejecutivo de Maizar.

Las plantas, que están geográficamente alejadas de los puertos, van a requerir la compra de más maiz y dejarán combo subproductos los Granos Secos Destilados de Maíz (DDGS, según sus siglas en inglés) o burlanda (principal fuente de alimentación de vacunos, porcinos y aves).

En alimentación animal, la relación de la soja con el maíz es de 10 a 1, en la provisión de proteína para el primero, y energía, para el segundo. Gracias a los DDG la relación de proteína con la soja de 1 a 1. Esto puede permite la integración vertical en la cadena hacia la producción de carnes porcina y aviar.

“Que los productores agropecuarios que siembran maíz participen de este negocio es muy importante porque generan una integración vertical y una diversificación empresaria que los ayuda a disminuir el riesgo.
De parte de los productores requiere de visión asociativa, aprender sobre una nueva industria y delegar en manos de profesionales el manejo de la empresa”, explica Manuel Ron, presidente de Bio4, empresa de Río Cuarto, Córdoba.

“El grano de maíz que ingresa en la planta triplica su valor cuando se transforma en bioetanol y subproductos para la alimentación animal. Esto favorece al Producto Bruto Regional”, añade.

A su vez, hay otros efectos positivos como el ahorro de fletes a los puertos y la consiguiente descongestión de la rutas provocan son efectos positivos de la industrialización en el interior.

“La matriz energética del país y del mundo debe ser modificada y los biocombustibles son una de las alternativas. Teniendo en cuenta este escenario, resulta necesaria la estimulación de una mayor producción de biomasa destinada a biocombustibles de primera generación de cultivos energéticos como el maíz y el sorgo”, explica el productor Gastón Fernández Palma, ex presidente de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid).

Hasta el momento, la Argentina tiene un corte del 5 por ciento de etanol en las naftas y se estima que podría llegar a diez por ciento en pocos años.

El impacto del etanol sobre la expansión del maíz es significativa. El ejemplo más notable es Estados Unidos, en donde el 38 por ciento de la producción de maíz se destina al etanol. Según datos de Maizar, la demanda mundial de maíz creció un 83 por ciento, y el 70 por ciento se explica por el crecimiento en la demanda de etanol.

En Estados Unidos la madurez de la industria del etanol se refleja en que se redujeron los subsidios, pero, al mismo tiempo se elevó el cupo interno en las naftas y fueron eliminados los aranceles para la importación..

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