17 de febrero de 2010 13:27 PM
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Sojización: el lado oscuro de un negocio que lastima el bolsillo de los argentinos

La carne que usted consume, la ropa que compra e incluso los lácteos, entre otros productos, han sido fagocitados por el "yuyito". Y, lo que es peor, el problema tiende a agravarse con el tiempo. En este informe, la radiografía de una dura realidad que toca a toda la sociedad muy de cerca

La soja y los productores que dependen de ella, este año están de festejo. No sólo porque esperan para esta campaña una producción que alcanzará un nuevo récord histórico, sino que este cultivo se encamina a cumplir 60 años desde que comenzó a diseminarse con fuerza a lo largo y ancho del país.  
En efecto, si bien para parte de la sociedad argentina es un alimento relativamente nuevo, los primeros ensayos con el “yuyito” en la Argentina datan de fines del siglo XIX. Pero fue a partir de la década del ´60 cuando, con el comienzo de la experimentación genética, se convirtió en un cultivo viable.

Y su crecimiento fue explosivo: en 1961 por primera vez la soja rompió el techo de las 10.000 toneladas, en 1989 superó las 10 millones y hoy ruralistas y pooles de siembra esperan traspasar las 52 millones, un nivel sin precedentes.

En ese largo camino que recorrió el poroto, mucha agua corrió bajo el puente para el país. Y la soja no fue la excepción: pasó de ser un cultivo exótico procedente de China a, nada más ni nada menos que el salvavidas para hacer frente al agujero fiscal durante las últimas dos administraciones.

Sin embargo, así como su fuerte expansión en la Argentina le dio argumentos para convertirse en la gran “vedette” del agro, también pasó a ser duramente castigada en la era Kirchner, ya que continuamente se señaló al efecto de la “sojización” como el factor responsable de la caída en los niveles de producción de alimentos 100% estratégicos y claves para la mesa de los argentinos, como la carne, el trigo y la leche. E incluso, hasta hizo retroceder al cultivo de algodón, insumo fundamental para la industria textil.

Y así fue como la soja pasó a ser, al menos en los discursos oficiales, la enemiga pública número 1 a la hora de explicar el fenómeno inflacionario que tanto golpea los bolsillos de los consumidores, considerando que las distintas consultoras locales ya le pusieron un piso del 20% para 2010.

En efecto, a la hora de explicar la explosiva suba de precios de los alimentos que tuvo lugar el último mes, como fue el caso de la carne o los lácteos, desde distintos ministerios y hasta desde el propio Poder Ejecutivo, se le apuntó a los productores que se volcaron a la soja para aumentar su rentabilidad, cuya producción en un 95% se destina al exterior, en detrimento de otras commodities cuya relación es totalmente inversa.

La “sojización”, ¿causa o consecuencia?
En diálogo con iProfesional.com, Pablo Adreani experto en agronegocios y director de la consultora Agripac, sostuvo que “No nos podemos sorprender que falten vacas o no crezca la industria lechera, porque las políticas produjeron rentabilidad negativa en estos negocios y generaron que miles de productores liquidaran sus stocks”.

“Si a los productores les ponen trabas para producir carne, leche y trigo, es muy simple, se pasan a la soja, que desde hace años tiene una demanda firme de China y una rentabilidad espectacular”, recalcó el experto.

Llevar a la práctica este anterior razonamiento es básico: basta ver qué sucedió con la distribución de las hectáreas según el tipo de actividad para entender cómo en la Argentina avanza indefectiblemente el fenómeno del monocultivo:  En el año 2000, la ganadería ocupaba el 75% de la superficie productiva del país (68 millones de hectáreas) considerando solamente los cuatro cultivos principales.

Diez años después, la actividad perdió 20% de esa superficie y ahora sólo ocupa 54 millones de hectáreas.

¿Qué sucedió con ese faltante? ¿Se esfumó? No. En gran parte, fue destinado a la soja, dado que en apenas diez campañas la superficie cultivada con el “yuyito” se duplicó.

Lo dramático es que el resto de los granos no paró de perder terreno: el trigo, el girasol y el maíz ocupan hoy entre un 30% y un 60% menos de superficie que en el año 2000.

Así es como, según proyecciones de la consultora especializada Agritrend, el 70% de lo que producirá la Argentina será soja, que explicará el 90% de los dólares que ingresen en concepto de retenciones al agro.

¿Y qué pasó con la carne? En 2009, la cantidad de cabezas de ganado fue similar al nivel de hace 50 años, es decir, 51 millones, según el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA). El problema es que, en ese entonces, el país tenía apenas 20 millones de habitantes, la mitad del nivel actual.  Además, este número implica que hoy en la Argentina hay 4 millones de animales menos que en 2007. Según Adreani, “mientras que nosotros perdimos stock, en los últimos años Brasil sumó a sus existencias más de 20 millones de cabezas”.

En diálogo con iProfesional.com Miguel Schiariti, titular de la Cámara de Industria y Comercio de Carnes de la República Argentina (CICCRA), alertó que como se desplomó el stock y con la mejora del clima, hoy muchos productores prefieren retener cabezas y así la producción de carne, según proyecciones tentativas, no superaría las 2,5 millones de toneladas, es decir, habrá en las góndolas 600 millones de kilos menos que el año pasado.

Esto derivará, según el experto, en más aumentos de precios y una fuerte caída del consumo, cercana a 15 kilos per cápita, tal como se puede observar en el siguiente gráfico: Duelo de titanes: proteína vegetal versus animal
“Gracias a la revolución que implicó la siembra directa, las tierras débiles que antes sólo podían utilizarse para ganadería, hoy están volcadas a la soja. Hay un claro ejemplo: hace diez años, todo el corredor hacia la costa Atlántica y zonas como Chascomús, Conesa y General Madariaga, estaban cubiertas por animales porque era imposible sembrar. Hoy casi todo es soja. Así, muchos de los productores que no se reconvirtieron, debieron cerrar sus establecimientos”, explicó Raúl Ochoa, ex subsecretario de Comercio Internacional.

A esto, César Gagliardo, presidente de la corredora de granos Artegran, agregó que “una producción sojera requiere unos 6 meses de espera, versus un proceso productivo de una vaca, que entre que se gesta y se convierte en novillo, necesita más de tres años”.

Desde Abeceb.com destacaron que “la apremiante situación llevó a que en los últimos años se faene una importante cantidad de hembras, poniendo en riesgo la reproducción bovina a mediano plazo. Ante las dificultades del sector, muchos optaron por liberar los campos para volcarse hacia actividades más rentables, como la producción de soja”.

En este contexto, Pedro Peretti, titular de la Comisión de Ganadería de la Federación Agraria, se quejó de que “como consecuencia de la política de los últimos dos gobiernos, hay 9 millones de hectáreas más sembradas con soja. Y, en este contexto, la ganadería se tuvo que arrinconar en zonas menos favorables y, tal vez este año, tengamos problemas para abastecer el consumo interno de carne”.

En el país de la carne, falta carne (y sube el precio)
Según el sitio InflaciónVerdadera.com, en el último mes la carne aumentó un 40%. Sin embargo, hubo cortes como el espinazo o el cuadril que hoy cuestan un 100% y un 82% más, respectivamente.

Desde el sitio fueron contundentes: "El resultado no es sorprendente desde el punto de vista económico, ya que como se explica en cualquier curso de economía básica, los controles de precios (o "precios máximos") crean un exceso de demanda y eventualmente un desabastecimiento".

Al respecto, el propio ex ministro de Economía, Domingo Cavallo, en base a este relevamiento, destacó que la acción del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, "lo único que consigue es que los cortes con precios controlados desaparezcan de las góndolas".

En la misma línea, Ochoa sostuvo que, “cuando las políticas llevadas en el tiempo apuntan a aumentar el consumo y no el crecimiento sostenido de la producción, esto lleva a un cuello de botella”.

Como contrapartida, según Ochoa, “el yuyo, durante todo este tiempo, tuvo muchas ventajas: si bien sufrió y sufre altas retenciones, las exportaciones jamás se le cerraron porque el 95% se coloca en el exterior y tiene una relación costo-ingreso que a los productores les resulta excelente”.

Los precios, bajo la lupa
En este contexto, el presidente de la Federación Agraria, Eduardo Buzzi, este lunes sostuvo que "los argentinos comemos doce millones de animales por año y en 2010 vamos a tener solamente ocho millones; ese faltante (de 4 millones) provoca un vacío que hace que se disparen los precios más allá de la voluntad, el capricho y los disparates de Moreno".

Al respecto, Susana Andrada, directora del Centro de Educación al Consumidor (CEC), sostuvo que “el precio de la carne aumentó muchísimo y, como tiene un peso enorme en la canasta básica, esto termina generando presiones al alza sobre el resto de los productos sustitutos“.

A modo de ejemplo, alertó que, desde que la Presidenta recomendó consumir cerdo o pollo, “estos productos también aumentaron”, al acumular una suba del 14% y 11%, respectivamente.

En este contexto, Ochoa consideró que “de ninguna manera se van a poder sustituir cortes vacunos por carne aviar o porcina”.

“En pollos tenemos una producción interesante, pero nunca un volumen como para sustituir 20 kilos por persona por año. A lo sumo se podrán suplementar 2 kilos. Mientras que en el caso del cerdo, hay un faltante de producción tal, que la oferta se complementa con importaciones desde Brasil. Es decir, que si se quiere reemplazar la carne vacuna con este producto, vamos a tener que depender más del país vecino. Esto es un claro indicador de que deberíamos haber trabajado en un plan desde hace muchos años, pero ahora es tarde”, agregó.

En lo que se refiere a los precios, lo más destacable es que, con los cambios en la metodología del INDEC, la cantidad de bienes relevados pasó de 818 a apenas 440. Así, se dejó de lado a numerosos servicios vinculados con la clase media y alta, y los productos de la canasta básica ahora tienen un peso mayor. La preponderancia de la carne en el índice de precios, por ejemplo, se incrementó en casi un 40%.

Lácteos, en el banquillo
Los lácteos, por su parte, también perdieron terreno en la batalla contra el boom de la soja y no paran de incrementar sus precios en las góndolas.

Según relevamientos de distintas consultoras, este rubro experimentó un alza del 30% en el último mes.

Recientemente, Guillermo Giannasi, director de la Federación Agraria Argentina (FAA), aseguró que "los números son contundentes. En los últimos cinco años han desaparecido más de 5 mil tamberos".

Desde CREA también alertaron que en los últimos años tuvo lugar una “gran descapitalización y un creciente endeudamiento de los empresarios del sector, muchos de los cuales ahora se ven obligados a cerrar sus tambos y a buscar otras alternativas productivas”, como la soja.

Según cálculos de la entidad, en 2009 un tambero que producía un promedio de 23 litros leche -por vaca y por día- sufría una pérdida de 145 dólares por hectárea.  

Según la misma entidad, “la producción de leche entera se mantiene estancada desde hace más de diez años".

En este contexto, Susana Andrada, del CEC, no tuvo reparos en asegurar que los aumentos de precios se deben, principalmente, a que la producción en la Argentina no aumentó.

En la misma línea, Susana Yellich, titular de Prodelco, en declaraciones a la prensa aseguró que el aumento se debe lisa y llanamente a la falta de vacas productoras y vaticinó que, por la faena, la situación para el sector lácteo empeorará en los próximos meses.

Distinta es la visión del presidente del Centro de Industriales Lecheros (CIL), Miguel Paulón, para quien los aumentos del orden del 30% en los productos lácteos es consecuencia de la eliminación de las compensaciones que les otorgaba el Gobierno.

Hasta la ropa es víctima de la “sojización”
El costo de tener una soja super rentable es que “arrasa” con gran parte de las actividades que antes eran competitivas y las empuja a zonas menos productivas, tal como quedó en evidencia.

Y en los últimos años, la oleaginosa también arrinconó a insumos claves para la industria, tal como sucedió con el algodón, el principal insumo para la industria textil.

Y los precios son la mejor prueba de esto: según el estudio Bein, la indumentaria acumuló una fuerte suba del 12% en 2009. Y el 2010 llegó con sorpresas: un guardapolvos, por ejemplo, hoy cuesta un 50% más que el año pasado.

A la hora de buscar una de las razones, un interesante informe del INTA, publicado durante la presidencia de Néstor Kirchner, ya alertaba que “la expansión sojera se logró en parte producto de la incorporación de nuevas tierras, pero también por sustitución de otros cultivos y actividades que descendieron durante las últimas seis campañas”, como el caso del algodón, cuya superficie cultivada llegó a sufrir un desplome del orden del 80%.

“El desplazamiento de algunas producciones supone pérdidas importantes de capital, como en el caso de las desmotadoras de algodón. Las industrias hilanderas que aún subsisten se ven obligadas a importar fibra de algodón de países vecinos”, alertaba en aquel entonces el INTA.

Y, desde el sector, aseguran que la situación está muy lejos de cambiar.

En diálogo con iProfesional.com, un directivo de la Fundación ProTejer y uno de los principales empresarios textiles del país, aseguró que “la situación empeoró en los últimos años”.

“A mediados de los ´90, la Argentina llegó a producir cinco veces más de algodón de lo que consumía. Lo triste es que, el año pasado, lo que se produjo apenas alcanzó para abastecer la demanda interna”, explicó.

“La Argentina ya dejó de ser una potencia algodonera para convertirse en un país que tiene algo de algodón. En el mismo lapso, Brasil, que producía 400 mil toneladas, pasó a generar, 1,2 millones. Es decir que también dejamos de proveerlos, ya que nos reemplazaron con su propia producción”, recalcó.

El empresario aseguró que esto obedece a que faltaron políticas de aliento, pero más que nada a que “la soja es muy beneficiosa y muchos no lo dudaron“.

Desde ProTejer, destacaron que “si bien el algodón es más rentable por hectárea que la soja, para ganar hay que invertir dos o tres veces más. Por eso, la oleaginosa desplazó estas plantaciones, porque requiere menos riesgo e inversión“.

En este contexto, el industrial aseguró que “como la producción está tan justa y por problemas climáticos parte la producción de hilados no suele ser muy buena, tenemos que importar de Brasil, obviamente a un precio superior“, lo que a su vez termina impactando en el precio de las prendas.

“Sinceramente estaríamos muy felices de comprar más algodón argentino, porque sería mucho más rentable para nosotros y nos haría más competitivos, pero para eso tendríamos que tener un gran excedente".

Es así como la soja, que durante todos estos años supo adueñarse del centro de la escena y contribuyó para alivianar el déficit fiscal, también presenta un lado muy oscuro. Y que impacta cada vez y con más fuerza en el bolsillo de todos los argentinos.

Juan Diego Wasilevsky

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