17 de febrero de 2010 10:52 AM
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La miel puede ser muy sana. Pero no para los bebés

Las importantes propiedades nutritivas de la miel son conocidas.

La costumbre de impregnar con miel el chupete del bebé o de darle una cucharadita para que se calme, para que se duerma, para que "se de un gustito", está muy difundida en nuestra sociedad. Sin embargo, según señala la Socie-dad Argentina de Pediatría (SAP), tanto la miel de caña como la miel de abeja, así como el jarabe de maíz de acuerdo a la Organiza-ción Panamericana de la Salud (OPS), no deben ser ingeridos -ni solos ni como endulzantes de otro producto- por niños menores de un año.
Estos alimentos pueden contener una bacteria, el Clostridium botu-linum, que genera esporas (un ti-po de células) que producen una toxina que el organismo de los más pequeños no puede tolerar. Así, en caso de que un bebé consuma miel o jarabe de maíz, aumenta sus posibilidades de desarrollar botulismo infantil.

El botulismo infantil

No es una enfermedad que ocurra con mucha frecuencia sin embar-go, organismos de salud tanto nacionales como internacionales realizan campañas de prevención porque de no ser tomada tomarse a tiempo, la afección es mortal.
La bacteria en cuestión se en-cuentra en diversos lugares (pue-de estar en la tierra, en heces de animales, por ejemplo) y en di-versos alimentos, como en ver-duras mal lavadas o en conservas mal elaboradas, lo cual es la causa común de botulismo en adultos.
Y un modo de evitar una de las fuentes de la enfermedad es el no permitir que los niños menores de un año consuman miel.
Por otro lado, la SAP también ad-vierte que la ingesta de este ali-mento puede interferir con la lac-tancia e incluso producir pro-blemas en los dientes del bebé.

Ni siquiera un poquito

Porque e problema no es la miel sino la bacteria, que puede ha-llarse aún en porciones muy re-ducidas. Si las esporas de la Clostridium botulinum llegan al intestino del bebé, se encuentran con el espacio propicio para vivir y generar toxinas.
A mayor edad, la acidez del estó-mago y las bacterias beneficiosas que habitan en el intestino de las personas sanas evitan que dichas esporas prosperen y no se pro-duce este tipo particular de bo-tulismo.
Pero en el caso de los pequeños menores de un año, las toxinas liberadas pasan a la sangre, atacan el sistema nervioso y producen parálisis muscular.
Una característica de esta enfer-medad es que la cantidad de to-xinas necesarias para causar el desastre son muy pocas.
Por este motivo, la recomen-dación de los especialistas es contundente: los niños menores de un año no deben consumir y ni siquiera probar miel de abeja, de caña o jarabe de maíz. Se trata de precaución ante un hecho que de ocurrir sería grave y, no atendido a tiempo, mortal.
Des-recomendaciones

Así, en 2007, la ANMAT (Adminis-tración Nacional de Medicamen-tos, Alimentos y Tecnología Mé-dica) incorporó al Código Ali-mentario Nacional el artículo 235 sexto del capítulo V que establece que "en el rótulo de los envases de miel, deberá consignarse con ca-racteres de buen realce y visi-bilidad y en un lugar destacado de la cara principal, la siguiente leyenda:
No suministrar a niños menores de 1 año".
Este artículo, que debe ser apli-cado en todo el país, se basa en los puntos justificados en una re-solución conjunta (136/2007 y 109/2007 Modificación), que se-ñala entre otros puntos que los ni-ños menores de 1 año correspon-den al grupo de edades de mayor riesgo de padecer botulismo in-fantil.
También menciona los registros de la enfermedad en lactantes que existen en Argentina y que la vin-culan con el consumo de miel. Además señala que "en la bi-bliografía mundial y en la de nues-tro país se han publicado nume-rosos trabajos científicos que ad-vierten acerca de la presencia de esporas de Clostridium botulinum en la miel y su relación con casos de botulismo infantil", entre otros motivos que justifican la necesidad del rotulado antes mencionado.
En definitiva, los pediatras re-comiendan que siempre que sea posible, los bebés deben ser ali-mentados con leche materna en forma exclusiva hasta sus seis meses, y luego se debe realizar la incorporación paulatina de ali-mentos que deja a la beneficiosa miel para después del primer año de vida.

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