18 de febrero de 2010 07:53 AM
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Uruguay, ver y escuchar, no enojarse

El presidente electo de la República de Uruguay convocó a empresarios de la región a una reunión donde inevitablemente surgen las comparaciones entre las distintas políticas llevadas a cabo entre ese y nuestro país.

Resulta necesario recordar que Uruguay es histórica y culturalmente más que un vecino, un trozo de nosotros mismos. Fueron los puertos de las ciudades de Montevideo y Buenos Aires las que impulsaron y dieron consistencia a la creación del Virreinato del Río de la Plata en 1776, y forjaron las condiciones para la Independencia. Fuimos parte de las Provincias Unidas del Río de la Plata.

Ellos, la Banda Oriental, convertida en República Oriental del Uruguay, en cuyo nombre quedó grabado aquel calificativo geográfico que aludía a la parte de un todo mayor. Fue el Uruguay refugio de decenas de expatriados durante la época de Rosas y de otros gobiernos más cercanos en el tiempo. Fue Buenos Aires el destino de decenas de miles de orientales cuando la economía de aquel lado del río estaba peor que de este.

Lamentablemente, muchas cosas cambiaron para mal con la instalación de la papelera Botnia frente a Gualeguaychú, sin cumplir por parte de Uruguay los pasos previstos en los acuerdos de administración del río; la reacción -primero entendible luego totalmente politizada- de organizaciones autodenominadas ecologistas, la ineptitud y desidia del Gobierno, llevaron el conflicto a un callejón sin salida. El corte de los puentes que comunican a ambos países lleva tres años. Los piquetes han conducido las relaciones exteriores, en lugar de la Cancillería.

Es en este marco, casi absurdo, en el que hay que ver y escuchar lo que ocurre en el Uruguay, a pocos días de que asuma el gobierno José Mujica, ex guerrillero tupamaro convertido en ideas en un gobernante moderno, que sólo mira hacia delante.

Un hecho que no debe olvidarse: desde que el kirchnerismo puso en marcha su agresiva política contra el sector agropecuario se intensificó el proceso de inversiones de empresas y productores argentinos en Uruguay. Fueron estos empresarios los que llevaron la tecnología y el conocimiento para la enorme expansión del cultivo de soja.

Simultáneamente, el vecino país ponía en marcha un inteligente programa de complementación entre la producción agrícola y la ganadería, donde participan empresas argentinas. Sin retenciones ni trabas a las exportaciones, diferenciando en el caso de la carne entre los cortes más caros, que se exportan sin restricción alguna, de los de consumo interno, que entonces se pueden vender a menor precio compensado por la exportación.

No puede entonces, comparando las políticas de uno y otro, extrañar el extraordinario éxito de la convocatoria del presidente electo a una gran reunión de empresarios de su país, de la Argentina, Brasil y otras naciones. Ante 1.500 empresarios y dirigiéndose especialmente a los argentinos, les dijo que vengan a invertir, porque sin inversión no hay crecimiento ni empleo. Textualmente sostuvo, entre otras, las siguientes consideraciones: “No los vamos a expropiar y no les vamos a doblar el lomo con impuestos… La condición agroexportadora de Uruguay es el punto de partida; sin ella sería como un clavel en el aire… La riqueza no se genera por decisiones legislativas; es hija de la inversión y el trabajo (en ese orden)… Si las empresas no prosperan y no pagan impuestos, nos quedamos -los progresistas, los socialistas- sólo con las utopías… Los que crean la riqueza son los empresarios, los emprendedores. La tarea del gobierno es reducir el margen de riesgo de las inversiones”.

Ni hablar del respeto a las instituciones: en la reunión en primera fila se sentaban dos ex presidentes de la república de otros partidos políticos. En el estrado acompañaba a Mujica, el vicepresidente electo, que fue su contrincante en la interna.

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