18 de febrero de 2010 15:03 PM
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Agricultura un trofeo en la pugna ruralista

La comisión se erige en un símbolo de victoria de la denominada "guerra gaucha" que se dirimen dirigentes y entidades. La interna complica al radicalismo mientras el resto de la oposición mira de reojo la puja ruralista.

“Si la situación no se resuelve en estos días, va a ser un papelón”, era el comentario que palabras, más o menos, expresaban la sensación de dos diputados de la oposición (no radical) a la falta de acuerdo político para constituir la comisión de Agricultura de la Cámara de Diputados.

“¿Por qué no se convocó a la comisión?”, disparó El Enfiteuta a un diputado opositor con dos años de mandato en su haber y vasta experiencia en materia agropecuaria y política.

La respuesta no se hizo esperar: “La única razón es que no hay acuerdo político para saber si la presidencia la va a tener (Ricardo) Buryaile o el chito (Ulises) Forte. No hay otra”.

El legislador –que pidió mantener el anonimato– abundó en que lo más preocupante resulta en que “hay mil quilombos para resolver sobre los cuales la comisión tendría que fijar posición. Pero todo está frenado por esta interna”, se quejó.

Esta semana la Cámara baja comenzó la constitución formal de las comisiones siguiendo una orden de la presidencia que ocupa el jujeño Eduardo Fellner, y que la oposición tomó con entusiasmo deseosa de poner en práctica la nueva conformación del cuerpo.

Los días martes y miércoles se constituyeron cinco comisiones. En la mañana de este jueves lo hará la de Legislación General, cuya presidencia se sabe mantendrá la diputada Vilma Ibarra. Esta comisión es una de las trascendentes dentro del cuerpo, por caso para tratar los proyectos sobre ley de arrendamientos.

Para la semana entrante ya se oficializó la convocatoria para la constitución de otras seis comisiones entre el martes y el jueves venideros, aunque es de esperar que el número se amplíe.

Mientras tanto, la convocatoria para constituir la comisión de Agricultura sigue sin realizarse. Algunas versiones periodísticas daban como nombre puesto –desde el mes de diciembre– al dirigente de CRA, el formoseño Ricardo Buryaile.

Pero en los días sucesivos la confirmación no se produjo, más bien crecieron las dudas. “No hay nada seguro todavía sobre quién va a presidir la comisión”, remarcaban en las primeras semanas del año los federados, cuando la prensa daba por seguro el nombre de Buryaile.

Ahora cuando la relación entre CRA y FAA no parece atravesar su mejor momento, aunque las diferencias no lleguen a hacerse públicas, la disputa por la titularidad de la comisión se asemeja a un trofeo de guerra luego de la pelea desatada en 2008 con el kirchnerismo.

Las entidades se adjudicaron de entrada la derrota del gobierno en las urnas el pasado 28 de junio y el ingreso de los diputados paridos por las entidades fortalece al ruralismo como protagonista político, más allá de lo gremial, un espacio que empezaron a transitar desde 2008 y en el que parecen sentirse a gusto.

Si bien la presidencia de Agricultura puede resultar de poca o ninguna importancia para lograr cambios sustanciales en la realidad, sin duda representa un escenario político sin precedentes, cuyas reuniones en los dos últimos años tuvieron cobertura mediática inédita.
Eso también es lo que está en juego.

El radicalismo, con Julio Cobos a la cabeza, parece haberse comprado un dolor de cabeza con la interna de los agrodiputados cuya resolución dejó en manos del propio ruralismo. “Nunca se van a poner de acuerdo”, dijo a este medio un asesor radical muy cercano a Ricardo Alfonsín que antes lo había sido de su padre el ex presidente.

Para la UCR (escindida entre cobistas y alfonsinistas) apoyar una de las candidaturas implica descartar a la otra, y por ende ganarse un problema futuro. De allí que se había barajado la posibilidad de un fallo salomónico entre los agrodiputados para que ambos fueran presidentes, un año cada uno.

Pero la propuesta que convencía al hombre de CRA fue rechazada por el federado.

Así las cosas lo peor que podría ocurrir es que la única comisión que quede sin constituir sea la de Agricultura, con la presidencia de la oposición y una primera, pero minoría al fin, del oficialismo.

En ese juego de disputas el kirchnerismo puede llegar a hacerse un festín con una de las comisiones que promete ser de las más ruidosas en los próximos dos años.

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