24 de febrero de 2010 08:52 AM
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La agricultura uruguaya nació de nuevo

En los últimos 15 años hemos presenciado una transformación del sector agrícola sin precedentes en la historia moderna del país. En realidad se inició tímidamente en la década del 80 y prosigue hasta nuestros días, con rasgos y particularidades específicas durante este largo período.

Repasemos de manera sintética los principales hitos de esta verdadera revolución agrícola. Políticas económicas El ingreso de Uruguay al Mercosur iniciado en 1991 y culminado en 1994 (Tratado de Ouro Preto) determinó la adopción de un nuevo marco en política comercial, que tuvo como ejes fundamentales la aplicación del Arancel Externo Común y la anulación de aranceles intrazona. Así, el sector agrícola uruguayo profundizó su apertura comercial y quedó expuesto a las leyes de mercado con una fuerte influencia de los "socios" mayores del bloque: Brasil y Argentina. Recordemos que en décadas anteriores la producción agrícola nacional se orientaba al mercado interno, con políticas públicas que fomentaban y favorecían el abastecimiento interno, con cultivos claves como trigo, girasol y maíz. Mientras estos cultivos entraban en una fase de retroceso y estancamiento, el desarrollo paulatino de otras cadenas con neta orientación a mercados externos fue mostrando claros signos de crecimiento. En la década del 90 se profundizó la apertura comercial del sector y todos los rubros ingresaron en la lógica de mercado exportadora. En 1995 existían dos cadenas agroindustriales con claro perfil exportador (arroz y cebada), mientras que tenían sus primeros flujos exportadores productos como el girasol y el trigo. Superada la crisis de 2002, el marco político y económico nacional será de fundamental importancia para "atraer" a los empresarios argentinos que huyeron de su país espantados por condiciones diametralmente opuestas, e iniciaron el más reciente y sorprendente proceso de innovación y cambio en la agricultura uruguaya. Tecnología Indudablemente, el cambio técnico en la agricultura es una de las cuestiones que más impactan en el período considerado. Aquí es preciso separar dos momentos bien definidos en estos 15 años. En la segunda parte de los 90 se consolidó un período de innovación y cambio técnico iniciado en los 80, que provocó un aumento en la productividad de todos los cultivos. Con las variaciones propias del clima, los cultivos de invierno finalizaron la década promediando los 2.500 kg/há, los granos forrajeros oscilaban entre 3.000 y 4.000 kg/há y el girasol superaba por primera vez los 1.000 kg/há. Un rasgo distintivo de este extenso período es que la superficie se mantuvo incambiada en torno a las 500 mil hectáreas, mientras la producción global fue aumentando lentamente desde 750 mil toneladas al millón de toneladas al finalizar los 90. Ocurrió luego un segundo período de profundos cambios en el sector. Luego de la fuerte crisis que vivió el país en 2002, la llegada de empresarios argentinos con una nueva forma de hacer agricultura aceleró la adopción tecnológica iniciada en el país. Entre los principales cambios, se consolidó la adopción de la siembra directa, que rápidamente alcanzó la mayor parte de la superficie agrícola hecha en el país. A la vez, apareció la soja como cultivo clave en los planteos agrícolas, que junto al maíz Bt determinaron una destacada presencia de cultivos transgénicos en la agricultura de secano uruguaya (50%). Estos cambios posibilitan en pocos años una intensificación del uso del suelo a partir de la generalización del doble cultivo, con su secuencia más común de trigo/soja 2ª. En términos de productividad continúa el proceso de mejora, aunque no es común a todos los cultivos. El caso más notorio es el de la soja, que no muestra signos de mejora en términos de productividad desde su introducción masiva al país a partir de 2003. De todas formas, la productividad por hectárea y por año sí crece de manera considerable, y esto responde a la persistente mejora en los rindes medios de los cultivos de invierno y los granos forrajeros, pero principalmente es explicado por la presencia de más cultivos por hectárea por año (proceso de intensificación). En el período considerado, la productividad por hectárea casi se duplicó (pasó de 2,3 ton/há a 4,1 ton/há). A diferencia del período anterior, en éste hay un incremento de la superficie explotada que trasciende la tradicional zona agrícola del Litoral y alcanza a todos los rincones del país. A partir de 2003 comenzó un período de aumento de superficie destinada al rubro, que alcanza actualmente a algo más de un millón de hectáreas de chacra y 1,7 millones de hectáreas sembradas en el último ejercicio, 09/10. Sistema de producción El paquete de nuevas tecnologías ha generado un cambio en el sistema de producción en su conjunto, pasando de una rotación de cultivos con pasturas a una rotación exclusiva de cultivos agrícolas. Los datos de DIEA indican que, pese a haberse registrado un área récord de siembra de cultivos de invierno en la última zafra, apenas 6% se hizo con praderas consociadas (40 mil há). Entre otras implicancias hay un cambio sustancial respecto a la sostenibilidad ambiental del nuevo sistema planteado. En el sistema anterior el eje económico de la rotación era la pastura, ya que la ganadería era el rubro principal y los cultivos eran secundarios, y al mismo tiempo la pradera operaba como "garantía ambiental" en el largo plazo. En la actualidad, el eje económico del nuevo sistema de agricultura continua son los cultivos y la sostenibilidad ambiental dependerá del manejo que realice el técnico responsable en función del suelo y la zona del país donde se ubique. A nivel práctico, uno de los principales cambios que surgen es que la agricultura y la ganadería ya no comparten el mismo espacio y en muchas situaciones las producciones pecuarias (carne y leche) fueron desplazadas. En otras ocasiones, la producción ganadera se ubica en los bajos no agrícolas linderos a las chacras, o directamente surgen procesos de intensificación a través de los feedlots. No solo el paisaje ha cambiado sino tam- bién la fisonomía de los pueblos, que adaptan sus servicios a las nuevas demandas que aparecen. El desarrollo de infraestructura y transporte necesario para absorber los incrementos en producción de granos ha sido muy importante en los últimos 15 años, fundamentalmente desde 2003 a esta parte. En la actualidad hay 145 empresas y 255 centros de acopio registrados, con una capacidad de almacenaje total a nivel país que supera los cuatro millones de toneladas, sumando silos y galpones. Empresa Otro de los cambios trascendentales del sector y que indefectiblemente está ligado a la innovación tecnológica es el tipo de empresa que hoy se dedica a la agricultura. Si bien hay cambios estructurales que comenzaron en los 80 y atienden a la mayor escala del productor agrícola en procura de mantener competitividad, los grandes cambios ocurren en los últimos años postcrisis, con la llegada de las empresas agrícolas argentinas. Los datos de DIEA confirman la tendencia al descenso en el número de productores dedicados al rubro, que pasaron de 11 mil a 7,5 mil en el período considerado (-30%), pero dentro de las variantes más importantes está la del aumento de escala. Mientras que a mediados de los 90 las empresas con más de 1.000 há representaban menos de 20% del rubro, tanto en superficie como en producción, actualmente responden a 65% del área total. La escala es parte del éxito de la nueva empresa agrícola que diversifica riesgos climáticos ubicando cultivos en distintas partes del país. Pero el cambio va más allá del tamaño empresarial y abarca temas organizacionales. Buena parte de la agricultura se hace ahora en campos arrendados que no son parte del patrimonio de la empresa y se contratan los servicios de siembra, aplicación de agroquímicos y cosecha, entre otros. La producción se organiza en redes y surgen nuevos empresarios vinculados al rubro, que no tienen o han dejado de tener tierra. Los recursos humanos y el conocimiento aplicado son elementos claves en la empresa agrícola del presente. Comercio Hay que destacar que sin el surgimiento de un nuevo ciclo de fuerte demanda de productos agrícolas a nivel mundial iniciado en 2003, y que persiste hasta nuestros días, no hubiera habido tal transformación en la agricultura uruguaya. En la base de tantos cambios y crecimiento coincide la fuerte demanda internacional con las condiciones naturales, organizacionales e institucionales que supo tener el país para atender el momento. A nivel comercial el sector también ha tenido profundos cambios, que modificaron la lógica misma del negocio agrícola. Las ventas a futuro con referencias diarias en la Bolsa de Chicago para la soja y mecanismos de referencia en los casos del trigo y de la cebada son una herramienta fundamental que no existía pocos años atrás. El manejo del riesgo cambia y hoy el precio del producto, en los casos mencionados, es un dato conocido antes de comenzar la inversión. A su vez, aquí también hay un cambio empresarial importante, ya que llegan al país nuevos actores vinculados a la comercialización de granos, principalmente empresas multinacionales, que en algunos casos también participan de la fase primaria. 

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