24 de febrero de 2010 14:36 PM
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Uruguay  –    Un ciclo agropecuario dramático, que termina bien

En este período se vivieron momentos de euforia y depresiones profundas, secas, inundaciones, auges y crisis de mercado.

Más allá de los sobresaltos, el agro mostró su fortaleza: creció más que el resto de los sectores económicos, sacó al país en andas cuando la crisis regional lo paralizó y, desde entonces, protagoniza una renovación formidable, que está transformando completamente al Uruguay. • La ganadería de carne, que continúa siendo el rubro más importante en muchos aspectos, aumentó su producción y la productividad. La tasa de extracción supera el 20% del stock, se faenan animales más jóvenes y se entoran más vaquillonas que antes. No obstante, el procreo sigue situado en torno a 63% de los vientres servidos y este año va a ser todavía menor. Se consume menos carne, pero seguimos siendo los mayores carnívoros del mundo, después de los argentinos. La producción aumentó más de 50%, la exportación triplicó sus volúmenes y se multiplicó por cuatro la recaudación en dólares. El estatus sanitario de país libre de aftosa con vacunación permite el acceso a casi todo el mundo. • La lechería continuó mejorando su productividad: incrementó su producción en 41%, con menos productores y menos área. Los commodities lácteos uruguayos se afirman en los mercados internacionales. • En la producción ovina, retrocedieron la dotación y la producción. Se forjaron programas novedosos: cordero pesado y lana ultrafina. Los valores de estos productos aumentan en el mundo: quedan pocas ovejas y esto puede revitalizar al sector. • La agricultura es la protagonista de una verdadera revolución. Se duplicó el área bajo cultivos, pero la producción se multiplicó por cinco en estos 15 años, y la tendencia es de firme crecimiento: en esta zafra se cosecharán unos cinco millones de toneladas de granos de secano. Lo principal no es el aumento de los rendimientos, sino la generalización del doble cultivo. Los cambios tecnológicos, comerciales y empresariales son notables. La siembra directa, la utilización de la soja y el maíz transgénicos, el desembarco de los agricultores argentinos y de las transnacionales comercializadoras de granos, las trasformaciones en la organización de las empresas, la introducción de nuevas máquinas y procesos, tienen un impacto renovador con repercusiones en muchos otros ámbitos. • En la forestación, los cambios no han sido menos trascendentes. La plantación masiva de bosques productivos, de eucaliptos y de pinos, se inició en la década del 90. En 1995 íbamos rumbo a las 200 mil hectáreas de bosques y hoy rondan las 800 mil. Grandes empresas de escala mundial se instalaron para elaborar celulosa, paneles contrachapados y madera aserrada para la construcción. El sector ya exportó por más de U$S 1.000 millones en 2008 y bajó a U$S 724 millones el año pasado, gol-peado por la crisis que ya empieza a superar. • Las fuerzas que han incidido en las transformaciones actuales provienen muchas veces de otros sectores, como el financiero. El aumento de precios de los commodities agrícolas reconoce causas genuinas, como el aumento de la demanda mundial de alimentos y fibras, pero también a la crisis energética, al exceso de liquidez y a la especulación bursátil, o a la inseguridad geopolítica. Las corporaciones financieras, los fondos de inversión y de pensión del "primer mundo" ingresaron al sector agrícola, adquiriendo tierras por todas partes y formando megaempresas ubicadas en algún eslabón de la cadena de producción y distribución de productos agrícolas. • En nuestro país, las nuevas condiciones del agronegocio han provocado una transferencia cuantiosa de la propiedad de la tierra y las empresas, con reflejo en los valores de una y otras. La tierra de alto valor induce a la inversión y al aumento de la productividad, lo que alimenta un círculo virtuoso. Más de un tercio del territorio es hoy propiedad de extranjeros. • La mayoría de los grandes frigoríficos y la principal empresa arrocera del país son propiedad de brasileños. Las más grandes empresas agrícolas son argentinas. Las forestales son nórdicas, estadounidenses o chilenas. En la lechería operan, y se instalan nuevas, varias industrias de capital venezolano, estadounidense y brasileño. Hace muchos años que las principales topistas laneras pertenecen a empresas francesas. • En este período de 15 años hubo otra crisis por sobreendeudamiento en el agro, que se resolvió, no sin costos, con la entrada de capitales procedentes de afuera del sector y la valorización de los activos. Actualmente, por primera vez en mucho tiempo, la deuda no es un problema en la agropecuaria.

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