25 de febrero de 2010 18:34 PM
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Futuro Ministerio de Ganadería priorizará inserción internacional de producción uruguaya

La actividad agropecuaria, pieza clave de la economía nacional, enfrentará importantes desafíos en los próximos años. El ministro designado de Ganadería, Agricultura y Pesca, Tabaré Aguerre, repasó las principales líneas que intentará desarrollar cuando asuma la cartera, el martes próximo. Entre ellas, destacó la búsqueda de inserción internacional para los productos uruguayos, una política firme en el manejo de los recursos naturales y el fortalecimiento del Departamento de Servicios Agrícolas así como de la Unidad de Cambio Climático. Asimismo, expresó preocupación por la pérdida de competitividad, consecuencia de la baja del tipo de cambio, pero matizó la incidencia de este proceso al señalar que se trata de una realidad constatada a nivel mundial, y se refirió al concepto de agrointeligencia. "Poner ciencia, tecnología, desarrollo, diferenciación, adaptación al cambio climático en un kilo de carne, en un litro de leche o en un granito de arroz. Eso es el Uruguay agrointeligente", subrayó.

El nombre de Tabaré Aguerre como ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca fue una de las sorpresas en el gabinete que el presidente electo, José Mujica, anunció en diciembre.

Tiene 52 años, se graduó en la Universidad de la Repúblicaen 1981 y de inmediato se mudó de Montevideo a Bella Unión para trabajar en la empresa CALNU como técnico extensionista. En 1983 comenzó a dedicarse a la actividad arrocera en un predio de la zona, luego se mudó a Salto en 1998, donde vive desde entonces.

Además de al arroz, se dedica a la producción de carne manejando el sistema de engorde a corral de ganado vacuno para industria de varios establecimientos; desarrolla una cabaña de Aberdeen Angus conocida como Los Timboes.

Prestigioso como productor arrocero y ganadero, y conocido por su gestión como presidente de la Asociación de Cultivadores de Arroz (ACA), Aguerre no figuraba en las especulaciones sobre posibles ministros, tal vez porque se había mantenido apartado de la actividad político-partidaria.

De todos modos, la designación fue unánimemente bien recibida, en especial en las gremiales del agro, que elogiaron que se optara por alguien que conoce esta actividad desde dentro.

Ahora, después de dos meses de preparativos, Aguerre se dispone a asumir uno de los ministerios más importantes. Porque la actividad agropecuaria, con cerca del 70% de las exportaciones, es el gran motor de la economía nacional, pero además en los últimos tiempos ha mostrado crecimientos inéditos, y junto con ese dinamismo enfrenta algunos desafíos muy relevantes.

Por ejemplo, la renovación tecnológica y de gestión que se viene dando en los últimos años; la presencia de grandes empresas que disponen de capital para invertir en agronegocios y/o comprar grandes extensiones de tierra; los problemas que se generan en estos tiempos por el cambio climático; la disminución de la competitividad por efecto del dólar bajo; la necesidad de alcanzar una mayor integración vertical dentro de los subsectores.

Sobre esos y otros temas vamos a conversar con el ingeniero agrónomo Tabaré Aguerre.

***

EC – Una duda: ¿usted había recibido alguna señal antes de diciembre de que podía llegar a ser nombrado ministro?

TABARÉ AGUERRE:
No, me tomó totalmente de sorpresa.

EC – ¿En serio?

TA – Sinceramente se lo digo. Y además me empezaron a cerrar algunas cosas que había escuchado y había desestimado, como por ejemplo el comentario de mi capataz de chacra en Tomás Gomensoro, en Artigas, que me había dicho que la esposa le había dicho que se comentaba eso, y le dije “son locuras”. Al otro día de las elecciones tenía reunión en la ACA,  vine a Montevideo por el día desde Salto, volví, y al día siguiente, el martes, llovía copiosamente, estaba en mi casa, sonó el teléfono y era la secretaria de Mujica. Yo suponía que llamaba para confirmarme o no su participación en un evento que realizaba la ACA con respecto al tema de guía de buenas prácticas agrícolas, pero era para ofrecerme esto.

EC – Usted ha aclarado que cuando Mujica le ofreció el cargo no le preguntó a quién había votado.

TA – No, nunca me preguntó.

EC – De todos modos, se ha sabido que usted es frenteamplista.

TA – Sí.

EC – ¿Siempre fue votante de la izquierda?

TA – Siempre, desde aquellas primeras elecciones internas que se hicieron a la salida de la dictadura, en las que voté a la Corriente Batllista Independiente, de ahí en adelante en todas las elecciones nacionales voté al Frente, a distintos sectores del Frente.

EC – Pero siempre ha actuado en política con un perfil muy bajo, como votante.

TA – Casi nada, nunca participé en ninguna actividad, más que concurrir a algún acto político.

EC – En la conversación que Mujica tuvo con usted para ofrecerle el ministerio, ¿qué explicación le dio? ¿Por qué lo elegía?

TA – Esa fue la pregunta, porque el proceso de decisión pasó por unos días de un análisis primero familiar, empresarial, hasta de dónde vivir, porque yo voy a seguir viviendo en Salto. Desde el punto de vista personal, familiar y económico, la racionalidad indicaba que tenía que decir que no, pero en estas cosas juegan otros factores, juegan en primer lugar el enorme orgullo y la satisfacción que a cualquier ciudadano le debe generar que un presidente lo designe, sobre todo de la forma en que él lo hizo, pero además el compromiso personal. Es decir, una vida, a medida que uno se fue haciendo adulto, opinando e involucrándose en su actividad, diciendo lo que hay que hacer, proponiendo, sugiriendo, a veces quejándose de lo que debería hacerse. Y cuando a uno se le presenta la posibilidad de hacer en el más alto nivel… Me habría costado mucho seguir teniendo actividad, prácticamente tenía que condenarme a no hablar más, y además era una excelente oportunidad para intentar hacer, soñar que se pueden hacer cosas. Ahí decidí que no tenía vuelta, que tenía que decir que sí, previo algunas conversaciones con el señor presidente, que tuvimos el viernes siguiente a esa llamada.

EC – Pero ¿por qué Mujica había optado por Tabaré Aguerre?

TA – A eso voy, la primera pregunta fue ¿por qué yo? Se refirió a mis condiciones como técnico, como un individuo de Montevideo que se fue al interior, que se transformó en empresario de la nada –porque yo arranqué de cero desde el punto de vista empresarial–, que estaba liderando una de las cadenas agrícolas mejor integradas verticalmente, que llega hasta la negociación del precio con la industria. Queda mal que yo lo diga, pero él se refirió al reconocimiento que los productores tienen hacia mí como técnico, como productor y como dirigente gremial, a los niveles de productividad que tengo, al desarrollo de algunos sistemas tecnológicos apuntando a la sustentabilidad de los sistemas productivos, que es algo que he venido desarrollando en los últimos años. Él quería con eso dar una señal, para un país agropecuario quería poner en el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) –estoy tratando de recordar sus palabras textuales– a alguien con conocimiento técnico pero también con conocimiento práctico y que todos los fines de semana viviera la realidad de un productor agropecuario. Más o menos en esos términos fueron sus respuestas a mis preguntas.

EC – Era un argumento contundente.

TA – Ahí me terminó de sacar cualquier posible argumento para decir que no. Y ahora estamos en este baile.

EC – ¿Usted puso condiciones, por ejemplo en cuanto a la posibilidad de elegir a sus asesores de confianza? ¿Cómo fue esa conversación?

TA – Yo no puse condiciones, simplemente dije que yo quería tener para definir a mi equipo el mismo criterio que él utilizaba para definir el ministro. Y así lo estoy haciendo, lo que está quedando del equipo de confianza es una parte, y otra parte que hay que cambiar se está cambiando primero con el criterio de idoneidad técnica, segundo el criterio de mi confianza personal –pero más que a mí como persona, de adhesión a la propuesta, a las cinco o seis líneas programáticas por las cuales pretendo transcurrir–, y obviamente, si hay espacio dentro de esas dos prioridades, la tercera es tratar de tener un equilibrio político, que es algo natural y que se expresa más bien como demanda, pero en este momento no está siendo considerado aún, estamos armando el equipo en función de las necesidades que yo entiendo tiene la propuesta programática que vamos a llevar adelante.

EC – Teniendo en cuenta esa exposición que acaba de hacer, ¿va a haber algún tipo de delimitación de tareas con el subsecretario, Daniel Garín, que es un hombre más político que usted, alguien de conocida militancia en el Espacio 609?

TA – Creo que un ministerio es una parte política y además hay que mirarlo como una empresa que hay que organizar. Entonces nos hemos dividido tareas, yo no soy bueno en la organización del trabajo del día a día, en los papeles, en los archivos, en ese tipo de cosas, entonces él se va a volcar más hacia la interna del ministerio –no es que yo no vaya a estar en el ministerio– y yo voy a estar más pensando en las políticas y en la interacción con el sector político y con los sectores productivos.

***

EC – Le propongo recorrer algunos de los temas centrales que usted seguramente tiene en su agenda cuando se prepara para asumir como ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca.

Paso en primer lugar por la cuestión de la competitividad. El indicador de tipo de cambio real que elabora el Banco Central del Uruguay (BCU) está en su mínimo desde el año 2002, lo que muestra que Uruguay ha sufrido un encarecimiento relativo, en particular en comparación con países como Estados Unidos, México y países europeos. La situación presiona a los sectores y procesos que demandan más mano de obra y a quienes tienen en sus costos de producción tarifas y servicios caros, como la energía, que no se compensan fácilmente con aumentos de productividad.

Ahora que va a ser ministro, ¿cómo evalúa esta preocupación que conoce bien de cerca porque usted integra el sector agroindustrial?

TA – Es un motivo de preocupación. Quiero decir dos cosas, el tipo de cambio es un elemento de competitividad, pero hay otros elementos de competitividad que tienen que ver con la productividad, con la diferenciación de procesos, con la oferta de posibilidades en las que tenemos ventajas comparativas y competitivas edificadas a partir de la ciencia, la tecnología, la organización empresarial. Por cierto que en lo que menos problemas tenemos es en lo que somos más competitivos desde el punto de vista natural.

Pero yendo a lo medular de su pregunta, es un tema de preocupación, tengo agendado conversarlo a fondo con el ministro de Economía.

EC – ¿Se imagina que va a tener pulseadas duras con el ministro Fernando Lorenzo?

TA – Precisemos una cosa: yo sé de procesos agrícolas y de tecnología agrícola, y tengo experiencia en la producción, entonces cuando veo que un indicador está lesionando la competitividad de los sectores productivos lo tengo que señalar, pero convengamos que tengo que tomar por bueno lo que mi compañero de gabinete me dice con respecto a ese tema, porque creo que los dos estamos sentados en esa mesa buscando el mismo objetivo, que es la prosperidad y la felicidad de nuestro pueblo. Yo sé que hay equilibrios, sé que a veces el tipo de cambio juega en un sentido macroeconómico, cambia las cuentas de una manera o de otra, pero estoy plenamente convencido, porque algo hemos hablado, de que el tipo de cambio es una preocupación.

Con esto tampoco quiero decir –quiero dejarlo claro– que es tan sencillo como que el único problema de competitividad de la agricultura uruguaya sea el tipo de cambio. Hay otros.

EC – ¿Con qué ideas va a esa conversación con el futuro ministro de Economía? ¿Tiene ya algunos criterios, algunos lineamientos pensados para esa discusión, para ese análisis?

TA – Hay indicadores que son objetivos, tenemos que ver dónde estamos parados. Estamos en el punto más bajo desde el año 2002, pero en el año 2002 habíamos corregido. El problema es con qué comparar, porque cuando decimos “estamos bien”, “estamos mal” o “estamos altos” o “estamos bajos”, el resultado depende del punto de referencia que tomemos. Habría que ver si lo que teníamos al otro día de la devaluación en el año 2002 es un referente que tomar en cuenta o si tenemos que tomar una serie más larga. Depende de con qué se compare, si uno se compara con el promedio o con el percentil superior.

EC – Está en línea la ingeniera agrónoma Rossanna Dellazoppa, que coordina las tertulias agropecuarias aquí en En Perspectiva.

¿Dónde te encontramos?

ROSSANNA DELLAZOPPA:
Estoy en Maldonado, en el final de mis vacaciones.

EC – ¿Hay alguna duda más sobre este punto que estábamos conversando?

RD – Sí, yo quería consultarlo sobre este punto específicamente porque es un tema de preocupación de todo el sector. En general la respuesta que hemos obtenido del gobierno es que el dólar está barato en todos lados, que es un problema mundial, que no es solo en Uruguay, pero creo personalmente que se podrían tomar medidas internas con relación a algunas características propias de nuestro país, es una vieja discusión entre Ganadería y Economía.

Usted hablaba de comparaciones, y por ejemplo en lo que tiene que ver con costos de energía o de combustibles, que son componentes importantes en los costos de producción, Uruguay tiene costos bastante más altos si solo compara con la región. En esos puntos se podría hacer algo.

TA – El tipo de cambio es un factor, y sin duda algunas de las preguntas que tú haces –qué medidas se pueden hacer– habría que hacérselas al ministro de Economía. Yo puedo coincidir contigo en que el tipo de cambio nos está afectando. También coincidimos en que el dólar se comporta como tendencia general como una mercancía más, puede estar flotando más arriba o más abajo pero se comporta como una mercancía más, y creo que –y esto lo digo ahora pero mis compañeros de la directiva de la ACA pueden afirmar que lo vengo diciendo desde hace tres o cuatro años– no nos tenemos que dejar encandilar cuando el arroz vale 12 dólares la bolsa o cuando el kilo de carne vale 1,10 dólares, porque esos dólares no valen lo mismo que valían, y esa pérdida de valor relativo del dólar frente al resto de las mercancías es un proceso universal.

Eso es lo que dice el equipo de Economía, el dólar está perdiendo valor con relación al resto de las mercancías o bienes en todas partes del mundo. Podemos observar lo que pasó con Brasil; Argentina es una cosa totalmente difícil de explicar y ya sabemos que lo que ocurre se debe a todo tipo de políticas que provocan determinados efectos no esperados, pero en el resto del mundo el dólar ha perdido valor frente al euro y sobre todo frente a las monedas de los países emergentes.

¿Cómo nos juega a nosotros? Decir que estamos en el punto más bajo con respecto al año 2002 es una señal amarilla que empieza a quedar roja, pero por otro lado digo que no nos comparemos con el día siguiente a la devaluación que corrigió un atraso cambiario de 12 años. Lo digo sin conocimiento profundo de aspectos económicos, simplemente con sentido común como empresario.

EC – Ya destacamos que usted es productor arrocero, hasta diciembre era el presidente de la ACA, y que el análisis de lo bien que funciona la cadena del arroz fue una de las razones que esgrimió Mujica para ir a buscarlo a usted y ofrecerle el ministerio. ¿Hay que entender que va a tratar de trasladarse, extenderse esta experiencia a otros subsectores? ¿Ese va a ser uno de los pilares de su gestión?

TA – Primera cosa –porque los oyentes no tienen por qué conocer la realidad ni la historia del sector arrocero–, la integración vertical que tiene la cadena arrocera no la inventé yo, cuando yo llegué a la actividad arrocera esa integración ya existía. Cierto es que hemos tenido un proceso de profesionalización de esa integración y que en los últimos años hemos discutido nuevos contratos que llegan a una forma muy profesional de la discusión del precio.

La cadena arrocera es un ejemplo que no en todos los casos se puede seguir por las diferencias entre los rubros. Es un ejemplo de que se puede generar un mecanismo en el que la integración lleve a la discusión del precio en forma transparente, y a partir de la confianza que se genera en la discusión del precio en forma muy transparente, avanzar como cadena en otros aspectos que son tan importantes para la producción como pueden ser la definición de los objetivos en materia de investigación, la definición de los mercados, la definición de una estrategia sectorial –como en el caso del arroz– de mantenerse libre de transgénicos para diferenciarse del resto de los competidores del mundo. Y creo que también es un ejemplo para demostrar que la concentración no necesariamente impide realizar estos procesos, porque no hay cosa más concentrada que la industria arrocera, en cuatro empresas está el 80% del arroz del país, y esas cuatro empresas se juntan para negociar con la ACA, que somos 500 productores. O sea que concentración no es antónimo de poder tener una negociación transparente.

EC – Al contrario, la forma como funciona la cadena del arroz permite un buen desempeño a los pequeños productores.

TA – Exactamente.

EC – De otra manera, si no existieran esta forma de negociación del precio y esta cooperación que existe entre las dos partes –porque la cooperación se extiende también a lo financiero, a lo tecnológico–, esos pequeños productores la tendrían muy difícil.

TA – Exactamente. En Uruguay hay un solo precio de arroz, independientemente de que el productor tenga 50 hectáreas con tierra arrendada o 3.000 hectáreas y agua de propiedad. Y hay un solo precio porque hay una negociación que lleva adelante la ACA con los molinos que se sientan en esa negociación que termina siendo referente para los molinos que no se sienten en esa negociación, porque los que no participan en el precio convenio terminan adoptando el precio que se fija en el precio convenio. Esa negociación tiene como base la existencia, primero, de la voluntad de negociar de esa forma, y, desde el punto de vista institucional, de una de las pocas comisiones sectoriales que sobreviven, la Comisión Sectorial del Arroz, adonde se remite una declaración de cada uno de los negocios que se realizan por calidad y con precio, y en función de eso hay un procedimiento por el cual eso se transforma en el valor equivalente cáscara. Con eso se negocia.

EC – Es un esquema muy original, que no solo no se da en otros sectores del agro uruguayo, sino que en el arroz mismo no sé en qué otro país existe algo así.

TA – No, es bien original.

EC – Es una creación uruguaya.

TA – Es un invento uruguayo, y creo que es un buen invento, porque por un lado las empresas industriales no tienen que salir a comprar el producto para cumplir con los negocios concertados, sino que se aseguran el abastecimiento a través de un contrato que les reconoce el costo industrial que se negocia cada año y además un porcentaje chico pero un porcentaje de utilidad. O sea: uno, no tienen capacidad industrial ociosa; dos, no tienen que andar compitiendo –a veces de una manera ineficiente– por una materia prima que les es escasa y tienen que cumplir un compromiso, y por otro lado el productor tiene la ventaja de que respetado ese margen, que será del 3, 4, 5, 6%, según el valor del arroz, que se le reconoce como utilidad a la industria, lo que queda es para él, y se negocia en forma transparente y con todos los números arriba de la mesa. Condición muy difícil de imaginarse para un productor pequeño, aislado, que tiene un producto relativamente perecedero; porque al arroz hay que cosecharlo y mandarlo a un secador en 48 horas, porque si no, se pierde su calidad. Estamos hablando de condiciones muy buenas para ambas partes.

EC – ¿Y qué puede hacer el Estado en la dirección de trasladar, al menos parcialmente, esa experiencia a otros subsectores?

TA – Estos instrumentos no se decretan, no creo que esto deba ser producto de la actividad del Estado. El Estado puede generar condiciones, puede señalar caminos, puede tener algunas actitudes de política o algunas políticas que propendan a que los productores y los empresarios tomen este camino, pero quiero dejar claro que no creo que se pueda hacer el molde del arroz y decretar que la cadena cárnica tenga que hacer lo mismo. Se puede señalar que esto es posible, que funciona, que se realiza con productores de distinto tamaño, que es en un bien exportable. Se puede tomar el ejemplo y tratar de inducir a la gente a tomar al menos aquellas partes que puedan ser aplicables a otras cadenas.

***

EC – Estábamos hablando de las cadenas en el agro uruguayo. Y Rossanna Dellazoppa tiene interés en preguntarle en particular sobre la cadena cárnica.

RD – Hay dos temas que siempre salen como inquietudes en lo que respecta a la cadena cárnica. Por un lado la cría y por otro lado el tema de la concentración de la industria, hay quienes hablan de oligopolio. Nos interesa especialmente conocer su visión sobre la cadena cárnica y en particular cómo ve estas dos situaciones; siempre está la discusión de si hay que actuar sobre la cría, si hay que actuar sobre los mercados o en el otro extremo de la cadena. ¿Cuál es su idea al respecto?

TA – Hay que actuar sobre todo, pero principalmente hay que dejar que los eslabones se acomoden. Se habla mucho de si hay cadena o no hay cadena; Uruguay viene superando año a año sus niveles de exportación, la tasa de extracción ganadera ha aumentado en forma importante en los últimos años, la trazabilidad hoy es la oportunidad más importante que tenemos para diferenciarnos del resto del mundo, este año vamos a consolidar la identificación individual del 100% de los animales, vamos a ser el único país del mundo que va a poder mandar al mismo mercado carne engordada a pasto y carne engordada a grano y demostrarlo a través de un proceso de trazabilidad. Sobre las ventajas comparativas que encontró a Hernandarias, que por eso dejó las vacas, el Uruguay ganadero de hoy fue edificando, por medio del trabajo de generaciones de productores y de la institucionalidad toda, una base que hoy nos pone en un lugar que era insoñado por todos en la década de los ochenta, que era entrar en los mercados no aftósicos, no tener aftosa –hoy somos libres de aftosa con vacunación–, vender al mismo valor que vendían Australia y Nueva Zelandia –hoy estamos vendiendo por encima que Australia–, tener niveles de extracción del orden de los que tenemos, faenar el 80% del ganado con menos de boca llena o de ocho dientes. Los eslabones de la producción cárnica han jugado más o menos integrados, pero hoy estamos parados en un lugar muy diferente de lo que se veía hace tan solo 10 años.

RD – Sin embargo, el precio del ganado en Uruguay es el menor si lo comparamos con la región, con Argentina, con Bolivia, con Brasil y con Paraguay, cada vez que hay planteos de exportaciones de ganado en pie es toda una temática. No digo que haya un problema, pero por allí hay un punto a destacar.

TA – Es un punto en el que tenemos que focalizar nuestra atención, si el mercado está actuando como tiene que actuar o no. Hace pocos días el Comité de Estudio de la Competencia del Ministerio de Economía publicó un trabajo que ni descarta ni afirma que existan políticas oligopsónicas, es decir, acuerdos entre los frigoríficos. Por otro lado, en poco tiempo más, con la reciente inauguración de una planta frigorífica y la pronta inauguración de una muy grande en abril, Uruguay va a tener una capacidad industrial instalada 30 o 35% superior a su oferta de ganado. Eso debería generar condiciones para la competencia. De lo contrario, existe siempre la válvula de la exportación de ganado en pie.

Me parece que el problema no está en la articulación de valor, porque si hay más valor fuera hoy se puede exportar ganado. En este momento en particular lo que me preocupa es cómo se articulan los valores a lo largo de la cadena para un momento dado. Ha ocurrido que según la condición climática y la oferta forrajera, la variabilidad en el precio del carnero es más/menos 35%, cuando la variabilidad en el gordo es más/menos 10%. Ese tipo de cosas son las que impiden generar negocios estables y a largo plazo; tengo la sensación de que cuando la condición es favorable para una parte, esa parte usa todas esas condiciones a su favor, y lo mismo hace la otra cuando las condiciones le son favorables.

En este momento estamos con exceso de forraje y los que tenemos algún ternero lo estamos reteniendo porque pretendemos agregarle más valor. ¿Cómo se avanza en un proceso de consolidación de negocios más o menos estables, con una distribución de los ingresos a lo largo de la cadena que tenga justicia y transparencia como para que se puedan hacer arreglos entre los distintos eslabones? Tampoco eso se puede decretar, ahí tiene que jugar inteligentemente el sector privado. No creo que sea un tema que se pueda resolver exclusivamente desde la óptica del Estado.

***

EC – Empezamos la entrevista consultándolo sobre algunos problemas puntuales, por ejemplo la competitividad, la cadena de la carne, pero ¿puede explicar los lineamientos generales de la política que piensa seguir a partir del 1º de marzo?

TA – Uruguay tiene una formidable oportunidad. Hoy el mundo demanda cada vez más alimentos y cada vez paga más por los productos que tengan diferenciación en su calidad, en su inocuidad como alimentos pero también en sus procesos de producción. Uruguay tiene una población de 3,5 millones de habitantes y una capacidad de producción de alimentos para 50 millones, por lo tanto en mi visión el crecimiento del Uruguay agropecuario es hacia el exterior, por lo cual lo primero es la inserción internacional.

Por eso estamos luchando por tener un Departamento de Asuntos Internacionales del más alto nivel, para que trabaje en dos tiempos, en el muy corto plazo respondiendo a la demanda de los sectores exportadores, es decir, en dar soluciones al señor que quiere exportar el producto que sea –recordemos que normalmente a nivel internacional los ministerios de Ganadería y Agricultura son las autoridades sanitarias competentes–, y que al mismo tiempo trabaje con una prospectiva de mercado, que se anticipe, en un vínculo muy directo y muy fluido con los sectores exportadores o potencialmente exportadores, para ver cuáles pueden ser las demandas o restricciones a las que tengamos que anticiparnos, para que si dentro de cuatro años queremos venderle manzanas a México tengamos todos los protocolos y los procesos fitosanitarios cubiertos, por poner un ejemplo.

Teniendo al mundo como mercado, el otro aspecto en el que queremos trabajar es en fortalecer el Departamento de Servicios Agrícolas. El MGAP tiene un Departamento de Servicios Ganaderos muy fuerte, muy potente, porque Uruguay tradicionalmente ha exportado carne, pero si usted mira las estadísticas del BCU, el año pasado la exportación de productos vegetales fue mayor que la de productos animales. El mundo ya empieza a hablar de inocuidad, empieza a hablar de protocolos ambientalmente amigables, de manuales de buenas prácticas agrícolas, y tenemos que prepararnos para ese escenario. El gobierno debe inducir a tener las herramientas y las capacidades institucionales y tecnológicas para satisfacer las demandas de un mercado cada vez más exigente en esos aspectos, como lo ha hecho el arroz desde el punto de vista privado.

En tercer lugar, una línea estratégica básica. Un país agropecuario tiene que tener una política muy firme de manejo de recursos naturales, tiene que tener una División de Suelos y Aguas potente, tiene que tener un MGAP que, no con ánimo de intervención pero sí con ánimo de fiscalización y contralor, induzca a que los procesos que se llevan adelante sean sustentables desde el punto de vista ambiental. En ese sentido, en el próximo presupuesto pensamos hacer una apuesta muy fuerte a fortalecer la División de Suelos y Aguas que en alguna época fue muy fuerte pero en varias décadas se ha ido desmembrando. Nos importa empezar a generar políticas o condiciones para que empecemos a pensar más en términos de un país con riego que de un país con lluvia.

Otra línea importante es el fortalecimiento de la Unidad de Cambio Climático. Hemos hecho esfuerzos importantes en los últimos años en lo que se conoce como mitigación del cambio climático, es decir, cómo disminuir los efectos del cambio climático, pero Uruguay tiene que hacer una apuesta muy fuerte a lo que se conoce como adaptación al cambio climático.

EC – En ese sentido, ¿cómo entraría el manejo del agua, al que aludía recién?

TA – La vulnerabilidad al cambio climático que los sistemas productivos de Uruguay van a tener se asocia, según todos los modelos lo predicen, a un aumento de las lluvias, a un aumento de la irregularidad de las lluvias y a un aumento de la temperatura, por lo tanto la irregularidad natural de nuestro clima se va a agravar. En un país en el que la mayor parte de los suelos tiene una capacidad de almacenamiento de agua para 7 o 10 días, en la medida en que se prolonguen los períodos de sequía una mayor proporción del territorio va a ser vulnerable a esas pequeñas sequías que tenemos frecuentemente.

No todo eso se resuelve construyendo represas, pero una buena parte de algunos sistemas productivos se puede estabilizar con el riego suplementario. Y en eso pensamos que las grandes represas, las más eficientes, las que necesariamente tienen que tener una concepción y un uso multipredial, no deberán construirse solo para la producción de arroz; imagínese por ejemplo una determinada cuenca lechera que tenga un predio especializado en la producción de forraje, de proteína y de fibra de alta calidad y bajo costo, porque hay un establecimiento especializado en esa producción y con riego que les suministra la reserva estratégica a los 50 o 60 tambos que conforman ese enfoque multipredial. Y quiero salir del arroz y hablar del tambo porque creo que otra de las políticas es identificar aquellas cadenas que son estratégicas desde el punto de vista de una concepción del desarrollo, no solo de crecimiento económico, de vinculación de gente al campo, de creación de fuentes de trabajo, de estabilización de una economía moderna en el ámbito rural, en la que la lechería tiene un lugar destacadísimo.

El otro aspecto que quería señalar es que todo lo que tenga que ver con los procesos de crecimiento, de canalización hacia nuevos mercados, de diferenciación de productos tiene que ver con un componente tecnológico muy fuerte y con la institucionalidad vinculada al MGAP. Poca gente sabe que el INIA y el INACjuntos tienen más presupuesto que todo el MGAP. El INIA y el INAC tienen delegados del MGAP, y es nuestro propósito que en las reuniones semanales que vamos a hacer con las distintas divisiones del ministerio participen esas instituciones. Porque la política de investigación debe ser “la política de investigación”, no la política del INIA o la política del ministerio; la política cárnica debe ser “la política cárnica”; la política láctea debe ser “la política láctica”. Tenemos que continuar en el esfuerzo de no duplicar o triplicar iniciativas, conjugarnos en definir entre todos adónde queremos ir y que cada uno de los componentes de la institucionalidad pública y privada vinculada a los sectores productivos trabaje en función de ese proyecto.

EC – No siempre pasa eso.

TA – Me imagino que no es fácil de hacer.

EC – Me llama la atención que en esta exposición que acaba de hacer de los lineamientos generales de la política que va a seguir no haya aparecido el término “agrointeligente”, un término que usa Mujica y que usted mismo también usa. ¿Qué pasó? ¿Fue un descuido?

TA – No, definamos qué es para mí agrointeligente. Para mí agrointeligente, en términos de lo que es Uruguay, es primero un país que busca la inserción internacional, porque el primer concepto de inteligencia es decir “voy a vender; ¿dónde tengo mercado?”, si tengo el mercado acotado a tres millones de habitantes no lo voy a lograr. Agrointeligente es inserción internacional, es desarrollo científico-tecnológico, es investigación y es innovación; es la incorporación de la biotecnología, es adaptación al cambio climático, es manejo de los riesgos agrícolas. Los manejos de los riesgos agrícolas se deben hacer con bases de información, entonces es un sistema de información geográfica y agropecuaria único donde esté toda la información: suelos, capacidad de uso, DICOSE, las caravanas de las vacas, el resultado de las cajas negras. Esa información de manejo de riesgo nos va a permitir una información más predecible, que va a significar, por ejemplo, reducción de las primas de las compañías aseguradoras cuando queramos asegurar los cultivos porque la mayoría de nuestros procesos son a la intemperie.

Un Uruguay agrointeligente es la diferenciación de nuestros productos en el concierto del mercado internacional, es la incorporación del valor agregado ambiental como atributo, es la concepción de Uruguay Natural metida en la caja de un producto que se produce sin contaminar el medioambiente. Un Uruguay agrointeligente es tomar todo lo bueno y exitoso que han desarrollado las cadenas productivas del país más desarrolladas incorporando una de las fortalezas que tiene el agro uruguayo, que es la agricultura familiar. No olvidemos que dos terceras partes de los empresarios rurales de este país son agricultores familiares, de los 32.000 ganaderos que hay en este país 25.000 son agricultores familiares, con menos de 500 hectáreas, la mayoría de ellos criadores.

La pregunta de Rossanna Dellazoppa, cómo vinculamos los distintos eslabones de la cadena, forma parte del Uruguay agrointeligente, que no es decretar cómo se tienen que integrar sino generar todas esas posibilidades: poner ciencia, tecnología, desarrollo, biotecnología, diferenciación, adaptación al cambio climático en un kilo de carne, en un litro de leche o en un granito de arroz. Eso es el Uruguay agrointeligente.

***

EC – Después que asuma, quizás con el pretexto de la Expoactiva, por ejemplo, donde estaremos instalados por algunos días, va a ser conveniente ir más a fondo en algunos de estos temas y en otros que hoy no entraron.

TA – Vamos a estar en la Expoactiva, el MGAP va a estar con tres charlas que apuntan a esto, sobre el tema suelos, sobre el tema cambio climático y yo voy a tener una participación para tratar de redondear todo esto.

***

Transcripción: María Lila Ltaif

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