3 de noviembre de 2012 10:37 AM
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Un alquimista con la fórmula invencible

Donald Hess invirtió 60 millones de dólares en la vitivinicultura argentina; sus vinos se consagraron entre los mejores del mundo.

Primero encontrar el terruño: el ambiente que le conferirá al vino su personalidad. Luego, entenderlo, elegir la cepa distintiva y focalizarse en ella. Integrar de manera armónica los dos grandes manejos requeridos, el trabajo de la viña con el de la bodega. Es fundamental que el entorno social acompañe el proceso. Pero no hay que olvidar el factor sorpresa: es clave y garantizará un éxito seguro. Si a esto se le agrega un nombre propio, un sello reconocido a nivel internacional: las posibilidades de lograr un Gran Campeón son altísimas.

Ése es el caso de Colomé, la bodega salteña que, en 2001, adquirió e hizo crecer a escala mundial el suizo Donald Hess, después de quedar enamorado del potencial vitivinícola de Salta, en su primera visita, a mediados de los 90. Para ese momento, recién empezaba a mostrar sus bondades el Malbec mendocino y la región del noroeste del país estaba lejos del radar de las inversiones en materia vitivinícola.

Pero a Hess le gustaba ser pionero. En Suiza amasó su fortuna gracias al negocio del agua mineral, que quiso extender a Estados Unidos, más precisamente, a Napa, California. Pero allí, encontró una oportunidad que lo atrajo aún más. El vino. Corría el año 78 y las cepas californianas empezaban a ser reconocidas a nivel internacional.

“Hess fue de la camada que llevó al vino de California a una instancia premium. Es de la época de Robert Mondavia, que fue el primero en ganarle con vino norteamericano a uno francés, en 1978”, señaló Manuel Lanús, gerente general de Bodega Colomé.

Lanús contó a la nacion como poco a poco Hess fue expandiendo su negocio. Después de incursionar en Australia, con el syrah, quiso invertir en Sudamérica. Pasó por Chile, donde vio una producción vitivinícola muy encaminada, que no llamaba a la aventura. Llegó a Mendoza, donde tuvo una sensación similar. Finalmente, fue a parar a Salta. “Allí vio una región poco conocida en el negocio de la exportación. Vio altura. Encontró el torrontés, como variedad insignia, y un pueblo salteño apasionado por el vino”, explicó.

Hess adquirió la primera bodega argentina en Payogasta, en 1996. Recién en 2001, compró Colomé a la familia Dávalos. Se trataba de un negocio con mucha historia. Colomé es hoy la bodega más antigua en funcionamiento, con 180 años, según relató Lanús. Había sido fundada por Nicolás Isasmendi, el último gobernador colonial de Salta.

 La bodega Colomé tiene un museo abierto y gratuito con colecciones de arte. Foto: Bodega Colomé

Con Colomé empezó la gran hazaña, que terminó consagrando a dos de sus productos, el malbec Colomé State y el torrontés Colomé Reserva entre los “Mejores 100 vinos del mundo”, según la prestigiosa revista Wine Spectator.

A nivel local, el año pasado, Colomé recibió el Premio a la Excelencia del Banco Galicia y la nacion, como Mejor Bodeguero.

Desde 2001 hasta hoy, Hess invirtió en el negocio vitivinícola argentino 60 millones de dólares. Sus vinos salteños llegan a 40 mercados. Entre los más importantes, están Estados Unidos, Canadá, Suiza, Inglaterra, Brasil, México, China y Japón. El año pasado facturó 50 millones de pesos y emplea de manera permanente a 150 personas. La cantidad de empleados se eleva a 200, en épocas de cosecha.

“Colomé es una propiedad de 40.000 hectáreas, pero sólo hay 72 hectáreas en producción”, contó Lanús. “Cuando Hess llegó quiso focalizarse exclusivamente en los vinos. Antes, los Dávalos tenían una explotación mixta: algo de cebolla, algo de pimientos.”

“Hess hizo una bodega nueva. Se invirtió en energía hidroeléctrica, se hicieron canalizaciones y represas, se trajeron turbinas de Italia. Gracias a eso producimos nuestra propia energía”, detalló Lanús.

“El desarrollo fue hecho para optimizar la parte productiva de los viñedos. Además, forma parte de un proyecto integral de agricultura biodinámica, que promueve la producción agropecuaria en armonía con el ambiente, la relación con el suelo y la sociedad”, comentó Lanús (ver aparte).

Hasta ahí el manejo de los viñedos. Pero también es importante el trabajo en la bodega, como detalló Lanús, y la figura fundamental allí es la del enólogo. Colomé eligió para esa tarea a Thibaut Demotte. “Un sommelier francés que llegó a la Argentina como mochilero, se enamoró de Salta y empezó a dar clases de somellería. Tiene 36 años”, comentó Lanús. “Además, todo el proyecto fue acompañado por Randle Johnson, que es el enólogo que está con Hess desde el 78. Él viene una vez al año, para trabajar en momentos clave”, agregó.

Una vez hecha la inversión, Hess contaba con una ventaja muy importante: su prestigio en el mundo del vino, que según Lanús “es importante para los referentes del mundo del vino”.

Como frutilla del postre a toda esta aventura salteña, Hess aportó una cuota de sorpresa que hace de la bodega un lugar “inesperadamente único”, según Lanús.

Este elemento lo aporta el arte, ya que Hess es uno de los coleccionistas más importantes del mundo. “El arte es su otra pasión. En cada una de sus bodegas tiene un museo abierto y gratuito donde expone su colección. Estos museos tienen la particularidad de ser dedicados a un artista conocido personalmente por Hess”, dijo Lanús.

En el caso de Sky Space, el museo de Colomé, el artista que trabajó en las obras es James Turrel, reconocido internacionalmente por el juego que hace con la luz en sus obras. “Hay gente que viene de diferentes partes del mundo a la bodega solamente para conocer el museo.”

Manuel Lanús

 

Gerente General

“Hess hizo una bodega nueva. Invirtió en energía hidroeléctrica y represas, se trajeron turbinas de Italia. Producimos nuestra propia energía.

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