7 de noviembre de 2012 10:44 AM
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Moreno ya juntó dólares para que “la fiesta siga”, pero “la fiesta no sigue”: ¿por qué?

"Si logramos que el saldo comercial sea de u$s10.000 millones, el show puede continuar", dijo a principios de año. Lo cierto es que ya está cerca de cumplir esa meta, tras declararle la guerra a lo importado. Pero las restricciones a la compra de dólares se acentúan. Dilema de la "sábana corta"

Corrían los primeros días de 2012 cuando el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, con su característico lenguaje llano y directo, lanzó una advertencia: “Las cosas son muy claras. Hay que prepararse para un mundo en crisis. Si el superávit comercial este año es de entre u$s10.000 y u$s12.000 millones, la fiesta puede seguir. Si estamos debajo de los u$s10.000 millones vamos a estar complicados. Y si llegamos a estar debajo de los u$s6.000 millones, olvídense“.

Y lo cierto es que, según los últimos datos publicados por el INDEC, el saldo de la balanza no paró de engrosarse en los últimos meses, superando lo u$s8.300 millones en el acumulado enero-julio, un 30% más que el nivel logrado en el mismo período del año pasado.

Es decir que, aún quedando por contabilizar cinco meses para cerrar el 2012 -y con una locomotora industrial empujando menos y, por lo tanto, demandando menos energía, insumos y bienes de capital importados- está todo dado como para que el superávit comercial se ubique en esa franja pretendida por Moreno para que “siga la fiesta“, es decir, entre los u$s10.000 y u$s12.000 millones.

De este modo, se va camino a superar de manera holgada y cómoda la “delgada línea roja” de los u$s6.000 millones, justamente el nivel que el funcionario presagiaba como el “fin de fiesta“. 

Así, a medida que avanzó el año y que el colchón del superávit se fue haciendo cada vez más “mullido”, no faltaron los analistas que confiaban, mes a mes, en que Moreno iba a relajar los controles cambiarios y comerciales, con el objetivo de volver a un escenario de relativa “normalidad“, tanto para empresarios como para ahorristas.

En principio la ansiada “fiesta” anunciada por Moreno, se esperó para mayo, un mes caracterizado históricamente por el fuerte ingreso de dólares, de la mano del agro. Pero, al no registrarse cambios en la política oficial, los expertos corrieron la fecha y la “reprogramaron” para junio. Sin embargo, este mes también pasó de largo y se comenzó a especular sobre un posible relajamiento recién para julio o agosto.

Pero la ansiada flexibilización nunca llegó. Por el contrario, a medida que el colchón de dólares se incrementó más y más, el control oficial sobre la economía también se intensificó, en una relación directamente proporcional.

En buen romance: cuanto más billetes verdes empezó a dejar el saldo comercial, más se fortaleció el “doble cerrojo“, es decir, el cambiario y el comercial.

De este modo, lejos de la fiesta pronosticada por el propio Moreno, los controles a las importaciones nunca aflojaron: al día de hoy los autos del exterior continúan agolpándose en la Aduana y las góndolas de productos electrónicos siguen semivacías, sólo por mencionar algunos casos.

En el plano cambiario, el escenario para ahorristas y empresarios empeoró notablemente, marcado a fuego por el nulo acceso a las compras de divisas -salvo para turismo y a cuentagotas- y por la nueva implementación del “gran hermano” de la AFIP, que ya está analizando consumos con tarjetas de crédito en el exterior y revisando a fondo cada valija que intenta ingresar un turista a través de las aduanas limítrofes.

¿Qué ocurrió entonces para que, pese a ir camino a alcanzar la meta de los u$s10.000 millones de superávit, la “fiesta” tan anunciada no sólo no siga sino que, incluso, haya derivado en una lucha por cada centavo de dólar que ingresa a la economía?

Para los expertos, hay una multiplicidad de factores que explican por qué nunca llegó el tan ansiado relajamiento de los controles:

1- Se abren nuevos vencimientos de deuda con mercado internacional cerrado
Pasada la fiebre por el Boden 2012, que implicó un desembolso de u$s2.200 millones para cancelar la última cuota, al Gobierno le resta un compromiso relevante en lo que queda del año: el cupón PBI -correspondiente al 2011- que implicará entre u$s2.700 y u$s3.000 millones de desembolso. 

En diálogo con iProfesional.com, Gabriel Caamaño Gómez, economista del Estudio Ledesma & Asociados, destacó que “el Gobierno sigue necesitado dólares porque emitió pesos para comprar prácticamente todos las divisas del superávit comercial, que no le sirvieron para acumular reservas, sino que las usaron para salir y pagar deuda. Y todavía les queda el cupón PBI, que no es un monto menor”.

Cabe destacar que la “maquinita” de hacer billetes no tuvo descanso. En los últimos 12 meses, la emisión alcanzó los $70.000 millones, un 34% más que en el mismo período del año anterior. La mitad se utilizó para tapar el agujero fiscal del Tesoro Nacional y un 40% justamente para comprar dólares que, en lugar de utilizarlos para recomponer las reservas del BCRA, se debieron destinar al pago de vencimientos de la deuda pública en esa moneda.

El economista Pablo Guidotti alertó que “la Argentina tiene reservas para pagar los vencimientos de este año y del que viene. Pero ese nivel (de reservas) va a ir bajando y a pesar de que se mantengan estos controles férreos, es un proceso no sostenible. Este conjunto de restricciones cambiarias termina deteriorando la inversión y la actividad económica”.

2-Dólar barato que no hay y pesos en exceso que no se quieren
En el marco del encuentro por el Día de la Industria, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner descartó una fuerte devaluación al señalar que “el tipo de cambio no está atrasado”.

Sin embargo, para los expertos, el hecho de que el dólar haya quedado muy barato a ojos de los ahorristas y de las empresas, es un punto crucial a la hora de explicar el porqué de las medidas de control en el mercado cambiario y las causas por las cuales las mismas están muy lejos de ser desmanteladas.

En este contexto, según Andrés Méndez, director de la consultora AMF, sucede que, al multiplicarse la cantidad de pesos en circulación, buena parte de ese caudal de dinero termina buscando activos con “olor a verde”, incrementando la presión en el mercado de cambios. 

Y una de las maneras más drásticas para evitar esto sería la de optar por una devaluación más pronunciada que corrija el atraso de “un golpe”. Sin embargo, para evitar los costos políticos derivados de una medida de este tipo, el Gobierno optó por reforzar el “cepo” cambiario.

“Mes a mes, el dólar se fue abaratando hasta resultar en la actualidad un 35% más accesible que en julio de 2009. Esto explica las razones por las que existen tantos interesados en acceder al tipo de cambio oficial y poca predisposición del BCRA para venderles a ese precio”, acotó Méndez. 

Cabe destacar que una de las formas para definir el tipo de cambio “saludable” para la economía es, justamente, la relación entre los pesos disponibles y las reservas del Central.

En este sentido, excluidos los encajes y las deudas de la entidad, las reservas actualmente se reducen a u$s37.000 millones, una cifra que no alcanza a cubrir la cantidad de pesos en circulación a la paridad de 4,60 actuales. 

A esto hay que sumarle además, tal como se mencionó anteriormente, que dichas reservas se verán más castigadas cuando deban cubrirse los cerca de u$s3.000 millones que se necesitarán a fin de año para pagar el cupón PBI. 

“El Central emitió para comprar dólares y para financiar el déficit en pesos. Esto llevó a que las reservas hoy cubran menos del 40% del circulante. Para sacar del circuito buena parte de esos pesos -que están en exceso porque la gente no los demanda-, debería convalidarse una suba en la tasa de interés, algo que se quiere evitar”, destacó Caamaño Gómez.

Y agregó: “Esto demuestra que es imposible hacer todo bien al mismo tiempo: no podés tener tasa de interés baja, tipo de cambio fijo e inflación alta eternamente. Este corset no funciona para siempre“.

Acto seguido, el experto señaló que “el Gobierno quedó encerrado en sus propios controles“, ya que ahora, si quisiese levantar las restricciones, se produciría un efecto manada sobre el dólar. 

3- Sábana corta: cuanto más crece la economía, más dólares hacen falta
De cara al año próximo, los expertos hablan de una situación más holgada en términos fiscales. Sucede que los vencimientos de deuda serán del orden de los u$s13.000 millones pero sólo u$s4.550 millones están en poder del sector privado. Es decir que ésta será sólo la porción de cumplimiento efectivo y el resto, deuda intraestatal. 

A esto se suma que la campaña sojera aportaría unos u$s25.500 millones, unos u$s5.200 millones más que la cosecha anterior, según proyecciones de la consultora Abeceb. En este marco, a las arcas del Estado ingresarían casi u$s2.600 millones en concepto de retenciones, lo que contribuiría a esa esperada holgura fiscal.

Sin embargo, para Caamaño Gómez hay poco para festejar: “La economía entró en un ciclo de stop and go por estrangulamiento externo, que genera que para crecer necesites de más dólares y ahí es cuando aparecen los problemas”.

De este modo, el analista destacó que el Gobierno, a la hora de implementar los “cerrojos” a la economía, no está mirando sólo lo que pasa en el corto plazo, “sino que sabe que si quiere que el país crezca en los próximos años necesitará de más divisas para pagar deuda, pero también para importar energía e insumos”.

Según el experto, “estos ciclos generan un comportamiento preocupante: si un año no crecés, podés estar más holgado en materia de disponibilidad de dólares. Pero si al siguiente la economía sube unos puntos entonces ahí vas a necesitar de más billetes verdes, y así sucesivamente. Se entró en una fase en la que siempre se está con lo justo, contando cada dólar que entra, año tras año. Por eso es que el Gobierno trata de restringir a fondo el acceso a las divisas”.

En la misma línea, el analista Ramiro Castiñeira, de Econométrica, destacó a iProfesional.com que “el precio de la soja y los vencimientos de deuda esperados para el año próximo alejan un poco el arco, pero los problemas cambiarios siguen estando ahí. Apenas se crezca un poquito más de lo pautado, la demanda de energía va a ´comerse´ buena parte de lo que entra por soja. Así, con cada leve mejora en la actividad económica, se va profundizando aun más el ruido en el mercado de cambios. La ecuación está bastante ajustada”.

Aguantar o devaluar, esa es la cuestión
Tal como quedó de manifiesto, de aquel razonamiento de Moreno sobre la relación entre el superávit comercial y la posibilidad de que “siga la fiesta”, poco quedó en pie. 

Bajo la óptica de Castiñeira, “lo que el Gobierno intenta hacer es ganar tiempo, correr un poco el arco. Solamente eso”.

“Si no hubiese controles de capitales, básicamente el Estado se encontraría inmediatamente frente a la disyuntiva de perder muchas reservas o de devaluar. Con las restricciones, se reduce la presión en el corto plazo, pero no desaparece. Se transforma en un proceso más lento“, apuntó Guidotti.

En este contexto, la Presidenta ratificó frente a los industriales que no está en los planes del Gobierno un salto abrupto del billete verde, al tiempo que criticó las consecuencias de un dólar caro, paradójicamente, uno de los pilares de la primera etapa de la era K.

“Con un tipo de cambio más alto perjudicamos a la industria, que necesita seguir elaborando el proceso de sustitución de importaciones”, aseguró Cristina, para sorpresa de muchos hombres de negocios que la escuchaban sin pestanear. 

Frente al discurso oficial, Caamaño Gómez aclaró que “no es que el Gobierno no está dispuesto a devaluar. En realidad, no está dispuesto a hacer lo necesario para que devaluar no tenga efectos negativos y se vaya todo a precios. Para ello habría que avanzar en poner las cuentas fiscales en orden, pero esto va en contra de su discurso. Por eso el Ejecutivo quedó encerrado en sus propios controles”.

Castiñeira acotó que “devaluar por devaluar no soluciona nada si no se hace junto a un plan económico integral que reencauce la economía, reduzca la inflación y permita volver a tener un robusto superávit fiscal y un saldo comercial más amplio y genuino”.

Por eso consideró que “los controles llegaron para quedarse”.

En la misma línea, Méndez señaló que “habrá más restricciones, las cuales se irán intensificando a medida que continúe la reticencia del Gobierno de sincerar el verdadero valor del dólar“.

¿Era esta la “fiesta” que esperaban ahorristas y empresarios? Seguramente no. Incluso, por estos tiempos, muchos se están preguntando cuánto más duro sería el “show” si el superávit comercial fuese más bajo al esperado por Moreno.

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