10 de noviembre de 2012 17:13 PM
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La cadena del trigo apuesta a crecer pese a las dificultades del presente

Durante una jornada organizada por ArgenTrigo, economistas y productores coincidieron en la necesidad de agregar valor a la producción.

Un mayor compromiso con la calidad y la necesidad de ganar mercados que demandan más alimentos procesados son principales desafíos que enfrenta hoy la cadena de trigo. Pero para despegar necesita que se eliminen las restricciones a los mercados.

Ésas fueron las conclusiones de la jornada llamada “Una apuesta a lo posible” que organizó la Asociación Argentina de Trigo (ArgenTrigo) con diversos especialistas.

“Toda cadena de valor se ordena detrás de una demanda, y hoy vemos que se están pidiendo alimentos procesados. Tenemos que ajustar lo necesario para satisfacer esa demanda, además de seguir creciendo como exportadores de harinas y trigo”, dijo Santiago Labourt, presidente de ArgenTrigo.

El economista Juan Manuel Garzón, de Ieral, explicó que en el mercado latinoamericano existen 19 países compradores netos de trigo, en tanto que hay sólo tres que son exportadores netos (Uruguay, Paraguay y la Argentina). En la región, se importan 18 millones de toneladas al año de trigo, 1,6 millones de productos semiprocesados y 600.000 toneladas de alimentos procesados.

“América latina está comprando la misma cantidad de trigo que hace diez años, pero las importaciones crecieron un 5% en semiprocesados y 6% en procesados. Esta característica se extiende también al mundo, donde crece el comercio de trigo, pero donde el incremento es mayor en semiprocesados”, dijo Garzón.

El crecimiento de la demanda de harina fue motorizado por Brasil, que concentra el 52% de las importaciones, seguido por Bolivia con un 18 por ciento.

Otro segmento de importancia es el de las pastas. Garzón informó que la Argentina exporta unas 36.000 toneladas, lo que representa un 11 % del mercado de pastas de América latina, con algo de presencia en Chile, pero poca o nula en Brasil y América Central. “Éste es un mercado de 200.000 toneladas al año en el que la Argentina tiene posibilidades de crecer si mejora la inserción en los países en los que no tiene presencia”, destacó Garzón.

“El desafío consiste en fortalecer los eslabones más débiles de la cadena y potencia acciones colectivas, agregando know how y escala en productos semiprocesados, así como optimizar el capital humano para los procesados”, explicó Garzón.

Luciano Cohan, de la consultora Elypsis, habló sobre el valor agregado en la cadena, basándose en una investigación que se encuentra desarrollando desde hace cuatro años junto con otros colegas. “En esta investigación quedó de manifiesto que la respuesta de los productores a la variación de los precios es muy elástica; una reducción de un 10% en los derechos a la exportación crearía un círculo virtuoso, que incluso compensaría lo perdido en recaudación, por vías indirectas”, resaltó.

“Si incorporamos un nuevo paquete tecnológico que agregue costos en semillas, fertilizantes y protección, se favorecería un 28% el potencial de la cadena, y habría una mejora del rinde de 35% en promedio”, añadió.

El economista explicó que, de acuerdo al modelo desarrollado en la investigación, si cada departamento produjera según los resultados promedio de sus mejores 5 campañas, el área sembrada crecería un 83%; la producción total crecería un 75%; el valor agregado de la cadena crecería un 77%; se duplicaría la recaudación fiscal; las exportaciones pasarían de 1500 millones a 5000 millones; los mercados de semillas y agroquímicos crecerían entre un 50 y un 60%; y los fertilizantes un 70%.

 

  •  “El desafío consiste en fortalecer los eslabones más débiles de la cadena”. Juan Manuel Garzón. Economista

 

 

  •  “La respuesta a los productores a la variación de precios es muy elástica”. Luciano Cohan. Economista .
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