7 de marzo de 2010 16:27 PM
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La respuesta al discurso de CFK

Resulta por lo menos incoherente que la Señora Presidente, Dra. Fernandez de Kirchner hable del país real y haya basado todo su discurso de la apertura de sesiones del Congreso de la Nacion en cifras del INDEC.

En lo referente al sector agropecuario, emerge del discurso, el mismo trato y los mismos preconceptos con que ha tratado al campo argentino durante su mandato; la permanente acusación y el desconocimiento sobre las condiciones y modalidades que conforman la producción agrícola en estos tiempos son siempre el eje de sus pronunciamientos.Bajo la presunción de conocer de que habla, antes fue ¿el yuyito¿ y ahora, en el marco de la apertura de las sesiones del Congreso de la Nacion, volvió a realizar afirmaciones poco serias y en muchos casos cómicas como la mención al desarrollo de ciertas producciones maiceras.Hubiese sido muy bueno escuchar a la primer mandataria hacer mención a la tarea por delante y la agenda productiva del presente año. Sin embargo eligió el camino de siempre, la acusación infundada y la mención a los productores como constantes evasores o escondedores de datos de la realidad.Más allá de la falta de razón práctica y legal de sus afirmaciones, en cuanto a que los productores no declaran su trigo y por ello no se pueden liberar las exportaciones es tan poco serio que no merece mayor detenimiento-, resultó una verdadera pena que no tuviese conceptos para explicar porque tenemos cada vez menos trigo, menos carne y sobre todo, menos productores.También hubiese resultado conveniente, se explayase sobre los anuncios efectuados en los últimos años y su falta de concreción práctica, extremo este, verificable, en promesas incumplidas como: El precio FAS para productores trigueros, devolución de fondo lechero, devolución de retenciones a pequeños productores, quita de retenciones a economías regionales y tantos otros que harían larga su mención.Sin duda su discurso, quedará en nuestras memorias, como el recuento de datos y cifras, mucho mas cerca de un país imaginario que aquel que transitamos, con pesar, todos los días.

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