14 de diciembre de 2012 12:51 PM
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En henificación, la clave es no perder valor nutritivo

Bajo la premisa de “no perder calidad”, el especialista Pablo Cattani describe toda la tecnología disponible para lograr forrajes conservados con alto valor nutritivo.

“Llegó el momento de ponernos a pensar que podemos aprovechar la tecnología disponible, aún en condiciones de campo”, dijo contundente Pablo Cattani al iniciar la segunda jornada de Admite Forrajero dedicada a la henificación. El entrenamiento, que se está desarrollando en Venado Tuerto, se extenderá hasta el viernes 14 de diciembre.

De esta forma, el reconocido especialista comenzó a derribar mitos. “Cuando hablamos del aporte de nuevas tecnologías para la ganadería nos suelen contestar que a nivel de campo existen dificultades para aplicar esos avances. Pero eso no es así, tenemos que cambiar los paradigmas. Necesitamos elevar el nivel de la ganadería, porque de lo contrario no es rentable”.

Pablo Cattani (en el centro, de anteojos), durante la recorrida a campo.

“Paralelamente, la agricultura nos muestra desde hace años que logró producir sin dar vuelta la tierra –agregó-, que debe decidir cuántas semilla usar, que tienen que elegir entre 20, 30 o 50 cultivares de la misma especie, a la vez que tomar decisiones frente a una oferta totalmente amplia y diversificada de productos fitosanitarios. Mientras tanto, en la ganadería seguimos pensando en la hélice de la segadora”.

Pero Cattani fue aún más lejos. “Venimos acostumbrados a que para producir carne o leche si nos falta algo para completar la ración podemos recurrir al mercado y comprarlo, pero eso cada día será más complicado. Ahora, los perros y gatos comen alimentos balanceados, comidas que vienen en latas, y se suman a los cerdos, los pollos y los pescados entre los competidores a los que tiene que enfrentar la vaca por los mismos nutrientes”.

“El año pasado, por primera vez el mercado mundial operó sin reserva de granos. Por lo tanto no piensen -dijo a los productores, contratistas y técnicos asistentes- que en el futuro van a poder comprar un subproducto para la ración y conocer muy anticipadamente su disponibilidad y precios. Si supiera lo que va a pasar el año que viene el negocio sería más sencillo, de menor costo y por lo tanto más rentable”.

Calidad, calidad y calidad

Con ese marco, Cattani señaló que en las reservas forrajeras, y en especial en los henos, se debe dejar de pensar en términos de volumen. “Tenemos que producir calidad, calidad y calidad”. Y aclaró que esto debe ser tenido en cuenta por todos los actores que participan en la cadena de producción de carne y leche. “Un contratista, nos guste o no, también tendrá que empezar a preocuparse por la respuesta productiva de la vaca cuando consume el forraje que él está procesando”.

“Por lo tanto –remarcó-, tenemos que saber operar la máquina, pero el objetivo tiene que ser producir carne y leche, es decir preocuparnos por el producto que generamos y eso es sinónimo de apuntar a la calidad”.

Para tener en cuenta

Fundamentando cada sugerencia, Cattani lanzó una cadena de conceptos que llevan a la confección de henos de alta calidad. Entre ellos, fue rotundo cuando dijo “Si hay riesgo de lluvia, cualquiera sea la situación, no se debe cortar el forraje. Es preferible que se pase, pero que no nos agarre la lluvia con el pasto cortado e hilerado porque se lavan sus nutrientes”.

Y agregó que “Un rollo nunca debe tener más del 20 por ciento de humedad, salvo que usemos aditivos”. Al referirse a esos productos, que ayudan al proceso de conservación del forraje, señaló que básicamente existen dos tipos, los basados en el ácido propiónico que impiden que se reproduzcan los hongos que aparecen por encima del 20 por ciento de humedad y causan trastornos de toxicidad en los animales, pero con el agravante que ese ácido corroe a las máquinas. “Hoy tenemos distintos productos y uno de ellos tiene doble efecto ya que favorece el secado y además contiene bacterias que no permiten que prospere ningún otro microorganismo”.

Luego propuso que se programen las necesidades de forrajes considerando qué ofrece cada uno de ellos y el tipo de raciones que se necesita armar en el establecimiento de acuerdo a las categorías de animales que maneja. En forma muy gráfica explicó que “construir” un animal es como hacer una casa. “Los ladrillos son la proteína y el cemento es la energía, es decir el combustible para que se sintetice esa proteína”. Y explicó que esa energía es provista principalmente por los granos y la proteína por los rollos que también aportan fibra. “Lo que pasa es que cuando hacemos las cosas mal empezamos a tener niveles muy altos de fibra que se transforma en la principal limitante del consumo”.

“La proteína es una cadena llena de eslabones –explicó-, que el animal tiene que cortar y volver a armar para lo que necesita energía. Si no tiene suficiente cantidad de grano se intoxica, porque la hidrólisis proteica hace que se genere un exceso de amonio”.

“Es por esto que si el contratista quiere seguir trabajando a las dos de la tarde, sólo me dará rollos con alta fibra y poca proteína. Y eso se traduce en un alto incremento del costo del rollo por unidad de nutriente”.

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