17 de diciembre de 2012 10:30 AM
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El conflicto del maíz, un golpe a Chile y Argentina

miércoles la Comisión de Distorsiones aprobó investigar si el maíz partido genera distorsiones de precio en el país. Desde Argentina reconocen que ese producto se hace para Chile, es el mismo grano que pasa por una molienda mínima. Con esto pierden maiceros chilenos y argentinos. Aún más, los exportadores son empresas chilenas instaladas en la zona de Mendoza.

El maíz quebrado es un traje a medida para Chile… donde se hace una molienda mínima y luego se envía”.

La aseveración, con las mismas o similares palabras, se repite entre productores, exportadores y expertos en cereales de Argentina, país desde el cual el año pasado se envió a Chile poco más de 399 mil toneladas de maíz grano y 232 mil de partido, según las cifras de Maizar, organismo que agrupa a toda la cadena del maíz de ese país. Lo anterior hace eco de lo que vienen diciendo hace ya un tiempo los productores y distribuidores de maíz chilenos que acusan que al ingresar de esa forma este cereal trasandino distorsionar completamente el mercado interno.

Esto porque el maíz partido ingresa al país con un precio mucho menor al que tiene el maíz en el mercado internacional. Por ello, cuando el agricultor nacional sale a vender, los compradores ofertan el equivalente a lo que pagan por lo que les llegan en camiones desde Mendoza.

A pesar del impacto, la Comisión de Distorsiones ha sido lenta. Recién el miércoles pasado, después de dos meses desde que la SNA solicitó por segunda vez (la primera fue en marzo) a la Comisión Nacional de Distorsiones de Precio (CNDP) que investigara las irregularidades en el valor del maíz partido, mezclas del grano y carnes de ave argentinas, decidió investigar. Aunque sólo el maíz partido.

“La decisión es una importante señal para el mercado interno y prueba que nuestra denuncia y la preocupación de miles de productores del país tiene sustento. Confiamos en la pronta aplicación de derechos antidumping que permitan a nuestros productores competir en igualdad de condiciones”, señaló Patricio Crespo, presidente de la SNA.

La realidad es que la del maíz es una guerra donde casi todos los involucrados directos pierden. E incluso, los sindicados como culpables -los argentinos- en realidad no lo serían.

La pérdida de los productores nacionales es clara.

“El precio a productor se ve fuertemente afectado porque el maíz partido llega a Chile a valores inferiores a la reposición de un maíz en grano de Estados Unidos o Argentina. El maíz partido afecta fuertemente a la cadena primaria (proveedor, productor y otorgadores de servicios). Beneficia al transformador del grano en pollo, carne y alimentos, que pueden comprar el maíz nacional a un precio más bajo porque el precio lo pone el maíz partido argentino y no el mercado de Chicago”, dice Juan Sutil, presidente de Coagra.

De acuerdo a estimaciones de la SNA, la temporada pasada, los productores perdieron $18.597 millones y, este año, de no adoptarse la medida solicitada la cifra podría ascender a $19.200 millones. Por ahora, el mercado interno, desde la caída de las salvaguardias el 28 de septiembre, está prácticamente parado y tiene a los distribuidores y acopiadores con cerca de un 30% de stock, cuando lo usual es que no haya más de un 5%.

“Esto es una transferencia de riqueza desde el productor al industrial, que está comprando un producto a un precio que no corresponde al precio internacional”, dice Juan Pablo Matte, secretario general de la SNA.

Lo que se busca es evitar que ocurra lo que pasó en Bolivia, donde prácticamente desapareció la molinería, cuando no tomó medidas para evitar la llegada de harina de trigo argentino, lo que Chile sí hizo.

Al otro lado de la cordillera, el primer gran perdedor es el gobierno argentino, ya que el maíz partido paga un 12,5% de retenciones, en lugar del 20% del grano entero. Casi a la par pierden los productores trasandinos, ya que reciben por su grano casi un 30% menos del precio internacional, por el efecto de las políticas internas en la formación del precio. El que gana es el industrial que transforma ese grano en carne blanca, mezcla alimenticia o maíz partido. Y, en el caso de este último tampoco serían argentinos, pues quienes lo envían son, principalmente, dos empresas de capitales chilenos: Graneles y Soprodi.

De hecho, en un informe sobre la cadena de productos del maíz, realizado la Dirección de Agroalimentos del Ministerio de Agricultura de Argentina, se consigna que cuando Chile impuso salvaguardias al maíz partido, “las cámaras y entidades argentinas que representan al sector de la molienda seca y a la cadena del maíz, declaran que las empresas nucleadas en el sector no son las responsables de los envíos y que trabajan a lo largo de la cadena para que el agregado de valor sea estratégico”.

situación En Argentina

En los últimos años los maiceros argentinos han estado complicados. Por una parte por las retenciones que gravan, entre otros, a las exportaciones de granos, y las cuotas de exportación o ROE, que restringen el volumen que sale del país para proteger el consumo interno. A ello se suman problemas climáticos los dos últimos años. Así, la temporada pasada, cuando una brutal sequía destruyó buena parte de las plantaciones, la cosecha fue de 21 millones de toneladas. Para esta se estima que será de unos 24 millones, a pesar de las lluvias.

“El productor está en una situación compleja, porque está intervenido comercialmente, con una cuota de exportación que no tienen otros. El ROE impone un mayor riesgo que impacta en el precio que recibe el productor, pues, el exportador puede quedarse con menor cantidad de cuota y no poder vender lo que compró”, explica Juan Rey Kelly, economista de la Confederación de Sociedades Rurales Argentinas (CRA), entidad que agrupa unos 100 mil productores de todo el país.

Del total de la producción argentina, entre 8 y 9 millones de toneladas quedan para el consumo interno y cerca de 16 millones se van a la exportación. El precio que manda es el internacional, base el mercado de Chicago, que este año ha estado históricamente alto.

Con un mercado internacional donde el precio FOB está en torno a los US$ 300 la tonelada, el productor argentino por estos días está recibiendo entre US$ 180 y US$ 195, dependiendo de la zona, descontadas las retenciones del 20%, los gastos de exportación y de fletes y el costo del riesgo que implican los ROE..

De todas formas, este año el gobierno argentino tomó medidas para disminuir el impacto en el precio, indica el secretario de agricultura de ese país, Lorenzo Basso.

“Este año se han abierto con mucha anticipación los ROE, lo que permitió una formación del precio interno que está más elevado para el productor”, dice la autoridad.

Esto porque, además, que para acceder a la cuota el exportador tuvo que demostrar que tenía tanto la venta como la compra del producto, lo que disminuyó el riesgo y habría significado una mayor seguridad en el precio.

Por ello, los precios de este año tendrían al productor en buenas condiciones, según Juan Gear, presidente de Gear S.A., empresa con más de 80 años trabajando en la producción, acondicionamiento, comercialización y exportación de granos.

las exportaciones a Chile

En Argentina, hasta el año 2007 el principal producto derivado de la molienda seca exportado era “harina de maíz”. Sin embargo, a partir de 2008, la categoría de “granos de maíz de otro modo” -donde está el partido o, como los agrupan los argentinos, los “mondados, perlados, troceados o quebrantados”- pasó a ocupar el primer lugar, llegando en 2011 a 467 mil toneladas y un crecimiento de 113% desde el 2003 -cuando se exportaron sólo 8 mil toneladas, de acuerdo al estudio de la Dirección de Agroalimentos. Aún más, según la misma información, entre 2008 y 2009, las exportaciones de este producto pasaron de 40 mil a 130 mil toneladas. Y continuaron creciendo: entre enero y marzo de este año el volumen exportado fue de 154 mil toneladas, un 68,5% superior a las 91,6 mil exportadas en el mismo período de 2011.

El informe señala que “cabe mencionar que este despegue de las exportaciones de los “granos de maíz de otro modo” se encuentran compuestas casi exclusivamente por granos troceados o quebrantados, sin una mayor industrialización que le agreguen valor al producto, lo cual se ve reflejado en el valor al que se ha exportado la tonelada”.

Este despegue está vinculado directamente a nuestro país.

“Se creó por esta posibilidad de exportarlo a Chile”, dice Martín Fraguío, director ejecutivo de Maizar.

“El maíz partido es un traje a la medida para Chile”, dice Gear.

Ese grano pasaría por una molienda menor, realizada por empresas chilenas instaladas en Mendoza que luego lo exportan, principalmente a Chile.

Los números dan la razón. Mientras en 2003 Argentina exportaba a Chile poco más de dos mil toneladas, por un valor Fob de 0,47 millones de productos maíz por molienda seca; en 2007, exportó casi cerca de 3 mil toneladas, por US$ 0,65 en 2011, estas exportaciones llegaron a 304 mil toneladas, por US$ 65 millones. Aunque, en el último año habría crecido la exportación a Uruguay.

El remezón

Ese crecimiento explosivo fue lo que llevó a que hace ya un año los agricultores chilenos denunciaran una situación irregular. Luego la SNA y finalmente el Minagri solicitaron una sobretasa que la Comisión de Distorsiones puso de forma provisoria en abril. Ello generó un cierto alivio a los productores nacionales, que vieron que podrían vender su producto al valor del mercado, que por esos días se disparaba ante la sequía en EE.UU.

El gran chaparrón vino en septiembre. La Comisión determinó que la sobretasa era definitiva por cinco meses, que se cumplieron el 28 de ese mes. Entonces el mercado nacional prácticamente se congeló y los productores que tenían guardado su grano en espera de mejores precios, así como acopiadores y distribuidores vieron que sus stocks no disminuían.

“Hemos tenido una temporada con demanda por maíz grano que venía muy bien hasta el 28 de septiembre. Cuando caen las salvaguardias, esa demanda se traslada a maíz partido. Con ello el precio interno no sigue el precio internacional y se aumenta la brecha entre el grano internado y el grano que existe en Chile. A partir de ese momento nos encontramos con un mercado muy lento. Eso hace que el precio caiga y el poder de negociación lo tenga el comprador”, dice Dario Polloni, gerente general de Copeval.

En estas fechas lo normal es que quedara en stock no más del 5%, sin embargo, se estima que este año habría un volumen de maíz de enlace del orden del 30% superior a lo histórico. Eso significa que cuando comience la cosecha, los productores se encontrarán con menor capacidad de guarda y también de compra, ya que los distribuidores no correrían nuevamente el riesgo de comprar para luego no tener precio de venta.

“No se puede actuar a futuro si tenemos la amenaza del maíz partido que está desalineado con Chicago”, dice Juan Sutil.

El mayor impacto sería para los productores, que en Chile se calcula son del orden de los 20 mil, concentrados entre la 6 y 7 regiones, de los cuales prácticamente entre un 85% son pequeños, sin poder de guarda ni de negociación.

Ante esta situación, la SNA solicitó a la Comisión, el 8 de octubre que investigara la aplicación de medidas antidumping, para las mezclas, la carne de pollo y el maíz partido.

Fue lo que la comisión resolvió el miércoles, con una votación dividida, que investigaría, pero sólo para el maíz partido.

Temores pendientes

La Comisión de Distorsiones recién podrá tomar medidas pasados 60 días desde que inicia la investigación. Aunque de determinar que estas sí corresponden podría determinar que estas sean retroactivas, lo que llevaría a que se tuvieran que pagar al Fisco las diferencias, explica Juan Pablo Matte.

Si bien la situación solucionará el problema de los productores de maíz, dejará en una situación complicada a los productores de aves y de cerdos del país, los principales consumidores del maíz partido.

“Si se aprueba el antidumping es una señal potente en que la Comisión reconoce la distorsión. Pero lo aprobado sigue siendo una mala decisión ya que al no hacerlo para las mezclas y carne de pollo dejan una puerta abierta para que se siga burlando este derecho antidumping. Y lo segundo es que dejan a los productores de aves aún más mal que al inicio, porque al menos podían comprar maíz partido barato para poder competir. Entonces, es un muy mal precedente que no aplique a toda la cadena, porque en el largo plazo la medida mejora la situación de los agricultores, pero deteriora la de todo el resto de la cadena. Aquí hay que hacer las cosas bien y no aplicar más soluciones políticas de parche”, enfatiza Polloni.

 Soprodi: son productos distintos

Jorge Mori, jefe de proyecto de Soprodi, una de las empresa chilenas que trae granos desde Argentina, explica el maíz partido no es idéntico al grano nacional, porque por la trituración, queda expuesto a contaminación microbiológica y pérdida más rápida de su calidad nutritiva, por lo que debe ser consumido más rápido y sólo es apto para algunas raciones según el tipo de animal y edad. Explica que “la empresa en Argentina compra directamente a los agricultores a valores que hoy fluctúan entre 940 y 980 pesos argentinos (195/200 USD/Ton)…., luego se realiza el proceso de trituración en la planta y al exportar el producto procesado se pagan impuestos de exportación algo inferiores a los que se pagarían si se exportara el grano entero, lo que en cierta manera compensa los gastos del proceso. Pensamos que es positivo disminuir los intermediarios y dejar menos impuestos en Argentina para poder llegar más competitivos a las fabricas de alimentos para nutrición animal, los que a su vez compiten en el mercado mundial pagando también impuestos en Chile. Esto también significa una economía para el consumidor chileno de huevos y carne de ave y cerdo, que no tiene que pagar demás por tener muchos intermediarios o por impuestos extranjeros”.

La posición de las carnes blancas

Los principales consumidores de el maíz partido son principalmente los productores de carnes blancas -aves y cerdos- y de huevos, -la mayor parte de ellos medianos y pequeños, ya que a empresas grandes no les sirve, pues es un producto que debe ser consumido muy rápido- además de la industria elaboradora de alimentos animales.Rodrigo Castañon, gerente de Asprocer, indica que la principal sustitución del maíz partido es el sorgo, “ya que ambos productos tienen características nutricionales similares y restricciones técnicas, que impiden que sustituyan al maíz grano. Restricciones a las importaciones de maíz partido, sólo influyen en la mayor importación de sorgo”, indica.

De acuerdo a Castañon, el precio del maíz grano en Chile “está indexado al precio internacional, por lo tanto, las importaciones de maíz partido no afectan el precio del maíz grano nacional. Asimismo, no existe relación de causalidad entre el daño alegado por los productores de maíz grano nacional y las importaciones de maíz partido, ya que la sustitución del maíz grano es parcial y acotada…”.

Agrega que esperan que la decisión de la CNDP sea “técnica y no política. Es decir, que no responda a presiones de movilización por parte de los agricultores del sur” y que “la sustentabilidad del cultivo del maíz no depende de una medida de antidumping al maíz partido, sino de una política agraria nacional sustentable en el tiempo”.

Castañon agregó que los problemas de rentabilidad del maíz responden a situaciones de índole técnica -productiva que pueden ser resueltas por otras vías, como bono a los insumos, transferencia tecnológica, capacitación, entre otras.

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