9 de marzo de 2010 11:49 AM
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Ahora la ganadería puede competir

El subsecretario de Ganadería, Alejandro Lotti, aseguró a Página/12 que la suba del precio del ganado ha vuelto rentable la actividad en las zonas marginales. Sostiene que los aumentos se deben al avance de la agricultura sobre el sector, el sistema de engorde por feedlot y la sequía. El funcionario admite además que ahora se impulsa la federalización, apoyando los planes provinciales que estén en línea con la política ganadera oficial.

–¿Por qué se produjo la fuerte subida en el precio de la carne de los últimos meses?

–El alza de precios es el síntoma de una serie de sucesos que se fueron desarrollando, cuya combinación resultó en una menor oferta. La sequía, que comenzó en el verano de 2008, ocupa un lugar central para explicar la caída en la oferta. En el sector ganadero implicó una menor preñez, menor destete y, en consecuencia, menor número de terneros, además de la hacienda que se perdió directamente por la falta de alimento.
–¿Qué otro proceso impulsó la reducción la oferta?

–Hay un fenómeno de agriculturización, por el cual la agricultura logró avanzar en quince años unos 12 millones de hectáreas, 6 de las cuales eran pasturas de altísima calidad en las que antes convivían la agricultura y la ganadería bajo un régimen de rotación. Es cierto que ahora hay praderización en el NEA y NOA, pero la calidad no es la misma de antes y para la ganadería esto tiene como consecuencia una menor ganancia de peso y a la vez dificulta el engorde de animales de mayor requerimiento.
–¿Qué consecuencias trajo el cambio en el sistema de engorde?

–Este es otro punto que explica la cuestión. Antes, la re-cría de los animales (que va desde el destete hacia la fase más intensiva de engorde) se hacía sobre pasto, lo que permitía que la carne sea comible luego de 12 a 18 meses de engorde. El animal entraba con 160 kilos y luego de este proceso la faena se hacía cuando rondaba los 500 kilos. El feedlot reemplaza a las pasturas en la fase más intensiva de engorde y hace que el ternero deposite grasa antes y por ello se puedan faenar animales más livianos, de 350 kilos. Esto implica que hay 150 kilos menos de oferta en el mercado, que son 70 kilos netos menos de carne. Nosotros faenamos al peso que en otros lugares se empieza a engordar: Estados Unidos faena a los 620 kilos y Australia a 500. Tendríamos que lograr que los animales entren al feedlot con 300 kilos.
–¿Cuál fue el efecto conjunto de los procesos descriptos?

–El resultado es que en la campaña 2004/05 la producción se estancó y ahora estamos comiendo más de lo que producimos, es decir que el stock está bajando. La alternancia de los ciclos ganaderos es una constante, lo que sucede ahora es que estamos volviendo a un valor medio del orden de 51 o 52 millones de cabezas.
–¿Qué responsabilidad tuvo el Gobierno al no modificar el esquema de avance de la agricultura y el de engorde intensivo?

–El Gobierno implementó dos planes dirigidos a los productores pymes, el “Más terneros 1 y 2”. Trataba de ayudar a crear la infraestructura de sostén, pero la sequía los desactivó. Hubo políticas que no llegaron a aplicarse y otras que podrían haber sido mejores. Las que hubo trataron de asegurar el consumo interno y quizá por momentos eso pateó en contra de los objetivos más generales del sector.
–¿Cómo se logra la mejora en la producción del sector?

–Necesitamos un ambiente amigable de precios y previsibilidad en los precios relativos. Se requiere una intensa campaña de asistencia técnica, de difusión de tecnología probada. Una fuerte promoción de la actividad de re-cría, para que los animales entren más pesados al sistema de engorde, de manera que se los faene también más pesados. Vamos a financiar la mitad de la tasa para préstamos en ganadería para invertir en pasturas e infraestructura, porque los campos están desarmados. La ganadería tiene que dar el salto cualitativo que dio la agricultura hace quince años.
–Pero los precios de los commodities jugaron un papel fundamental en ese salto. ¿Cómo se puede conjugar precios “rentables” sin ir en contra del consumo interno?

–El camino para abaratar algo es producir más, pasar a una economía de abundancia. Hay cortes de los animales que perfectamente pueden subsidiar a otros cortes populares. Es un problema de ingeniería comercial, que también tiene que modernizarse.
–¿Qué acciones están llevando a cabo desde el Ministerio de Agricultura?

–Nosotros en la época de la sequía y crisis internacional estuvimos a punto de anunciar un plan ganadero, pero se desactivó porque era para paliar la coyuntura. Terminada la sequía, con mejores precios y ajustado el stock de hacienda, la decisión del ministro fue “federalicemos esto a través de los planes provinciales”. Una decisión valiente, porque implica admitir que no hay una fórmula general, sino que lo óptimo es apoyar los planes que contemplan las diferencias regionales, siempre teniendo como marco los objetivos que nosotros planteamos: producir más carne, aumentar el peso de destete, el número de terneros, el peso en que se entra en la etapa de engorde y el peso de faena.
–¿Ya tuvieron contacto con los funcionarios provinciales?

–Lo estamos teniendo y en la medida en que están en línea con los objetivos nacionales nosotros financiamos sus planes, con un presupuesto estimado en 300 o 400 millones de pesos. En el caso en que el plan provincial no nos convenza, comenzaremos a negociar. Esto se articula con las provincias, municipalidades y las entidades. El entorno es muy favorable, con precios brillantes y pastos excelentes.
–¿Es sostenible en el mediano o largo plazo un esquema de rentabilidades tan dispares entre la agricultura y la ganadería?

–En la zona núcleo la ganadería no puede competir. Pero sucede que con los precios anteriores de la ganadería (antes de esta suba) era mucho más rentable hacer soja incluso en las zonas marginales. Con los precios actuales (pero también con los precios históricos, que son más bajos) la ganadería puede competir perfectamente en zonas marginales.

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