13 de marzo de 2010 07:48 AM
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Nadie duerme por culpa de una cosecha muy amenazada

A manos de chacareros con síntomas agudos de estrés las farmacias de muchas localidades de la pampa húmeda se están quedando sin cajas de Valium, Rivotril o sedantes naturales.

El fenómeno se explica no sólo por el boquete que abrió el Gobierno en el Banco Central para hacerse de parte de las reservas ni por el espectáculo que se brinda a diario desde el Congreso de la Nación. La ansiedad que se sufre por la cosecha del maíz y la soja de este año es algo muy difícil de manejar, aún para los agricultores más experimentados. Este año, después de dos campañas para el olvido, a los agricultores se les presenta la oportunidad de tener una buena revancha. "La última evaluación que tenemos es que el 80% de los lotes tendrá rendimientos excepcionales", confesaba la semana pasada en Expoagro, Gustavo Grobocopatel, CEO del grupo Los Grobo. No hay semana que pase sin que alguna estimación de cosecha se ajuste a la suba. La más optimista, por ahora, es la del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, que estimó 53 millones de toneladas de soja para esta campaña y 21 millones de toneladas para el maíz. Pero por lo que dicen los pronósticos climáticos toda la operación de trilla esta jaqueda por la alta probabilidad de tener un exceso de lluvias en el otoño a lo que se debe sumar el fantasma (o no tan fantasma) de la falta de gasoil. La ansiedad de los chacareros es explicable. No necesitan demasiada memoria como para acordarse de otros fenómenos de El Niño con inundaciones en plena cosecha. Algunos productores de Trenque Lauquen, que supieron cosechar lotes de soja con diez centímetros de agua, ya comenzaron a desempolvar los teléfonos de contratistas con arroceras. La falta de gasoil ayuda en esto de poner a los productores con los nervios de punta. En las estaciones de servicio del interior del país se están registrando aumentos del 15 y hasta el 20% y con ventas sumamente selectivas a los clientes que pagan con anticipación. Por caso, en algunas estaciones de servicio el precio del gasoil premium están casi igual a una nafta súper. La necesidad de gasoil es tan acuciante, el 70% de los 4000 millones de litros que consume la agricultura por año se utiliza en las operaciones de cosecha, que ha logrado invertir la fórmula capitalista: a mayor cantidad de litros comprados mayor es el precio que se debe pagar. Este jueves un buen grupo de productores exasperados por esta situación decidió reclamar al costado de la autopista Buenos Aires-Rosario. La promesa de las empresas petroleras de que todo se resolverá "en los próximos días" todavía está pendiente de cumplimiento. Ante este panorama la estrategia de los chacareros es largarse a cosechar apenas se pueda sin darle mayores miramientos al tema de la humedad. Y, por supuesto, priorizar los lotes más bajos antes que se llenen de agua con las próximas lluvias. Así es como se han trillado los primeros lotes de maíz en Entre Ríos, en el centro de Santa Fe y este de Córdoba. Con humedades elevadas, del 23% al 24%, los maíces superaron cómodamente los 100 quintales y en algunos casos, como en Justiniano Posse, Córdoba, llegaron a los 140 quintales. Si bien los agricultores están ansiosos con la cosecha no son, por cierto, los únicos. El Gobierno no deja de estar atento a una cosecha que en el caso de la soja significa un ingreso al país de US$ 18.500 millones. Para las cuentas fiscales es como el maná caído del cielo. El problema es que estos ingresos significan alargar los plazos de un sistema que ya hace rato da síntomas de agotamiento. Al mantener el tipo de cambio estable, la alta inflación en pesos que sufre la economía se convierte en inflación en dólares. Esto va comiendo la competitividad de la economía e inevitablemente afectará a las exportaciones. Y uno de los principal damnificados será el sector agroalimentario. El cuadro se agrava desde el momento en que no hay ningún indicio de que el gobierno vaya a cambiar el rumbo de la economía. Por el contrario, está dispuesto a pelear por instrumentos que fracasaron, como por ejemplo el Oncca y la maraña de controles de precios y limitación de las exportaciones con el fin de defender la mesa de los argentinos. Exactamente al revés de la receta que aplicará el presidente uruguayo, José Mujica. Dijo, en su reciente discurso inaugural: "Permítanme decirlo de una manera provocativa: vamos a ser ortodoxos en la macroeconomía. Lo que vamos a compensar largamente siendo heterodoxos, innovadores y atrevidos, en otros aspectos". Quizá sea el momento de comenzar a copiar.

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