¿Cómo perciben las vacas su entorno y qué rol cumplen sus sentidos en el bienestar animal? Esto descubrió veterinaria
La docente Maren Ebinger, de la UCA, expuso cómo perciben los bovinos su entorno, qué papel cumplen sus sentidos y por qué comprender su comportamiento resulta clave para mejorar el bienestar animal, la productividad y la seguridad en el manejo.
Ebinger explicó que el bienestar animal, según la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA), se define como “el estado físico y mental de un animal en relación con las condiciones en las que vive y muere”.
La especialista indicó que el enfoque tradicional de las cinco libertades ha sido reemplazado por el modelo de los cinco dominios: nutrición, ambiente físico, salud, comportamiento y estado afectivo. Este enfoque busca comprender de manera integral el funcionamiento biológico y mental del animal.
Zona de fuga, estrés y manejo del bovino
Ebinger explicó que las vacas son animales presa, lo que determina gran parte de su comportamiento. “Si un bovino está parado en medio del potrero pastando y uno se acerca entrando en su zona de fuga, el animal sale corriendo porque nos ve como un peligro. Si uno se acerca aún más y el animal no puede escapar, entramos en su zona de lucha”, afirmó.

La docente subrayó la importancia de un manejo tranquilo para evitar el estrés.
También destacó el concepto de línea de balance: “Si nosotros nos movemos por detrás de ese punto, el animal va a ir para adelante. Pero si estamos por delante del mismo, el animal va a retroceder. Esto permite manejar al bovino sin uso de picana, golpearlo o gritarle”.
Un animal gregario que necesita del grupo
Ebinger remarcó que el bovino es un animal gregario, con una fuerte necesidad de permanecer en grupo. “Necesita del contacto con otros. Si hay un animal apartado, hay que revisar qué le está pasando que no puede seguir al grupo”, señaló.
¿Cómo perciben las vacas su entorno?
En relación con la vista, explicó que los bovinos tienen un campo visual de aproximadamente 330 grados, mayormente monocular, lo que reduce la nitidez pero les permite detectar movimientos. La visión binocular es limitada, de unos 30 grados, lo que afecta la percepción de profundidad.
La especialista indicó que “necesitan tiempo para ver lo que tienen delante” y que su calidad de imagen es significativamente inferior a la humana, aunque poseen mejor visión nocturna y distinguen mejor sombras y contrastes.
Respecto al olfato, destacó que es más desarrollado que en los humanos y fundamental para el reconocimiento entre madre y cría. En cuanto al gusto, las vacas identifican sabores amargo, dulce, salado y agrio, y cuentan con entre 20.000 y 25.000 papilas gustativas.
El oído también presenta alta sensibilidad. Con orejas móviles, pueden localizar sonidos con precisión y percibir frecuencias más altas. “No hace falta que levantemos la voz o gritemos; evitemos además usar perros porque el ladrido afecta muchísimo al bovino”, advirtió.
Dolor y señales de alerta en el comportamiento
Ebinger explicó que los bovinos tienden a ocultar el dolor como mecanismo de defensa. Sin embargo, pueden detectarse signos fisiológicos y conductuales como aislamiento, agresividad, rechinar de dientes o posturas anormales.
También mencionó cambios sutiles en la expresión facial, como tensión muscular o posición de las orejas hacia atrás. Estos indicadores permiten identificar situaciones de malestar y actuar en consecuencia.
Finalmente, sostuvo que comprender la percepción sensorial del bovino es clave para optimizar su manejo: “En definitiva, esto va a aumentar la producción y la rentabilidad”, concluyó.
La Nación (Argentina) / GDA.
*Este contenido fue escrito con la asistencia de una inteligencia artificial, basado en información de La Nación (GDA), y contó con la revisión de la periodista y un editor.



